Gipuzkoa

“La danza es libertad. Hay momentos en los que las palabras no bastan para explicar cómo te sientes, pero el cuerpo sí puede hacerlo”

El 9 de agosto (19.30 horas), el órgano Stoltz Frères de la parroquia de San Pedro de Bergara dialogará con el movimiento y la expresividad de la bailarina Olmar Elejaga
Elejaga acompañará al órgano con su movimiento y expresividad.
Elejaga acompañará al órgano con su movimiento y expresividad. / O.E.

Actualizado hace 47 segundos

La danza llegó a su vida casi de forma instintiva. Antes de convertirse en profesora, coreógrafa y fundadora de Camden Dance Studio, Olmar Elejaga encontró en el movimiento un lenguaje propio, un refugio y una forma de entender el mundo. Dentro de ocho días sumará un nuevo reto a su trayectoria al participar en la Quincena Musical de San Sebastián, donde compartirá escenario con el matrimonio formado por los organistas y compositores Marie-Bernadette Dufourcet, natural de Baiona, y el libanés Naji Hakim, ambos de reconocido prestigio internacional.

Su trayectoria ha estado ligada a la danza desde muy joven. ¿Recuerda el momento en el que descubrió que bailar era mucho más que una afición?

–Desde pequeña siempre bailaba en casa, delante del espejo. Era algo instintivo; no pensaba en dedicarme a ello, simplemente era el lugar donde me sentía libre. Con el tiempo entendí que la danza era también mi refugio y mi forma de expresarme y de desconectar. Mi pasión era el atletismo, pero una lesión de rodilla me obligó a dejarlo. Con 16 años descubrí el baile de salón, empecé a competir y se abrió ante mí un mundo completamente nuevo. Más adelante me alejé de la danza durante un tiempo y llegué a pensar que no volvería a bailar. Todo cambió cuando me fui a vivir a Londres. Allí empecé a trabajar como profesora y descubrí que disfrutaba tanto enseñando como bailando. Al regresar a Bergara, mientras trabajaba como ingeniera desde casa, sentí la necesidad de crear un espacio propio. Así nació Camden Dance Studio, con la idea de que cualquier persona que cruce la puerta pueda sentirse como en casa.

Más allá de la técnica, ¿qué encuentra en el movimiento que no logra expresar con palabras?

–La danza es libertad. Es emoción, pasión, diversión y también refugio. Hay momentos en los que las palabras no bastan para explicar cómo te sientes, pero el cuerpo sí puede hacerlo. Bailando puedes expresar alegría, miedo, fuerza o vulnerabilidad sin decir una sola palabra. Además, tiene la capacidad de hacer que durante un rato desaparezca todo lo demás. Cuando bailas solo existe la música y el movimiento. Para mí ha sido un salvavidas en muchos momentos y esa es también la filosofía de mis clases: si alguien consigue olvidarse de sus preocupaciones durante una hora, siento que ya hemos logrado algo importante.

La bailarina y directora de Camden Dance Studio habla también de la danza como "un salvavidas" en muchos momentos; una filosofía que aplica también en sus clases.

El 9 de agosto participará en la Quincena Musical de San Sebastián junto a Marie-Bernadette Dufourcet y Naji Hakim. ¿Cómo nació este proyecto y qué se va a encontrar el público?

–Todo comenzó con una llamada desde el área de Cultura del Ayuntamiento de Bergara. A través de Ander conocí a Ana Belén, la organizadora de la Quincena Musical, a quien quiero agradecer la confianza que ha depositado en mí desde el primer momento. Ha sido un proyecto muy especial porque me ha sacado completamente de mi zona de confort. Nunca había bailado con música de órgano y eso supone un reto apasionante, más aún compartiendo escenario con dos referentes internacionales. El público verá un diálogo entre la música y la danza. La protagonista absoluta será la música; mi papel consiste en acompañarla y aportar una mirada visual que ayude a sentir todavía más todo lo que transmite el órgano.

No he querido imponer una coreografía al órgano; he dejado que sea la música la que marque el camino

Bailar con un órgano no es algo habitual. ¿Cómo se construye una coreografía para dialogar con un instrumento tan monumental?

–Lo primero ha sido aprender a escuchar de otra manera. El órgano tiene una fuerza y una presencia que transforman completamente el espacio. No he querido imponer una coreografía a la música, sino dejar que sea la propia música la que marque el camino. Ha sido un proceso de escucha, de respeto y de dejarme llevar por todo lo que cada obra despertaba en mí.

"Hoy el sacrificio es distinto"

Detrás de unos minutos sobre el escenario hay muchas horas de trabajo. ¿Cuál ha sido el mayor sacrificio que le ha exigido la danza?

–Durante los años de competición fue una etapa muy intensa. Estudiaba Ingeniería, entrenaba, daba clases y muchas noches terminábamos ensayando. Los fines de semana viajábamos por todo el Estado para competir. Hoy el sacrificio es distinto. Como directora y profesora de una escuela, y además madre de dos niños, muchas veces trabajo cuando ellos están disfrutando de su tiempo libre. Pero todo merece la pena cuando ves cómo una persona recupera la confianza en sí misma, supera un miedo o simplemente sale de clase con una sonrisa. Esos momentos compensan cualquier esfuerzo.

Además de intérprete, es profesora y directora de Camden Dance Studio. ¿Qué intenta transmitir a sus alumnos más allá de la técnica?

–Siempre digo que en Camden enseñamos danza, pero, sobre todo, acompañamos a las personas. La técnica es importante, pero nunca ha sido lo principal. Queremos que cada alumna y alumno encuentre un espacio donde se sienta respetado, pueda equivocarse y disfrute del proceso de aprender. Lo que más me emociona es ver cómo se crea comunidad. La danza conecta a las personas, fortalece la autoestima y devuelve la confianza. Más que formar bailarines, me gustaría ayudar a formar personas que salgan de clase un poco más felices de lo que entraron.

¿Qué estilos son hoy los más demandados y cómo ha cambiado el perfil de quienes se acercan a la danza?

–Las danzas urbanas siguen teniendo muchísimo tirón entre los más jóvenes. Entre jóvenes y adultos destacan también la salsa y la bachata, y cada vez veo más interés por disciplinas como la danza contemporánea, las sevillanas o el flamenco. Más allá de las modas, creo que lo importante es encontrar el estilo que conecta contigo en el momento vital en el que estás. Siempre digo que todo el mundo puede bailar. Solo hace falta dejar el miedo y la vergüenza en la puerta y entrar con ganas de disfrutar.

Después de todo lo que ha vivido sobre los escenarios, ¿qué sueños o retos le quedan por cumplir?

–Después de unos años muy intensos a nivel personal, ahora mi mayor deseo es vivir con más calma y disfrutar del camino. Me ilusiona seguir creando proyectos que emocionen, colaborar con artistas de otras disciplinas y aceptar retos que me obliguen a salir de mi zona de confort, como este concierto con órgano. Y, por supuesto, seguir haciendo crecer Camden. No tanto en número como en esencia. Me gustaría que siguiera siendo un lugar donde las personas encuentren un espacio para expresarse, crecer y sentirse acompañadas. Si dentro de unos años alguien habla de Camden y dice: “Allí me sentí como en casa”, creo que habremos conseguido algo mucho más importante que enseñar a bailar.

2026-08-01T19:25:58+02:00
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