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A solo veinticinco kilómetros de Donostia, Getaria se perfila como uno de los pueblos marineros más encantadores y con mayor identidad de toda la costa de Gipuzkoa. Este emblemático rincón pesquero combina un trazado de calles empedradas, la memoria de grandes personajes históricos y una oferta culinaria famosa en el mundo entero por el uso magistral del fuego y las brasas.
Un casco histórico medieval
Pasear por el casco antiguo de Getaria es entrar en una villa amurallada del siglo XIV que ha sabido conservar su estructura original con los años. Entre sus casas blancas con balcones de madera destacan edificios de piedra como las antiguas casas torre señoriales y la imponente iglesia gótica de San Salvador, catalogada como Monumento.
Uno de los detalles más sorprendentes de este templo es el pasadizo de Katrapona, un túnel subterráneo que pasa justo por debajo de la iglesia y que en el pasado conectaba el sector defensivo del pueblo con el puerto pesquero.
La estatua de Elkano en Getaria.
A pesar de su tamaño, Getaria es la cuna de dos figuras que dejaron una huella imborrable en la historia Mundial. Por un lado, Juan Sebastián Elcano, el navegante que logró completar la primera vuelta al mundo en el siglo XVI y cuya hazaña se recuerda en varios monumentos repartidos por la villa. Por otro, Cristóbal Balenciaga, considerado uno de los diseñadores más influyentes del siglo XX. Hoy en día, el Museo Balenciaga rinde homenaje a su legado a través de una colección de alta costura que atrae a visitantes de todas partes.
El arte de la parrilla y el vino sobre el mar
En el puerto de Getaria el pescado no se sirve de cualquier forma. Aquí se cocina directamente en parrillas al aire libre situadas a pie de calle y el rey indiscutible de la mesa es el rodaballo asado entero, preparado a fuego lento sobre brasas dentro de una besuguera y rematado con un refrito de ajo, guindilla y vinagre.
Restaurantes de renombre internacional como Elkano, premiado con una estrella Michelin, han situado a este pequeño pueblo en el mapa de la alta gastronomía mundial. La experiencia se debe completar en los bares del casco viejo, donde se sirven pintxos elaborados, marmitako de atún y anchoas artesanales preparadas en la propia localidad.