Teruel Existe, movimiento promovido a finales del pasado siglo por los vecinos y el pueblo, nació para dar visibilidad a una de las regiones más despobladas de Europa. Sin adscripción política, logró un escaño en el Congreso español entre 1999 y 2023.
No volvieron a repetir ese éxito, pero la bandera de su lucha por la dignidad de la tierra continúa izada, aunque no disponen de aquel poderoso foco. A Teruel le concedió varios planos de protagonismo el Bienvenido Míster Marshall que es en ocasiones la Vuelta.
En Valdelinares, en las alturas de la estación de esquí, deporte nacional de Noruega, Andreas Leknessund, un hombre venido del frío, noruego, hizo cumbre con una carrera de fondo como si se tratara de Johannes Klaebo, el dominador del esquí de fondo. El Pogacar de la nieve.
Leknessund palpitó su mejor victoria. La primera en una grande tras 144 kilómetros de fuga. Una gesta. Una hazaña. Un logro que le llenó los ojos de lágrimas, un redoble en el corazón y que le colocó una corbata de emoción en la garganta.
Su voz, trenzada por la felicidad de los momentos únicos, sirvió para homenajear al rey Harald de Noruega. El Uno-X guardó un minuto de silencio antes de la salida en su memoria.
El Uno-X realizó un minuto de silencio en recuerdo de rey Harald de Noruega.
En meta, Leknessund le dedicó la victoria. Un pequeño gesto. Johannessen, su compatriota y amigo, le acompañó en el duelo. Fue segundo. El Uno-X, el equipo noruego, rendía honores a su monarca. El de la Vuelta es Pogacar, que honra su propia figura, como si el hombre y el personaje estuvieran disociados.
Ataque del líder
Molesto, incómodo, peleado tal vez porque en El Bartolo Enric Mas le pudo seguir, el esloveno danzó los pedales en un movimiento populista e innecesario. Un mensaje inequívoco para los demás.
Con ese aspaviento, Pogacar logró unos segundos sobre Felix Gall, el primero en asomar entre los favoritos en Valdelinares, y 16 sobre Enric Mas, que trató de seguir a ambos. El líder no encajó demasiado bien el ataque de Gall y la agitación del Decathlon.
Llegada de Pogacar a meta.
Reaccionó y abrió un rasguño de tiempo al astriaco y a Mas. Roglic, Onley y Kuss entregaron una docena de segundos respecto al mallorquín. Con Pogacar en su propia dimensión, el esloveno aventaja en 3:50 a Mas en la general. Por detrás, Roglic, 4:50, Gall, a 5:01, Kuss, a 6:05 y Onley, a 6:06.
Las bicis llenaron por unas horas la España vaciada como un alegre y floreciente jardín en movimiento. Los colores de los maillots, la algarabía propia de la caravana, del circo ambulante que es el ciclismo, pintó los parajes de esa dicha y felicidad que provocan los espectáculos aunque sean de paso. Probablemente eso les conceda más valor. El placer de lo único, esquivo y fugaz.
La carrera, mutante, lo mismo se acurruca con la salida acomodada de Mónaco, con sus yates, la alfombra roja, el Casino de Monte Carlo, el glamour, el derroche, la riqueza y el circuito de la Fórmula-1, que unos días después se mece en un paraje opuesto, donde faltan habitantes porque el futuro es escaso y no sobran los recursos. Teruel, en su honradez, representa la otra cara a la opulencia monegasca.
Vuelta 2026
Séptima etapa
1. Andreas Leknessund (Uno-X) 3h49:47
2. Tobias H. Johannessen (Uno-X) a 34’’
3. Wout van Aert (Visma) a 47’’
4. Jakob Omrzel (Bahrain) a 58’’
5. Juan Rodríguez (Astana) a 1:13
32. Pello Bilbao (Bahrain) a 5:45
97. Mikel Landa (Soudal) a 19:59
127. Iñigo Elosegui (Kern Pharma) a 22:48
130. Urko Berrade (Kern Pharma) m.t.
131. Ibon Ruiz (Kern Pharma) m.t.
136. Xabier Mikel Azparren (Q 36.5) m.t.
143. Diego Uriarte (Kern Pharma) a 23:11
General
1. Tadej Pogacar (UAE) 19h32:37
2. Enric Mas (Movistar) a 3:50
3. Primoz Roglic (Red Bull) a 4:50
4. Felix Gall (Decathlon) a 5:01
5. Sepp Kuss (Visma) a 6:05
30. Pello Bilbao (Bahrain) a 33:52
31. Ibon Ruiz (Kern Pharma) a 34:35
48. Mikel Landa (Soudal) a 40:37
52. Urko Berrade (Kern Pharma) a 41:43
97. Xabier Mikel Azparren (Q 36.5) a 1h00:57
156. Iñigo Elosegui (Kern Pharma) a 1h23:56
166. Diego Uriarte (Kern Pharma) a 1h29:24
Mónaco y Teruel se unen a través del tejido rojo de la Vuelta, cuyo hilo conductor es Pogacar, el mejor reclamo posible. El neón rojo que irradia luz en una noche sin luna. Teruel ofreció el belvedere del séptimo día de competición desde el mástil de Aramón Valdelinares, el final picudo, 9,8 kilómetros al 5,9% de desnivel.
Antes de asomarse a la estación de esquí, que en agosto es un lugar donde lucen los bosques de pinos negros, sin recuerdo de la nieve blanca del invierno, en el tomavistas destacaban cinco ascensiones desde la salida en Vall d’Alba, Castelló. Puerto El Remolcador, Alto de Zucaina, Puerto de Fuente de Rubielos y Puerto de San Rafael hasta descollar en la subida decisiva.
Triunfo desde la fuga
Amainados los ecos del sterrato de El Bartolo, del chispazo de Enric Mas para igualarse con Pogacar en una actuación admirable, el líder desestimó la opción de una nueva victoria, acumula tres, y testimonió la esperanza verde de una fuga nacida para correr y jugarse el jornal del triunfo desde que nació el día. Van Aert, Dunbar, Lutsenko, Leknessund y Johannessen, que comparten equipo, se perfilaron con esa idea.
Pello Bilbao lidera la fuga.
Por detrás les rastreaba un grupo con una veintena de dorsales, entre ellos Pello Bilbao. Se aproximaron al minuto, pero se quedaron en el alero, colgados en una isla que hacía puente entre los huidos que se habían adelantado y el pelotón.
Tierra de nadie. Como Teruel. En el Puerto de San Rafael, el peldaño precedente al asalto de Valdelinares, los rastreadores del quinteto pedaleaban en el aire. Ninguno inquietaba la Pax Romana administrada por Pogacar, el emperador de la carrera.
El esloveno desconectó y concedió fiesta a sus muchachos. Enclavada en la sierra de Gúdar, en la llegada a Valdelinares se recordaba la victoria en 2005 de Roberto Heras y la de Winner Anacona en 2014. Entonces, Lutsenko tuvo que ceder ante el colombiano.
El kazajo quería otra oportunidad. Tenía memorizado el final. El recuerdo es el mejor GPS. Leknessund, un gigante, 1,86 metros, ajeno a esas sensaciones, quiso arrancárselo de cuajo. El noruego era la primera bala del Uno-X, que contaba en la recámara con Johannessen. No la necesitó. Hizo diana con el primer disparo. Se desprendió Dunbar, sin aliento en las rampas más hostiles.
A Van Aert y Lutsenko tampoco les sobraba energía. El kazajo se deshilachó. El belga, que no tiende a la dimisión, corajudo, se empeñó. Colgado de él, la mochila Johannessen, que controlaba todo.
Leknessund abría la boca para encontrar oxígeno y ventilar el organismo, cerca del límite. Cabeceaba. Subía con una cruz a cuestas, una tonelada de fatiga en cada poro de su piel después de 144 kilómetros en fuga.
Palpaba cada palmo. La cremallera humana animaba a Leknessund en su último impulso a la gloria. Su compatriota zarandeó a Van Aert. Doblete. Felicidad compartida. Gloria y honor. La gran evasión de Leknessund.