Vida y estilo

“Los peores monstruos son los que aparentan ser buena gente”

Coronado por la crítica como el rey de la novela negra estatal, Santiago Díaz recupera al inspector Jotadé en una historia con con ecos del caso del monstruo de Amstetten
Santiago Díaz acaba de publicar ‘El amo’. / Miguel Acera

Confiesa que, cuando dio el salto a la novela, le lastraba su pasado como guionista. O, al menos, que los demás se lo recordaran constantemente. Hoy, sin embargo, Santiago Díaz (Madrid, 1971) reivindica la televisión como la escuela en la que se curtió y que le ha permitido firmar éxitos de ventas como la saga de Indira Ramos o la protagonizada por el inspector Jotadé. En El amo (Alfaguara, 2026), la segunda entrega de esta última, sitúa al deslenguado policía caló al frente de una investigación con ecos del caso del monstruo de Amstetten.

¿Qué tiene el inspector Jotadé como para dedicarle ya no una novela, sino una saga entera? La tercera entrega está prevista para marzo de 2027.

Estoy en plena escritura, sí. Jotadé es un tipo muy carismático y creo que tiene algo que ha gustado mucho: es alguien que lo hace todo mal, pero por quien sentimos empatía, porque lo hace desde el corazón. Y nos genera ciertos dilemas morales: objetivamente, sabemos que está haciendo las cosas mal y, sin embargo, en su lugar haríamos lo mismo.

Es el icónico policía gitano del panorama negrocriminal y aparece por primera vez en su anterior trilogía. ¿Cómo surge este personaje y qué le interesaba explorar a través de él?

Busco que mis personajes no encuentren problemas allá donde van, sino que sean un problema en sí mismo. En la anterior trilogía teníamos a Indira, quien tenía un TOC, por lo que nadie la tomaba en serio. Y me funcionó muy bien. Explorando un personaje que pudiese tener su misma fuerza, empecé a pensar en Jotadé. Además, yo ya he escrito una serie sobre el mundo gitano y siempre me han atraído muchísimo las grandes diferencias que existen entre su sociedad y la nuestra. Me planteé la posibilidad de introducir en la trama a un policía gitano. Es alguien marginado que no encaja en ninguna parte: en la comisaría, es el gitano; entre los suyos, el policía. Él es el problema en sí mismo. También aporta humor por su manera de hablar, sus chascarrillos… Te provoca la risa en momentos en los que quizá no deberías.

¿Ya ha agotado todas las posibilidades de la inspectora Indira o, simplemente, necesitaba cambiar de perspectiva?

Soy de la opinión de que los personajes deben tener una evolución y de que no tiene sentido explotarlos más cuando ya se han agotado todas sus posibilidades. Yo tenía claro que Indira sólo tenía tres entregas. Con esos tres tomos, podía contar su vida y continuar con ella suponía regresar a cosas superadas. Entonces, necesitaba un relevo, porque su universo sí continuaba vivo. Y ese relevo es Jotadé.

Me ha hablado de sus similitudes, ¿pero en qué se diferencian Indira y Jotadé?

Jotadé no evoluciona de la misma manera que Indira. Puede cambiar su estatus; es decir, puede pasar de subinspector a inspector o incluso dejar la Policía. Puede tener un hijo, estar separado, dejar de estarlo o tener dos hijos, lo que quieras. Pero, en esencia, va a seguir siendo el mismo: alguien malhablado, irreverente, que no cumple las normas y con ese humor negro que aflora en determinados momentos. Entonces, Jotadé sí podría tener un poco más de recorrido que Indira, pero tampoco me apetece abusar y hacer entregas infinitas. También tiene fecha de caducidad.

En esta ocasión se enfrenta a un caso turbio, que involucra a madres asesinadas justo después de parir. ¿Por qué esta historia y por qué ahora?

Yo quería retratar esos dos tipos de psicópatas que existen y están diagnosticados: el psicópata desalmado, que actúa con un objetivo, aunque tú y yo no lo comprendamos, y otro cuyo único objetivo es hacer el mal. Quería reflejar esa diferencia. ¿Y qué mejor trama para retratar a alguien así que la de una persona que secuestra a chicas y las deja embarazadas? Porque también es alguien a quien le gusta ejercer el dominio y el control sobre los demás; de ahí también el título, El amo. Es una persona que, por sí misma, no es capaz de relacionarse ni de tener hijos de la manera tradicional, porque carece de las habilidades sociales necesarias para ello.

¿Le ha influido de alguna manera el creciente debate social en torno a cuestiones como violencia vicaria o violencias obstétricas? A veces, la ficción es producto vicario de la realidad. 

Puede ser… La novela no está directamente inspirada en el caso del monstruo de Amstetten, pero sí guarda ciertas similitudes. Él secuestró a una joven, la agredió sexualmente y tuvo siete hijos con ella. Me horrorizó todo lo que implicaba esa situación y el hecho de que nadie a su alrededor se diera cuenta de lo que estaba ocurriendo. Los peores monstruos son los que aparentan ser buena gente: buenos vecinos, buenos amigos. Y yo quería retratar precisamente a ese tipo de personas.

El ritmo es infernal desde la primerísima página. ¿Hasta qué punto sigue escribiendo como un guionista cuando se sienta a escribir una novela?

Escribo novelas con las herramientas que tengo y soy muy consciente de ello. No puedo negar mi pasado como guionista. Todo lo que he aprendido lo he aprendido en la tele y, al principio de mi carrera en la novela, cuando me decían que se notaba que era guionista, me lo tomaba como un desprecio. Incluso me avergonzaba, me empequeñecía. Pero ahora me lo tomo como un halago. Si ser guionista significa que mis novelas tengan ritmo y que la gente se lo pase bien, es gracias a todo lo aprendido en la televisión.

¿Y cómo pasa uno de escribir guiones para Aquí No Hay Quién Viva o Yo Soy Bea a la novela negra? ¿Dejó de encontrar satisfacción en el humor? ¿Se ahogaba con tanta risa?

En Aquí no hay quien viva han pasado ya un montón de años. Después he pasado por series de todo tipo: Yo soy Bea, que también tenía humor; El secreto de Puente Viejo, que era un drama de época centrado en una partera... Creo que los guionistas tenemos la suerte de tocar muchos géneros diferentes y, al final, aprendes de todos. Cuando te enfrentas a una novela eres capaz de mezclar drama, horror, thriller y también humor, porque has ido adquiriendo herramientas de cada uno de esos géneros. Esa es, para mí, una de las grandes virtudes de los guionistas.

¿Y dónde se siente más cómodo?

Me siento más cómodo escribiendo thriller o incluso novela histórica que escribiendo humor o drama. Es donde mejor me muevo y también lo que más me gusta leer, aunque no reniego de mi pasado.

12/09/2026