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Antes de que sus puentes y playas atrajeran a miles de visitantes cada verano, San Vicente de la Barquera ya era uno de los enclaves estratégicos más relevantes del norte. Su bahía ofreció refugio a navegantes desde la época romana, aunque su máximo esplendor llegó en la Edad Media. En el siglo XIII, la villa se integró en la célebre Hermandad de las Cuatro Villas de la Costa de la Mar junto con Santander, Laredo y Castro Urdiales, consolidándose como potencia comercial, pesquera y astillera de la época.
Ese carácter marinero se respira hoy en cada rincón de su Puebla Vieja, declarada Conjunto Histórico-Artístico, donde el entramado de calles de piedra conduce hacia el Castillo del Rey, una fortaleza del siglo XIII construida sobre la roca y a la majestuosa iglesia gótica de Santa María de los Ángeles, cuyos ventanales dan hacia la ría y el mar Cantábrico.
La leyenda tras el "Puente del Diablo"
Al pie del casco histórico se despliega la imagen más mítica y legendaria de la villa: el Puente de la Maza. Levantar esta estructura de 500 metros y 28 arcos de medio punto entre los siglos XV y XVI no fue tarea sencilla, lo que dio pie a la mitología popular. Cuenta la tradición que cada noche desaparecía misteriosamente lo construido durante el día. Desesperado, el maestro cantero pidió ayuda y solo el Diablo respondió, ofreciéndose a terminar la obra antes del amanecer a cambio del alma del primer ser vivo que la cruzara.
El puente de los deseos de San Vicente de la Barquera.
Una versión más popular y desenfadada rebautizó el paso como el Puente de los Deseos. Según la superstición local, todo aquel que consiga cruzar sus medio kilómetro aguantando la respiración verá cumplido su deseo. También es cierto que con los diez minutos de caminata para cruzarlo, el único deseo del que lo intente será volver a coger aire.
Playas de marea, naturaleza kárstica y cocina marinera
El paisaje de San Vicente cambia cada seis horas por las mareas. La villa forma parte del Parque Natural de Oyambre, una joya ecológica de más de 5.000 hectáreas compuesta por rías, marismas, acantilados y campos de un verde intenso. Para quienes buscan disfrutar del Cantábrico, la localidad tiene rincones de primer nivel como la playa del Merón, uno de los templos del surf en la comarca, la playa del Tostadero o la playa de Oyambre.
Tras recorrer sus muelles o visitar el Santuario de la Barquera, parar a comer es obligatorio. La gastronomía local rinde tributo a la tradición marinera con el sorropotún (o marmita barquereña), un reconfortante guiso de bonito, patatas y cebolla que alimentaba a los pescadores tras sus jornadas en la mar, acompañado siempre por pescados y mariscos frescos desembarcados en su puerto.
Escapadas imprescindibles en los alrededores
San Vicente de la Barquera se sitúa en una posición privilegiada para explorar algunos de los rincones más bonitos de Cantabria a pocos minutos en coche:
A solo doce kilómetros al este está Comillas. Esta villa resulta fascinante por su arquitectura modernista, donde destacan El Capricho de Antoni Gaudí, el Palacio de Sobrellano y la imponente Universidad Pontificia.