Vida y estilo

Esta es la edad en la que la felicidad toca fondo y se empieza a remontar

Un estudio sitúa en un año concreto de la mediana edad el punto más bajo del bienestar de una persona debido a cambios vitales, físicos y emocionales
Una mujer triste y apática sentada en la cama.
Una mujer triste y apática sentada en la cama. / Magnific

Actualizado hace 8 minutos

¿Qué entendemos por felicidad? La primera idea que suele venirnos a la cabeza es la ausencia de problemas, pero lo cierto es que el concepto va mucho más allá. Tiene más que ver con la actitud que adoptamos ante la vida y con la manera en la que encaramos las situaciones que se nos presentan.

Se trata, en buena medida, de aceptar -que no resignarse- aquello que no podemos cambiar y de mantener una actitud activa frente a lo que sí depende de nosotros. Porque la vida, como suele decirse, tiene un poco de todo, y conviene exprimirla incluso en esos días en los que cuesta más encontrar su lado amable.

Un grupo de amigos sonríen felices.

Un grupo de amigos sonríen felices. Magnific

Ni infancia ni vejez

La salud, el trabajo, las relaciones personales o las preocupaciones cotidianas ponen a prueba ese equilibrio de forma constante. Y aunque tendemos a pensar que los momentos más complicados se concentran en la adolescencia o en la vejez, la ciencia apunta en otra dirección que, de entrada, puede resultar sorprendente: los 47 años.

Así lo concluyó el economista británico David G. Blanchflower en un estudio realizado en 2020 para el Dartmouth College, en Estados Unidos. Tras analizar los datos de cerca de medio millón de personas en 132 países, situó en esa edad el punto más bajo de la felicidad.

El planteamiento del investigador es que la felicidad dibuja una curva en forma de U a lo largo de la vida. En ese recorrido, la parte más baja se alcanzaría en torno a los 47 años. Pero hay una lectura optimista en todo ello: si ese es el valle, a partir de ahí todo solo puede ir a mejor.

Según esta teoría, la infancia se sitúa en la zona alta de esa curva, que desciende progresivamente hasta tocar fondo en la mediana edad. A partir de ese momento, la tendencia cambia y la percepción de bienestar vuelve a crecer, de manera que las personas mayores pueden llegar a sentirse más satisfechas que quienes se encuentran en plena madurez.

Un grupo de personas mayores sonríen durante una celebración.

Un grupo de personas mayores sonríen durante una celebración. Magnific

Experiencias vitales

¿Por qué ocurre esto? Las explicaciones son diversas y, en muchos casos, coinciden con experiencias vitales bastante comunes.

Por un lado, aparece la conocida crisis de la mediana edad, un concepto que ya introdujo en 1965 el psicoanalista Elliott Jaques. Entre los 40 y los 49 años es habitual que disminuya la satisfacción vital, en un momento en el que se mezclan la nostalgia por la juventud y cierta inquietud ante lo que está por venir.

Con el paso de los años experimentamos cambios psicológicos y en la mediana edad tendemos a adoptar una mirada más realista, tanto sobre nosotros mismos como sobre el entorno. Sin embargo, no siempre es fácil gestionar ese ajuste de expectativas, y de ahí puede surgir una sensación de pérdida o de frustración.

También influye el balance vital, y es que, mientras en la juventud los proyectos parecen infinitos, al acercarse a los 50 años es frecuente echar la vista atrás y evaluar lo conseguido. Dependiendo del resultado, puede aparecer una sensación de no haber cumplido con lo esperado.

Dejando a un lado la psicología, la parte física también experimenta cambios. El cuerpo empieza a enviar señales, los primeros dolores o molestias persistentes recuerdan que el tiempo pasa. Mientras, las responsabilidades -laborales, familiares o sociales- pueden generar una sensación de estar atrapado en una rutina muy exigente.

A todo ello se añaden las circunstancias personales de cada uno como cuidar de los padres, afrontar una pérdida, atravesar un divorcio o lidiar con las tensiones propias de la crianza de hijos adolescentes. Incluso la incertidumbre económica puede pesar más en esta etapa.

Una mirada optimista

Sin embargo, en medio de tanta infelicidad, no todo son sombras. La otra cara de la moneda es que esa misma etapa abre la puerta a un proceso de madurez que, con el tiempo, suele jugar a favor. Dejar atrás la necesidad de demostrar constantemente, conocerse mejor o ajustar las expectativas son pasos que ayudan a recuperar el equilibrio.

La propia ciencia respalda esta idea: con los años, las emociones positivas tienden a ganar terreno. Saber cuáles son nuestras fortalezas y limitaciones nos permite enfocar la vida de una forma más realista y, en muchos casos, más satisfactoria.

Así que, lejos de ser un punto final, ese supuesto bache puede entenderse como una transición. Si la felicidad cae en torno a los 47, también es cierto que después remonta y quizá esa sea la mejor actitud ante la vida: asumir que hay etapas difíciles, pero también confiar en que lo mejor, en muchos aspectos, todavía está por llegar.

2026-05-30T14:47:47+02:00
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