Gipuzkoa

Itxuan Kontzertuak: El éxito de comprar una entrada a ciegas

Itxuan kontzertuak nació en zarautz para demostrar que aún es posible ir a un concierto sin expectativas
Asistentes a un concierto de Itxuan Kontzertuak en el gaztetxe de Zarautz.
Asistentes a un concierto de Itxuan Kontzertuak en el gaztetxe de Zarautz. / Abar Aranburu

Actualizado hace 6 minutos

Mientras los macroconciertos agotan entradas meses, incluso años, antes de celebrarse y la experiencia acaba muchas veces grabada en la pantalla de todos los móviles, en el Gaztetxe Hiruputzu de Zarautz ocurre todo lo contrario. Allí se venden 200 entradas sin anunciar el artista, se entra con un antifaz y el público no descubre qué grupo tiene delante hasta que suena el primer acorde. Sin móviles, sin expectativas y sin más reclamo que un concierto. Así nacieron los Itxuan Kontzertuak, una iniciativa impulsada por Galdedebalde con el fin de reivindicar otra forma de vivir los conciertos.

Oportunidad a las bandas

La idea surgió el año pasado. Los tres integrantes de Galdedebalde llevaban tiempo observando cómo estaba cambiando la forma de consumir música en directo. Los grandes festivales y los macroconciertos parecían monopolizar la atención del público. En cambio, las salas pequeñas y los grupos menos conocidos quedaban en un segundo plano. “Pensábamos que a la gente le podía interesar ir a un concierto sin conocer tanto al grupo”, explica Xabier Uzin, uno de los impulsores del proyecto. La propuesta también ofrecía una oportunidad a las bandas: tocar ante algunas personas que quizá, de otra manera, no habrían comprado una entrada para verlas si hubieran sabido el nombre de antemano.

El primer grupo al que trasladaron la idea fue Nogen. Aprovecharon una visita de la banda al programa de radio Galdedebalde para planteársela y la respuesta fue inmediata. Les pareció un formato diferente y atractivo.

No fue fácil el inicio

No fue fácil convencer al público. A falta de una semana para la actuación apenas se habían vendido una treintena de entradas. La difusión en los medios ayudó a dar a conocer la iniciativa y finalmente lograron vender aproximadamente la mitad del aforo. Sin embargo, después, el boca a boca hizo el resto.

Desde entonces han tocado Skabidean, Kerobia, Maskak y Kiliki. Si en la primera costó llenar la sala, en la última, las 200 entradas, con un precio de seis euros, volaron en apenas diez minutos.

"Lo importante es que creamos que el grupo encaja"

Aunque el cartel permanezca oculto, la selección de los grupos no es fruto del azar. Los organizadores buscan propuestas que les convenzan, independientemente del estilo musical. “Nosotros hacemos ese trabajo. Lo importante es que creamos que el grupo encaja”, resume Uzin. La intención siempre ha sido acercar al público bandas menos conocidas.

Antes de comenzar el concierto los asistentes se colocan un antifaz. La organización tapa las cámaras para evitar grabaciones y conseguir que toda la atención esté puesta en el escenario.

La magia del primer acorde

La escena más esperada llega apenas unos segundos después. Suena el primer acorde, el público se quita el antifaz y descubre quién está tocando. “Ese es el momento más bonito”, reconoce Uzin. Algunos reconocen inmediatamente al grupo y estallan de emoción; otros no saben quiénes son, pero terminan disfrutando igualmente. “Luego mucha gente viene a darnos las gracias porque ha descubierto una banda que no conocía".

Asistentes con el antifaz puesto antes de comenzar el concierto.

Asistentes con el antifaz puesto antes de comenzar el concierto. Abar Aranburu

La filosofía detrás del proyecto también pretende romper con otra tendencia cada vez más habitual: comprar entradas para conciertos que se celebrarán dentro de mucho tiempo, muchas veces por miedo a quedarse sin ellas. “Has comprado la entrada y pasas meses esperando ese momento”, comenta Uzin. En Itxuan Kontzertuak ocurre justo lo contrario. No hay tiempo para construir expectativas y la sorpresa es inmediata.

Proyecto en comunidad

El proyecto tampoco sería posible sin la comunidad que lo rodea. Aunque Galdedebalde está formado por tres personas, cada concierto moviliza a unas ocho entre barra, cocina, acceso y organización. Incluso hay asistentes que, al día siguiente, regresan para ayudar en las tareas de limpieza.

De cara al futuro, no quieren hacer grandes anuncios, aunque confían en que haya nuevas ediciones. Lo que sí tienen claro es el camino: lograr que quien compre una entrada lo haga dispuesto a escuchar con respeto, independientemente del grupo que actúe. Porque la mayor sorpresa de Itxuan Kontzertuak no es descubrir quién sube al escenario, sino volver a disfrutar de la música sin expectativas.

2026-08-15T10:15:54+02:00
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