Actualizado hace 10 minutos
Resumir un informe, ordenar una base de datos, preparar una presentación, redactar un primer borrador o atender las consultas más sencillas. Durante décadas, estas tareas han recaído en becarios, recién titulados y trabajadores que daban sus primeros pasos dentro de una empresa. No eran las funciones más complejas ni las mejor remuneradas, pero servían para aprender un oficio, demostrar capacidades y acumular la experiencia que después exigirían los siguientes empleos. Ahora se encuentran también entre las actividades que la inteligencia artificial generativa puede realizar en cuestión de segundos.
El riesgo no consiste únicamente en que desaparezcan determinados puestos, sino en que se estreche la puerta de entrada al mercado laboral. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) calcula que 5,6 millones de jóvenes ocupados se encuentran en empleos con una exposición elevada a la automatización mediante inteligencia artificial, principalmente en los países de renta alta.
La advertencia llega cuando acceder al primer trabajo continúa siendo especialmente difícil: la tasa de paro entre los jóvenes de 16 a 24 años alcanzó el 15,2 % en Euskadi durante el segundo trimestre de 2026, más del doble que el 6,9 % registrado entre el conjunto de la población activa.
Los empleos más expuestos
El informe "Tendencias Mundiales del Empleo Juvenil 2026", publicado por la OIT el 11 de agosto, identifica los puestos administrativos como los más vulnerables al avance de la inteligencia artificial generativa. Secretarios, recepcionistas, auxiliares contables, empleados de nóminas y trabajadores de apoyo empresarial desempeñan numerosas funciones rutinarias, digitalizadas y fáciles de reproducir mediante estas herramientas.
La exposición se extiende también a determinados empleos de los medios de comunicación, las finanzas y el desarrollo de software. La capacidad de los nuevos sistemas para producir textos, interpretar documentos, analizar información o generar código ha ampliado su alcance hacia ocupaciones que hasta hace pocos años parecían protegidas por exigir formación especializada.
Estar expuesto no significa, sin embargo, que un puesto vaya a desaparecer. La OIT considera más probable que la inteligencia artificial transforme los empleos y redistribuya sus tareas a que los sustituya por completo, ya que la mayoría sigue requiriendo supervisión, criterio profesional o contacto humano. El problema para los jóvenes aparece cuando las funciones automatizadas coinciden con aquellas que las empresas asignaban tradicionalmente a quienes acababan de incorporarse.
Una puerta de entrada más estrecha
Los últimos datos de Eustat muestran un empeoramiento del empleo juvenil en Euskadi. La tasa de paro entre las personas de 16 a 24 años pasó del 12,5 % en el primer trimestre de 2026 al 15,2 % en el segundo. Un año antes se situaba en el 12,2 %, por lo que el incremento interanual alcanza los tres puntos.
La diferencia con el resto de los trabajadores es considerable. Mientras el desempleo juvenil supera el 15 %, la tasa se reduce al 8,1 % entre las personas de 25 a 44 años y al 4,9 % a partir de los 45. Solo el 29,4 % de la población vasca de 16 a 24 años se encuentra ocupada, aunque en este porcentaje influye también que una parte importante de ese grupo continúa estudiando y todavía no se ha incorporado al mercado laboral.
La llegada de la inteligencia artificial añade así una nueva dificultad a una etapa marcada por las prácticas, los contratos temporales y la exigencia de experiencia previa. Los jóvenes no solo tienen que competir entre ellos por los puestos disponibles, sino demostrar qué pueden aportar frente a herramientas capaces de asumir en segundos algunas de las tareas que antes justificaban su incorporación a los equipos.
El perfil júnior también cambia
Las ofertas publicadas en Bizkaia, Gipuzkoa y Araba muestran que las empresas continúan buscando recién titulados, especialmente en las áreas tecnológicas, industriales y de consultoría. Distintas compañías mantienen en los tres territorios procesos para incorporar perfiles júnior sin experiencia y jóvenes que terminarán sus estudios este curso.
Las funciones ya reflejan, sin embargo, una transformación del primer empleo. Las compañías buscan jóvenes capaces de participar en proyectos de inteligencia artificial, automatización, analítica avanzada, servicios en la nube o ciberseguridad. Las tareas puramente mecánicas pierden peso frente a la capacidad de analizar procesos, utilizar nuevas herramientas, detectar problemas y trabajar con equipos técnicos y de negocio.
La paradoja aparece en los puestos especializados en inteligencia artificial. Varias ofertas publicadas en Euskadi solicitan perfiles con cuatro o cinco años de experiencia en modelos generativos, procesamiento del lenguaje o automatización, pese a tratarse de tecnologías cuya implantación masiva es reciente. La formación abre nuevas oportunidades, pero el mercado vuelve a exigir una experiencia que los trabajadores más jóvenes todavía no han tenido tiempo de adquirir.
Aprender a trabajar junto a la máquina
Al asumir una parte de las tareas rutinarias, la inteligencia artificial puede liberar tiempo para el análisis, la creatividad, la resolución de problemas o el contacto con clientes y compañeros. El cambio obliga, sin embargo, a redefinir las funciones de quienes comienzan y las competencias que necesitarán para avanzar dentro de una empresa.
Saber utilizar estas herramientas será importante, pero no suficiente. A medida que la inteligencia artificial produce textos, código o análisis con mayor rapidez, aumenta el valor de capacidades como detectar errores, contrastar resultados, comprender el contexto y asumir la responsabilidad sobre las decisiones. El conocimiento técnico deberá convivir con el pensamiento crítico, la comunicación y el criterio profesional.
El reto será garantizar que esa transformación no elimine también el periodo de aprendizaje. Si una máquina prepara el primer borrador, clasifica los datos y resuelve las consultas sencillas, las empresas tendrán que encontrar nuevas formas de enseñar el oficio a quienes llegan. De lo contrario, los jóvenes volverán a encontrarse con la misma contradicción de siempre, pero reforzada por la tecnología: necesitarán experiencia para conseguir un empleo y un empleo para poder adquirirla.