El pasado mes de abril, el servicio de streaming musical Deezer cifró en un 44% la cantidad de pistas que, generadas por IA, se incorporaba a su plataforma. Tres meses después, ese porcentaje se había incrementado en seis puntos hasta alcanzar el 50%. Resumido en otras cifras, si hace un año eran 10.000 las canciones totalmente generadas por IA que recibía, en abril la cifra se acercaba a las 75.000 y el pasado julio ya eran 90.000.
Estos datos son el reflejo de la creciente aplicación de la IA generativa a la creación musical, con sus consiguientes implicaciones, por ejemplo desde el punto de vista ético, además de sus potencialidades. Porque la inteligencia artificial puede automatizar la producción musical pero también introduce cambios en los conceptos de creación y autoría musical. Podríamos preguntarnos si la IA puede hacer música por sí misma sustituyendo al músico persona, si la IA es un instrumento musical más o, evidentemente, quién es el autor de una canción que ha sido generada con IA. Si quien escribe el prompt o si es quien aporta la melodía para la letra resultante.
La IA generativa parece haber llegado a la música para quedarse.
Ante este fenómeno creciente, se multiplican los trabajos que tratan de situarlo en su justa medida. La SGAE (Sociedad General de Autores y Editores) impulsó hace menos de un año el estudio El impacto económico y social de la inteligencia artificial en la creación musical y sus efectos en otros ámbitos de la cultura, que recogió diversas conclusiones.
Por ejemplo, que un 34% de los creadores encuestados ya habían utilizado la IA en algún momento y, sobre todo, en tres áreas: la composición, la producción y la promoción musical. Entre los casi 1.300 preguntados se expresaba, en un 26%, la preocupación por el reemplazo progresivo de la actividad humana por las máquinas y en un 36% el temor a verse desplazado del mercado musical en caso de no usar la IA. Este trabajo no se olvidó de cuantificar el impacto económico que todo esto puede llegar a tener y concluyó que la IA podría reducir hasta un 28% los ingresos por derechos de autor dentro de un par de años.
El investigador catalán en inteligencia artificial Jordi Pons, participante en 2025 en el estudio Música e inteligencia artificial: tendencias artísticas y en una entrevista en La Vanguardia afirmaba que “muchos artistas ya saben hacer música y no buscan que una IA la cree por ellos. Lo que buscan es explorar esta tecnología como una herramienta nueva, no solo para crear música sino para reflexionar sobre la sociedad, la tecnología y la cultura”.
También en 2025 se publicó el estudio Hacia una música con IA responsable: una investigación de características confiables para sistemas creativos, en el que se hacía constar que “el auge de la música con IA plantea profundas preocupaciones éticas, especialmente cuando el acceso a los sistemas generativos y la explotación del contenido se comercializan. La IA generativa depende del trabajo creativo de los artistas para su éxito, pero actualmente no ofrece compensación alguna por sus contribuciones implícitas de datos”.
Industria y plataformas actúan
Ante este panorama tan rápidamente cambiante, son muchas voces las que reclaman que se defina de forma clara cómo se podría compensar a los autores y hacer que todo fuera más transparente.
Tanto la industria como las plataformas de streaming ya están tomando medidas. Entidades como la Federación Internacional de la Industria Fonográfica, The Grammys y el sindicato SAG-AFTRA (que agrupa a aproximadamente 160.000 profesionales del entretenimiento en EEUU), entre otros, han creado un sistema de etiquetado para identificar la participación que haya tenido la IA en creaciones sonoras.
Por una parte, una grabación llevará la etiqueta Generada por IA cuando esta haya creado la totalidad o una mayor parte de elementos como la voz o la instrumentación principal. Mientras que la etiqueta Asistida por IA será aplicada a aquellas grabaciones creadas por personas en las que la inteligencia artificial se haya empleado únicamente para algunos elementos expresivos mientras que los principales sean resultado de la labor humana.
Esta iniciativa aclara que “por el momento, el sistema no cubre el uso de IA generativa en letras, composiciones, videoclips ni portadas” y que está pensado para que sea empleado por las plataformas musicales de streaming, distribuidoras y otros actores de la industria.
Una persona escuchando música, en una imagen de archivo.
Otra iniciativa, la más reciente, corre a cargo de una plataforma tan conocida y empleada como Spotify, que ha anunciado que, a partir de mediados de septiembre, marcará con la etiqueta AI Persona a los artistas cuya identidad haya sido generada con IA en la plataforma y los excluirá del algoritmo de sus recomendaciones. “Los oyentes nos han dejado claro que no les gusta encontrarse con un perfil de artista que parece una persona real y descubrir después que esa identidad es, en realidad, generada por IA”.