Vida y estilo

“Estamos cerca de detectar el riesgo de Alzheimer hasta una década antes”

El Alzheimer empieza mucho antes de que la memoria falle. “La gran batalla de la investigación es ahora aprender a verlo a tiempo y conseguir que ese conocimiento permita cambiar el rumbo de la enfermedad”, reconoce Pascual Sánchez-Juan
Pascual Sánchez-Juan es experto en investigación sobre demencias y Alzheimer.
Pascual Sánchez-Juan es experto en investigación sobre demencias y Alzheimer. / Ilde Sandrin

Actualizado hace 4 minutos

Durante años, hablar de Alzheimer era hablar de un diagnóstico que llegaba demasiado tarde y ante el que había pocas respuestas. Hoy el escenario es distinto porque los avances en el conocimiento de la enfermedad, los nuevos tratamientos y herramientas como los biomarcadores en sangre o la inteligencia artificial están cambiando la forma de investigarla y de abordarla. Pascual Sánchez-Juan, neurólogo y director científico de la Fundación CIEN, ve motivos para el optimismo, aunque también advierte de que quedan importantes pasos por dar. El especialista ha sido uno de los participantes en el encuentro Un impulso a la esperanza, auspiciado por Siemens Healthineers, la Fundación CIEN y CEAFA, que dio voz a los pacientes y familiares afectados por esta dura enfermedad.

QUIÉN ES

Pascual Sánchez-Juan es neurólogo especializado en enfermedades neurodegenerativas y director científico de la Fundación Centro de Investigación de Enfermedades Neurológicas (CIEN). Su trayectoria está especialmente vinculada a la investigación sobre el Alzheimer y otras demencias, así como al estudio de los factores genéticos y clínicos relacionados con estas enfermedades. Desde la Fundación participa en el impulso de la investigación traslacional y en proyectos orientados a mejorar el diagnóstico, la prevención y el conocimiento de las enfermedades neurodegenerativas.

¿Hasta qué punto podemos detectar hoy el Alzheimer antes de que aparezcan los primeros síntomas?

Hoy en día sabemos que la enfermedad de Alzheimer empieza décadas antes de los síntomas y tenemos biomarcadores, incluso en sangre, que nos pueden decir que esa patología está ya en el cerebro. Lo que no sabemos con precisión es si una persona que tiene esa patología va a desarrollar síntomas o la enfermedad, porque hay gente que es resistente. Pero estamos cerca de detectar a las personas que están en riesgo hasta una década antes.

¿Los biomarcadores en sangre pueden democratizar y hacer más accesible el diagnóstico del Alzheimer?

Van a ser esenciales para escalar el diagnóstico y hacerlo llegar a una mayoría de la población. Muchas veces estas pruebas son caras y la punción lumbar es invasiva; no son tan escalables como el marcador de sangre, que incluso podría hacerlo en algún momento el médico de familia.

¿Qué avances se están produciendo en el diagnóstico por imagen? ¿Qué podemos ver hoy que hace unos años no éramos capaces de detectar?

En el diagnóstico por imagen también contamos con tecnología que nos hace ser muy optimistas, porque ya somos capaces de ver cosas que no veíamos antes. Pruebas como la Tomografía por Emisión de Positrones-PET nos permiten visualizar lo que está ocurriendo en el cerebro y detectar alteraciones que antes no éramos capaces de identificar; todo esto nos ayuda a conocer mejor la enfermedad y a detectarla en fases cada vez más tempranas.

Sánchez-Juan afirma que hay razones objetivas para hablar de esperanza en el Alzheimer.

Sánchez-Juan afirma que hay razones objetivas para hablar de esperanza en el Alzheimer. Ilde Sandrin

¿Qué supone este avance en el diagnóstico para los pacientes?

Estamos asistiendo a un cambio muy significativo, porque contamos con herramientas diagnósticas más precisas que nos ayudan a tomar decisiones mejor informadas, planificar el abordaje de cada paciente y aprovechar mejor las oportunidades terapéuticas que están surgiendo.

¿Los nuevos tratamientos que modifican la evolución de la enfermedad suponen realmente un cambio de paradigma?

Estos fármacos los entiendo como una prueba de concepto de que podemos modificar el curso de la enfermedad. De momento habrá que darles tiempo para valorar el efecto que tienen, porque son datos de ensayos clínicos y están en un 30 por ciento de ralentización. Queremos llegar en algún momento al cien por cien, por lo que ahora lo importante es que son una prueba de concepto de que esto es posible; pienso que se tienen que optimizar, tienen que ser más baratos, con menos efectos secundarios y más fáciles de aplicar. Todas estas mejoras van a ir llegando; el futuro pasa, sobre todo, por aplicarlos en fases precoces de la enfermedad y combinarlos con otros fármacos. Es un hito muy importante.

“ Los nuevos tratamientos demuestran que podemos modificar el curso de la enfermedad ”

¿Qué tiene que cambiar para que haya una pronta traslación de estos avances al paciente?

El cambio está en marcha porque ya no se trata solo de conocer mejor la enfermedad, sino de detectarla antes y tratarla cuando todavía podemos modificar su evolución. Espero que en los próximos cinco años tengamos resultados de los ensayos que estamos haciendo en personas sanas, asintomáticas y que podamos avanzar hacia tratamientos combinados que permitan retrasar la neurodegeneración y la aparición de la dependencia. Al final, todo este progreso tiene sentido si conseguimos que llegue al paciente y marque una diferencia en su vida.

¿Está preparado el sistema sanitario para incorporar todas estas novedades en el diagnóstico y tratamiento del Alzheimer?

Tenemos que adaptar el sistema sanitario a esta nueva realidad. La innovación avanza muy rápido y muchas veces vamos por delante de la capacidad del sistema para incorporarla; la llegada de los nuevos fármacos exige más especialistas, más recursos de neuroimagen y laboratorios para procesar biomarcadores. Y debemos garantizar que estas herramientas estén disponibles de forma equitativa, independientemente de dónde viva el paciente.

¿Qué personas debieran plantearse una evaluación de riesgo de la enfermedad aunque no tengan síntomas?

A día de hoy, no está indicado que nadie que no tenga síntomas se haga ningún estudio de marcadores. ¿Por qué? Porque no tenemos ningún tratamiento aprobado. Hay ensayos clínicos que están en marcha y esto puede cambiar de aquí a unos años, y espero que así sea. Son ensayos que buscan frenar la enfermedad en gente sana, pero con marcadores. Si esto se demuestra, estos fármacos se pueden presentar para su aplicación en esa indicación terapéutica. En ese caso, tendremos que hacer cribado, probablemente a población de riesgo con marcadores de sangre que nos darán una estimación de qué personas están en riesgo. Pero a día de hoy no está recomendado.

¿Cuánto reduce el riesgo de Alzheimer el modificar factores como ejercicio, sueño, hipertensión, diabetes o alimentación?

Se habla de que hay un techo de alrededor del 40% de posibilidad de prevenir el Alzheimer si conseguimos controlar todos estos factores de riesgo modificables. Es una estimación teórica, porque es muy difícil saber cuánto contribuye cada uno de ellos de forma independiente y cómo interactúan entre sí. Pero lo importante es que existe un porcentaje alto del riesgo que está relacionado con causas modificables. Por eso tiene sentido actuar sobre ellas y mantener a lo largo de la vida unos hábitos saludables y un buen control de la salud cardiovascular y metabólica.

¿Qué medidas con más evidencia científica puede adoptar una persona para reducir su riesgo de aparición?

Hay como una docena de factores con más evidencia científica en metaanálisis, aunque es difícil hacer estudios en una enfermedad como el Alzheimer, donde tenemos factores que empiezan a hacer efecto desde el nacimiento. Evidentemente, es difícil hacer epidemiología de esto, pero tenemos una docena bastante evidente de los que destaco cinco. Uno es dormir bien, pues, aunque no haya evidencia epidemiológica clara, sí hay una relación clara entre dormir bien y el cuidado del cerebro. Otro es el ejercicio físico; de tener que elegir, es una de las intervenciones más completas y que más puede beneficiar. También es clave la alimentación, una dieta equilibrada, evitando, por supuesto, el alcohol y el tabaco. Todo esto sin olvidar la actividad social; hay que estar conectado socialmente y utilizar el cerebro, porque el ser humano es un ser social y la soledad nos resulta terrible. Y el último pilar es ir al médico para controlar la tensión, la diabetes, que te pongan gafas si las necesitas…, todos esos ítems relacionados con un chequeo y la atención médica. Cuidando esos cinco pilares, se hace mucho por proteger el cerebro.

¿Y la medicina personalizada? ¿Se tratará esta demencia de forma específica según las características biológicas de cada paciente?

Absolutamente. Ese es el futuro; la enfermedad de Alzheimer es muy compleja, por lo que deberíamos hablar de enfermedades de Alzheimer, porque hay distintas formas de llegar a la enfermedad y, probablemente, cuando tengamos herramientas diagnósticas y terapéuticas, tendremos que tratar a cada paciente de una forma específica.

Si tuviera que destacar un solo avance que puede cambiar de verdad la historia del Alzheimer durante los próximos cinco o diez años, ¿cuál sería?

Creo que sería fundamental demostrar que podemos hacer prevención secundaria, que podemos contener la enfermedad; tenemos ensayos en marcha y, si realmente esto funciona, va a revolucionar el modo de entender la enfermedad. Si en la prevención secundaria se demuestra con uno o dos fármacos que eso tiene un impacto, creo que hará que incluso los políticos lo miren de forma distinta, porque va a haber un impacto en salud pública muy grande.

¿Qué puede aportar la inteligencia artificial a la investigación del Alzheimer?

Será esencial porque es una enfermedad muy compleja. Ahora mismo, en la investigación, se tiende a juntar grandes cuerpos de datos y utilizar la IA para encontrar patrones, nuevas formas de combinar la información y responder a algunas preguntas que son difíciles; cada vez tenemos más datos y necesitamos herramientas que nos permitan integrarlos y analizarlos de una manera que nos permitan encontrar nuevas relaciones y a responder preguntas que, de otra forma, serían muy difíciles de abordar.

Tras tantos años investigando esta enfermedad, ¿qué le hace ser optimista cuando mira al futuro del Alzheimer?

Creo que ha cambiado mucho la percepción del Alzheimer. Como médico, he vivido una revolución tremenda desde cuando era residente: entonces, cuando la enfermedad estaba avanzada y la diagnosticábamos, la información era terrible. Ahora somos proactivos, queremos ir rápidos, intentar tratar y esto se observa en el cambio en el estado de ánimo en los congresos; antes eran solo resultados negativos y actualmente hay emoción y esperanza, no solo en los familiares, sino también en los médicos, de que esto va modificándose a mejor. Y espero que lo veamos, por lo que tenemos razones objetivas para hablar de esperanza.

2026-09-26T13:45:14+02:00
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