Actualizado hace 10 minutos
Una combinación letal dispara las cifras de ahogamientos en el Estado, las "muertes silenciosas" que ocurren cada verano: las olas de calor, cada vez más tempranas e intensas, que adelantan la temporada de baño, y una sensación de falsa seguridad que multiplica las imprudencias y temeridades en el agua.
En el primer semestre de 2026 en España han fallecido un total de 217 personas en espacios acuáticos, según el Informe Nacional de Ahogamientos (INA), elaborado por la Real Federación Española de Salvamento y Socorrismo (RFESS), y que recoge 92 casos en junio, la cifra más alta de la serie histórica.
Con motivo del Día Internacional para la Prevención de los Ahogamientos, expertos consultados por EFE llaman a incrementar la prudencia en los meses de verano a la hora de lanzarse al agua en mares, ríos, pantanos o piscinas.
El mar: playas vigiladas y nadar en paralelo a la costa
Las playas concentran el mayor número de ahogados en lo que va de año en España con 88, según las cifras recogidas por el INA, por encima de piscinas o ríos (47).
El responsable del dispositivo en playas de Cruz Roja Española, Miguel Ángel Sánchez Arrocha, explica que la mayoría de estos ahogamientos se dan por "descuidos, falta de precaución, retar a la naturaleza o no medir las fuerzas".
Como medida preventiva, Arrocha recomienda elegir una playa vigilada, con equipos de salvamento, así como tener "conocimiento del entorno" y consultar dudas a los socorristas tales como el significado de las banderas.
"Ante síntomas como calambres, escalofríos o cansancio hay que salir inmediatamente del agua y no esperar a que se pase de manera natural. Hay personas que nadan hacia el horizonte, lo que es un peligro. Hay que hacerlo en paralelo a la orilla. Y hacer caso a los socorristas", sostiene.
Los pantanos y ríos: menor flotabilidad en agua dulce
Con 14 kilómetros de costa y dos playas habilitadas para el baño, el pantano de San Juan es lo más parecido a un mar que tiene la Comunidad de Madrid y un punto habitual de ocio en los meses de verano.
Felipe Lordén es técnico en Emergencias Sanitarias del SUMMA 112 de la Comunidad de Madrid y forma parte del equipo desplegado en este embalse en verano, que integran otros seis socorristas, una enfermera de Emergencias y un coordinador.
Lordén recuerda que el agua dulce de ríos y pantanos reduce la flotabilidad de los cuerpos, a diferencia del agua salada, que la aumenta, lo que "dificulta mucho más el rescate" y reduce el ritmo de nado.
Las aguas turbias del pantano son otro hándicap, ya que basta que un ahogado se hunda unos centímetros para que desaparezca la visibilidad. "La trayectoria tampoco es vertical hacia el fondo por las corrientes internas, por lo que, o se sumerge y se visualiza inmediatamente o será difícil rescatarlo", agrega.
El perfil de ahogados en este medio difiere del de las playas: aunque también predominan los varones, las edades van de los 20 a los 50 años, un "fiel reflejo de la imprudencia y la osadía" que invade estos espacios de baño en épocas de verano.
La gran mayoría de los ahogamientos se concentran entre las 15 y las 16 horas, coincidiendo con las horas de más sol y calor, y cuando "las comidas copiosas y un consumo de alcohol dilatado en el tiempo" merman las capacidades de reacción.
Las piscinas: la falsa seguridad de un entorno reducido
A diferencia del mar y los pantanos, el perfil de los ahogados en las piscinas se sitúa en niños y ancianos: "Al ver una lámina de agua más pequeña pensamos que está más controlada, pero no es así", subraya Sánchez Arrocha.
Lordén, por su parte, indica que las piscinas también deben contar con una vigilancia activa, ya sean públicas o privadas, y cercar estas últimas para evitar que los menores accedan a ellas libremente, que siempre se bañen bajo la supervisión de un adulto y que los elementos de flotabilidad estén fuera del agua cuando no se usan para evitar dar una falsa sensación de seguridad.
"El niño es un ahogado silencioso, porque no va a dar señales de víctima activa aunque esté apurado, porque tendrá la boca cerrada para evitar que le entre agua", agrega.
En el caso de los mayores, Lordén aconseja una entrada progresiva en el agua, mojándose primero las muñecas, el cuello, las axilas y la tripa, así como estar atentos a "cualquier circunstancia que limite la capacidad de nado".
Las maniobras de reanimación, claves para evitar muertes
En el momento en el que se produce un ahogamiento en un medio acuático, los servicios sanitarios inician una carrera contrarreloj contra la hipoxia, la falta de oxígeno en un cuerpo que afecta principalmente a cerebro y corazón.
Por ello, lo primero que hace el SUMMA 112 cuando recibe un aviso por un ahogado es valorar el estado de la víctima, y si está en parada cardiorrespiratoria, dar indicaciones por teléfono para iniciar las maniobras de reanimación, una primera intervención que es "fundamental para aumentar la supervivencia de una víctima" en parada y que luego asumen los profesionales a su llegada, como explica Ester Armela, médico de emergencias y jefa de guardia del SUMMA 112.
En lo que va de año, el SUMMA 112 ha realizado un total de 27 intervenciones por ahogamientos en piscinas y zonas naturales, superando el total del año pasado, que se situó en 24. Armela señala que es frecuente que los ahogamientos vayan precedidos de otro problema sanitario del que no han podido avisar desde el agua, como infartos o ictus. Por ello, esta médico de emergencias insiste en evitar la exposición al sol en las horas centrales del día: "El agua la usamos para refrescarnos, y este contraste puede provocar una reacción en el organismo que conduzca a un mareo o a síntomas mayores".