Actualizado hace 48 minutos
Una analítica de sangre sirve, como bien se sabe, para evaluar el estado de salud de un paciente, tanto a nivel de diagnóstico, como de seguimiento y prevención de enfermedades y otros problemas de salud. Una herramienta útil para diagnosticar diversas enfermedades, comprobar el funcionamiento de distintos órganos, vigilar la evolución de patologías crónicas o comprobar si el paciente responde adecuadamente a un tratamiento específico.
Aunque no siempre puede proporcionar un diagnóstico definitivo por sí sola, el análisis sí que puede indicar anomalías o valores fuera de los rangos normales que sugieren que algo no está funcionando de manera adecuada.
Un indicador clave de los niveles de hierro almacenados en el cuerpo
Uno de los valores que se evalúa de manera habitual en una analítica de sangre es la ferritina, un indicador clave de los niveles de hierro almacenados en el cuerpo. Está, según así lo indican los especialistas, principalmente, en el hígado, el bazo, los músculos y la médula ósea. Su función no es otra que acumular el hierro que no se está utilizando de forma inmediata, para ponerlo a disposición cuando el cuerpo lo necesite. Dicho de otra manera, una proteína en la que se almacena hasta un 30% del hierro del organismo.
Un indicador cuyos valores pueden variar según la edad, el sexo, el estado de salud y, en el caso de las mujeres, el embarazo, momento en el que es común que disminuyan debido al aumento del volumen sanguíneo. Tener la ferritina baja indica que las reservas de hierro del organismo son insuficientes y que, por lo tanto, el cuerpo podría empezar a fallar en sus funciones relacionadas con el oxígeno y la energía si no se corrige a tiempo. Aunque eso sí, no siempre se traduce en anemia, una enfermedad caracterizada por una disminución en la cantidad de glóbulos rojos o hemoglobina en la sangre.
Causas y síntomas de la ferritina baja
Pero, ¿qué hay detrás de la ferritina baja? Pues bien, el déficit de ferritina es más común cuando hay anemia debido a menstruaciones abundantes, el embarazo o la lactancia. Otras causas frecuentes son: malabsorción digestiva, celiaquía, carencias en la dieta, anorexia y procesos tumorales. Se manifiesta también en forma de cansancio, debilidad muscular, irritabilidad, dificultades de concentración y niebla mental.