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Elevar el tamaño medio de las empresas vascas, fomentando la transición de pequeñas –entre 10 y 50 trabajadores– a medianas –de 50 a 250 empleados– es una de las intenciones de todo el entramado económico vasco, pero no resulta una tarea sencilla. Las compañías pueden crecer a través del denominado crecimiento orgánico, que supone aumentar la dimensión del negocio con los recursos propios disponibles, o bien a través del inorgánico, en el que se eleva el tamaño de la empresa mediante fusiones y adquisiciones basadas en el uso de de los recursos disponibles más el capital dirigido desde el exterior.
Una de las empresas vascas que ha acometido recientemente con éxito una expansión ha sido la histórica Electro Alavesa, que a finales del pasado año anunció su integración con Cottés, con sede central en Valencia, para formar el Grupo Attlon. La ingeniera tecnológica vasca, especializada en soluciones de seguridad y surgida en 1982, se enfrentaba al reto de garantizar su relevo en la dirección y, al mismo tiempo, asegurar sus vías de negocio en un entorno de fuerte competencia y su alianza con Cottés, que está consolidada como una compañía referente en instalaciones de seguridad contra incendios, le dará esa capacidad. Sus ejes de trabajo se combinan, de forma que la complementariedad de sus negocios aparece como una senda de consolidación. “Esta operación estratégica marca el inicio de un proyecto de consolidación en los mercados de la protección contra incendios y seguridad. Attlon buscará activamente nuevas oportunidades de crecimiento para fortalecer su posicionamiento y ampliar su cartera de soluciones y servicios”, ha señalado el fondo Henko Partners, que ha dado respaldo financiero a la operación.
Leire Fernández de Alaiza es la directora general de una empresa decana en el campo de la ingeniería de seguridad en Euskadi. Fundada en 1982, cuenta con una facturación de alrededor de 2,5 millones, que espera elevar hasta cerca de 40 millones con la integración en el Grupo Attlon. Está especializada en la protección integral de personas, empresas y comercios a través de soluciones tecnológicas avanzadas en áreas como intrusión, control de accesos, circuitos cerrados de televisión y protección contra incendios. Cuenta con cerca de una treintena de trabajadores, pero la unión con Cottés dará lugar a una firma con más de 100.
¿Qué importancia tiene para Electro Alavesa el hecho de que va a continuar arraigada en Araba?
—Cuando se inicia el proceso de búsqueda de socios para crecer, la permanencia en Gasteiz de la capacidad y del centro de decisión es una de las premisas. .Nosotros queremos mantenerlo aquí y crecer desde aquí al resto del Estado. Esta es una de las cosas que hemos tenido claras desde el principio. Para mí, es muy importante que no se pierda el arraigo con el territorio, porque es parte de la esencia de Electro Alavesa. Somos lo que somos porque hemos nacido y crecido aquí. Yo viajo ahora mucho a Madrid por cuestiones profesionales, y creo que la forma de hacer negocios que hay allí es diferente a la que tenemos en Euskadi, donde creo que hay una mayor vertiente humanista en las empresas y un enfoque distinto a la hora de gestionar asuntos así.
¿Cómo se toma la decisión de formar una alianza con Cottés?
—En nuestra empresa confluían tres familias diferentes, y dos de los socios aspiraban a la jubilación pero no tenían relevo. El tercer socio es mi padre, que fue el socio fundador. Yo llevaba veinte años trabajando en la empresa, así que teníamos claro que por nuestra línea de sucesión iba a haber una continuidad en mi figura. Un porcentaje de la participación de estos dos socios lo adquiere el fondo Henko Partners. Estos dos socios fueron muy generosos y dejaron en mis manos el proceso de venta. Tuvimos contactos con varios fondos, pero Henko Partners nos gustó porque tenían en mente crear un grupo empresarial nuevo y no integrarnos en uno que ya existiera. Fue algo atractivo porque realmente nos daba la oportunidad de continuar con lo que veníamos. No nos subíamos a un tren de marcha, sino que quedaba en nuestras manos el poner ese tren en marcha. Dentro de todo este proceso de integración, en abril Electro Alavesa adquirió SVC, una firma de seguridad de Gasteiz. Entre las dos contamos ahora con 9.000 clientes. No solo hemos reforzado la plantilla, sino que se ha mantenido el proyecto de ambas empresas.
¿Cuáles han sido las principales dificultades a las que se han enfrentado en esta expansión?
—Ante todo, el desconocimiento. Uno de los errores que se suelen cometer es que las empresas tienen una visión cortoplacista de su propia trayectoria. Muchas veces, cuando se crea una empresa, no se piensa en qué va a ocurrir cuando el promotor de la misma o el empresario se marche, que es algo que va a ocurrir y que muchas veces no se tiene en cuenta a la hora de abordar las estrategias de futuro. Existe un desconocimiento de qué hacer cuando llega este momento, porque no sabes a dónde acudir, ni quien te puede ayudar o qué opciones de venta pueden existir. Empiezas a consultar opciones de fondos locales, internacionales... Por eso creo que es positivo que cuando se elabore el plan estratégico de una empresa se aborde qué va a pasar cuando se produzca la jubilación del empresario. En el caso de Electro Alavesa, a la hora de la negociación con el fondo de inversión, hubo una cosa muy positiva, y es que el fondo sabía que el relevo de mi padre en la empresa iba a ser yo. Ellos sabían que yo iba a continuar pasase lo que pasase. También es importante mantener una política de transparencia con todas las partes y comunicar qué queríamos hacer.
¿Cuál es la recomendación más importante que daría a las empresas que estén interesadas en acometer un proceso así?
—El primer consejo que les daría es que no se dejen llevar por el pánico. Cuando te ves en una situación así, a veces parece que estás ante un precipicio y tienes que tomar una decisión rápida. En ese sentido, lo primero que hay que hacer es sentarse, estar tranquilos y analizar la situación concreta. Lo mejor es reflexionar con la cabeza: qué proyecto hemos desarrollado durante años, a donde hemos llegado y qué es lo que queremos conseguir en el futuro. Es decir, que cuando se mire con retrospectiva, se pueda sentir uno orgulloso de la trayectoria de la empresa y de que ha estado en coherencia con los valores que se tienen como empresario.
¿Qué previsiones de crecimiento manejan con la nueva expansión?
—No me quiero aventurar mucho, porque la aventura empresarial como Grupo Attlon comenzó apenas en noviembre del año pasado. Estamos despegando, pero es probable que este años estemos cerca de obtener unos 40 millones de euros de facturación total como grupo. Creo que son unos datos importantes que respaldan nuestra apuesta y el paso adelante que hemos dado.