La toma de medicamentos se ha convertido en una práctica habitual para millones de personas, desde quienes necesitan tratamientos para enfermedades crónicas hasta quienes recurren a fármacos para aliviar molestias puntuales. Sin embargo, tomar un medicamento no está exento de riesgos y su utilidad debe valorarse siempre frente a sus posibles efectos adversos. Así lo advierte Joan-Ramon Laporte, médico especializado en farmacología, catedrático de Terapéutica y Farmacología Clínica en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y exjefe del servicio de Farmacología Clínica del Hospital Vall d’Hebron; durante una sincera entrevista con el periodista gallego Álex Fidalgo en su podcast, Lo que tú digas.
Con más de cuatro décadas de experiencia en el estudio y la notificación de reacciones adversas, Laporte cuestiona la tendencia a recurrir a los medicamentos incluso cuando su necesidad no está clara. En su opinión, la medicalización de la vida cotidiana y el aprovechamiento comercial de la preocupación por la salud son dos cuestiones que merecen especial atención.
Laporte alerta de que algunas personas toman fármacos que podrían no necesitar. "Si son mayores de 65 años, más de un 80% deben de estar tomando algún medicamento que no necesitan", sostiene, apunando a un problema, especialmente relevante entre quienes siguen tratamientos prolongados y acumulan varias prescripciones.
El experto también señala que esta tendencia no se limita a la población de más edad. Entre los ejemplos que menciona figuran los antidepresivos recetados ante situaciones de tristeza o malestar emocional que pueden formar parte de las dificultades de la vida, así como determinados medicamentos digestivos utilizados como protectores de estómago.
Laporte cuestiona que estos últimos se mantengan durante largos periodos sin una indicación clara y advierte de que el consumo prolongado de algunos fármacos puede asociarse a efectos perjudiciales. En las personas mayores, además, esos riesgos pueden pasar inadvertidos o infravalorarse.
Más de 1.600 vascos mayores dependientes usan el programa de medicación a domicilio.
Para Laporte, una de las claves para entender el consumo excesivo de medicamentos es el miedo a enfermar y la incertidumbre ante aquello que se desconoce. La preocupación por posibles amenazas sanitarias, incluso cuando el riesgo individual es reducido, puede favorecer que algunas personas busquen soluciones preventivas sin valorar suficientemente su necesidad.
"Como es una sociedad obsesionada por la salud, esto se convierte en objeto de aprovechamiento para el negocio, de marketing", lamenta el especialista. A su juicio, la preocupación por mantenerse sano puede convertirse en una oportunidad comercial para la industria farmacéutica y otros sectores vinculados al bienestar.
El farmacólogo también cuestiona cómo se presentan determinados riesgos y enfermedades, y defiende que la información sanitaria debe ayudar a tomar decisiones fundamentadas, en lugar de alimentar temores innecesarios.
Fármacos para indicaciones que no siempre están autorizadas
El experto también pone el foco en el uso de medicamentos fuera de las indicaciones para las que han sido autorizados. Como ejemplo, menciona un antiepiléptico que, según afirma, ocupa una posición destacada entre los medicamentos más vendidos en España.
"El laboratorio lo propone o lo promueve para indicaciones que no están autorizadas y esto es muy común", sostiene. También se refiere a su posible utilización frente a determinados dolores descritos como neuropáticos, un término médico que hace referencia al dolor relacionado con una lesión o enfermedad del sistema nervioso.
El experto advierte: tomamos medicación que muchos no necesitamos.
El uso de un medicamento para una indicación no autorizada, conocido como uso fuera de ficha técnica, no es necesariamente inadecuado: puede estar justificado en determinadas circunstancias clínicas. Sin embargo, debe responder al criterio del profesional sanitario y a una valoración de la evidencia disponible.
Laporte advierte, además, de la existencia de intereses comerciales en torno a la información médica. "Cuando hay acceso a las bases de datos de clínicas, de historias clínicas… Aquí hay un mercado muy oscuro y que mueve miles de millones de dólares", afirma.
La ‘cascada de medicamentos’: tratar un efecto adverso con otro fármaco
Una de las consecuencias que más preocupan al especialista es la llamada cascada de prescripción o cascada yatrogénica. Se produce cuando un efecto adverso de un medicamento se interpreta como un nuevo problema de salud y se receta otro fármaco para tratarlo. Ese segundo medicamento puede provocar, a su vez, nuevos síntomas que terminen generando otra prescripción.
"Este medicamento ha producido un daño, el médico no liga la cosa, la causalidad, y te da una receta para el nuevo problema que ha aparecido", explica Laporte.
Este fenómeno puede resultar especialmente relevante entre las personas que toman varios medicamentos de forma simultánea, ya que identificar el origen de un síntoma puede ser más complejo. La revisión periódica de los tratamientos permite comprobar si cada fármaco sigue siendo necesario, si existen interacciones y si los beneficios continúan compensando los riesgos.
¿Merece la pena tomar un medicamento?
La respuesta de Laporte pasa por valorar cada tratamiento de forma individual. "Hay que sopesar los posibles beneficios con sus riesgos", insiste. La cuestión no es únicamente cuánto cuesta un fármaco, sino cuánto puede ayudar a prevenir una enfermedad, aliviar síntomas o mejorar la calidad de vida y qué efectos adversos puede provocar a cambio.
"Todos los medicamentos pueden producir efectos adversos. Todos, incluso los mejor tolerados. Todos tienen riesgos", recuerda.