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Polideportivo

Futbolistas sin salida: de Messi a Julián Alvarez

El delantero del Atlético de Madrid se suma a una larga lista de jugadores que intentaron forzar su salida y chocaron contra una directiva dispuesta a no dar su brazo a torcer
Leo Messi en la rueda de prensa de sus despedida del FC Barcelona.
Leo Messi en la rueda de prensa de sus despedida del FC Barcelona. / EP

Actualizado hace 5 minutos

El futuro de Julián Alvarez en el Atlético de Madrid sigue más abierto que nunca. El argentino se ha ausentado esta mañana del entrenamiento por tercer día consecutivo, oficialmente debido a una indisposición. Los pitos en el Metropolitano y las declaraciones de Gil Marín dando su palabra de que no lo venderá al Barça, unidos al deseo del ariete de recalar precisamente en el club azulgrana, dibujan una situación insostenible.

Sin embargo, este caso no es ninguna novedad en el mundo del fútbol. Multitud de jugadores han expresado pública o privadamente su deseo de embarcarse en otro proyecto, chocando frontalmente contra las intenciones de unos clubes que hicieron oídos sordos y les obligaron a permanecer en la entidad.

El burofax de Leo Messi

La primera de las historias tiene como protagonista precisamente al FC Barcelona. Leo Messi, el mejor jugador de la historia de la entidad, inició en agosto de 2020 uno de los finales más tristes que cualquier leyenda haya tenido.

Aunque los primeros indicios de ruptura surgieron a principios de julio, cuando el capitán azulgrana paralizó las negociaciones para renovar su contrato, fue el 24 de julio cuando comunicó directamente a Josep Maria Bartomeu, el entonces presidente azulgrana, su intención de marcharse.

El dirigente catalán insistió en su continuidad, pero la sonrojante derrota europea por 2-8 frente al Bayern de Múnich precipitó los acontecimientos. Messi veía que el Barça no tenía un proyecto ganador y quería aprovechar al máximo sus últimos años de carrera en equipos más potentes.

Una semana más tarde, el astro argentino se reunió con el nuevo técnico barcelonista, Ronald Koeman, para comunicarle que se veía más fuera que dentro del proyecto. De ahí a unos días fue cuando se produjo la mayor bomba del verano. El argentino envió el histórico burofax a las oficinas del club. El documento notificaba que se acogía a la cláusula liberatoria para romper su contrato de forma unilateral. Los asesores legales del futbolista argumentaban que el retraso del calendario provocado por la pandemia ampliaba el espíritu y la validez de la cláusula, formalmente caducada desde el 10 de junio.

La respuesta del FC Barcelona llegó mediante otro burofax oficial: la entidad rechazaba la salida alegando que el plazo legal había expirado. Bartomeu se cerró en banda, remitiéndose al pago íntegro de la cláusula de rescisión de 700 millones de euros, e incluso lanzó un órdago público para intentar desactivar la crisis: “Si soy el problema para que Messi siga, me aparto”, ofreciendo su dimisión a cambio de que el argentino rompiese su silencio y garantizase su continuidad.

En medio de toda esta crisis, LaLiga emitió un dictamen respaldando la postura del club catalán, confirmando que la cláusula económica seguía plenamente vigente.

Messi mantuvo el pulso ausentándose de las pruebas PCR obligatorias previas al inicio de la pretemporada y saltándose los primeros entrenamientos. Para intentar desatascar la situación, Jorge Messi, representante del jugador por aquel entonces, aterrizó en Barcelona el 1 de septiembre. Se reunió en la Ciutat Esportiva con Bartomeu y el directivo Javier Bordas, acompañado por su abogado. El presidente del Barcelona se negó a negociar cualquier traspaso y advirtió de que no había debate legal posible si no se depositaba el importe de la cláusula.

Ante la disyuntiva de pagar esa cifra inasumible para sus pretendientes (Manchester City y PSG) o llevar el caso a los tribunales, el '10' dio un paso atrás. Tras eso, el rosarino concedió una entrevista a Goal.com en la que explicó todo: "Le dije al club, sobre todo, al presidente, que me quería ir. Se lo llevo diciendo todo el año. Creía que era el momento de dar un paso al costado. Creía que el club necesitaba más gente joven, gente nueva y pensaba que se había terminado mi etapa en Barcelona sintiéndolo muchísimo porque siempre dije que quería acabar mi carrera aquí".

El club aguantó la presión, no vendió al jugador, y Leo tuvo que marcharse al año siguiente gratis tras la incapacidad de los catalanes de inscribir el nuevo contrato de su figura.

El culebrón Mbappé

Un año después del terremoto de Messi, el fútbol europeo vivió otro pulso entre club y jugador. A doce meses de expirar su contrato, Kylian Mbappé comunicó al Paris Saint-Germain su firme intención de abandonar la entidad. Su objetivo no era forzar una salida hostil, sino permitir que el club recibiera una gran inyección económica por su traspaso.

El club guardó silencio durante todo el verano, hasta que el jugador decidió hablar en la cadena RMC Sport. Allí confirmó su petición: "Pedí marcharme porque en el momento que no quería renovar, quería que el club tuviera una indemnización de traspaso para tener a un sustituto de calidad".

Kylian Mbappé en el partido de semifinales del Mundial 2026 frente a la selección española.

Kylian Mbappé en el partido de semifinales del Mundial 2026 frente a la selección española. EP

El atacante se mostró molesto con las filtraciones que apuntaban a que había avisado a última hora, desmintiendo haber presionado al final del mercado. "Dije que quería irme y lo dije bastante pronto. A mí, personalmente, no me gustó demasiado que dijeran 'viene la última semana de agosto', porque pareces un ladrón. Dije a finales de julio que quería irme", sentenció el francés.

Su voluntad chocó con la negativa de la directiva qatarí, que bloqueó cualquier venta. Mbappé, que siempre buscó un adiós amistoso, tuvo que aceptar la situación. "Quería que todo el mundo saliera beneficiado, que acabáramos dándonos la mano, que encontráramos un buen acuerdo y yo lo respeté. Les dije: 'si no queréis que me vaya, me quedo'", explicó.

La tensión interna llegó a tal punto que el PSG apartó a su director deportivo, Leonardo, de las negociaciones. "Escuché decir que rechacé seis o siete ofertas de renovación, que no quería hablar más con Leonardo, no es cierto. Me dijeron: 'Kylian, a partir de ahora hablas con el presidente'", reveló el delantero, confirmando que la cúpula del club intervino directamente para evitar su marcha.

"Me siento estafado por el club"

En este caso, el protagonista es el jugador polaco Robert Lewandowski. En el verano de 2013, tras alcanzar la final de la Champions League, el Borussia Dortmund vio cómo su gran referente entraba en su último año de contrato y quería marcharse al Bayern de Múnich, su gran rival.

Sin embargo, la directiva del Dortmund, que acababa de sufrir la dolorosa salida de Mario Götze precisamente al conjunto bávaro, decidió bloquear el traspaso. El director general, Hans-Joachim Watzke, prefirió retener al delantero polaco a la fuerza, asumiendo conscientemente que al año siguiente se marcharía totalmente gratis, antes que reforzar a su competidor directo en ese mercado.

La decisión indignó al jugador, que denunció la existencia de una promesa verbal incumplida para dejarle salir. En unas declaraciones al diario polaco Fakt, el delantero dio su punto de vista: "No oculto que me siento estafado. La gente del club me dijo una cosa y luego hicieron otra distinta a lo que habíamos acordado". Por su parte, la defensa oficial de la directiva del equipo amarillo se basó en asegurar que nunca habían recibido una oferta por escrito del Bayern, motivo por el cual no era posible iniciar ninguna negociación formal.

2026-08-28T11:56:26+02:00
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