Actualizado hace 7 minutos
Dormir mal por el calor no es una simple cuestión de comodidad: cuando se repiten la noches tórridas, aquellas en las que la temperatura mínima no desciende de los 25 grados, el organismo entra en una fase de deterioro que compromete el sistema inmunológico y dispara la irritabilidad.
En una entrevista con EFE tras la primera ola de calor del año en España, que se ha saldado con al menos 212 muertes asociadas a ella y la consagración del 23 y 22 de junio como el primer y segundo día más cálidos de un mes de junio desde al menos 1950, el profesor emérito de Fisiología de la Universidad de Barcelona (UB) Ginés Viscor ha alertado de que este fenómeno es "difícil de revertir".
Una de las consecuencias de esta proliferación de olas de calor son las noches calurosas, un verdadero enemigo para el organismo puesto que, un par de horas antes de ir a dormir, la temperatura corporal debe descender para mejorar la conciliación del sueño y activar adecuadamente la reparación de células y tejidos. "Si esto se repite durante varias noches, nuestro cuerpo sale perjudicado y aumenta el riesgo de enfermedades, de entrar en un estado más inmunodeprimido. Incluso de tener una mayor irritabilidad, más mal humor", ha alertado Viscor.
Sobre esta cuestión, el presidente de la Red Internacional de Investigación sobre Resiliencia Urbana (URNet), Lorenzo Chelleri, explica que principal problema en días con temperaturas tan altas no son los picos de 40 grados durante el día, sino la falta de variación de temperatura entre el día y la noche. "Las ciudades absorben calor durante todo el día debido al asfalto o el hormigón que hay en las calles, que almacenan ese calor y lo liberan durante la noche", ha señalado el experto, quien argumenta que estos factores relacionados con el diseño urbano convierten determinados barrios en "auténticas trampas de calor".
Ventiladores de techo y refugios climáticos
El problema es que el mecanismo para enfriar el cuerpo antes de ir a dormir depende en gran medida de la temperatura ambiental, de modo que si el calor extremo impide al cuerpo bajar su temperatura, el descanso es ineficiente. Ante esta situación, Viscor aconseja instalar ventiladores de techo en las habitaciones, una "ayuda estupenda" para disipar el calor corporal durante las noches más calurosas del año.
"Ahora los hacen muy silenciosos y generan un flujo de aire que crea unas muy buenas condiciones para el sueño", ha argumentado el profesor emérito de la UB. Viscor ha advertido de que el aire acondicionado, en cambio, plantea un problema colateral: cuando muchos aparatos funcionan simultáneamente en una misma zona, el calor que expulsan al exterior contribuye a generar islas de calor, elevando la temperatura de las calles y perjudicando a quienes no disponen de ese recurso.
A nivel municipal, ha planteado algunas soluciones para "amainar los efectos de las olas de calor", principalmente los refugios climáticos (por ejemplo, parques o bibliotecas), que evitan que las personas "estén sometidas a un estrés térmico las 24 horas del día". También ha puesto sobre la mesa recomendaciones como construir edificios "más resilientes", sin necesidad de utilizar una excesiva cantidad de energía para regularse climáticamente, plantar más vegetación o espaciar nuevas edificaciones.
Importancia fundamental de la hidratación
Uno de los grupos más afectados por las crecientes olas de calor son las personas mayores, ya que a medida que pasan los años se pierde sensibilidad para el estado de hidratación corporal, es decir, que el organismo no reclama saciar la sed pese a necesitarlo. "Hay que insistir a los mayores que deben hidratarse más, incluso a las residencias de ancianos", ha resaltado el especialista en biología y ciencias ambientales. En este sentido, Viscor ha puntualizado que, si la temperatura ambiente es superior a la del cuerpo, "se activa la sudoración -el único mecanismo que nos queda para evitar que nos sobrecalentemos-, por lo que después necesitamos recuperar agua y electrolitos". "El agua es bienvenida, pero también lo es una cerveza, que tiene minerales y proteínas y es refrescante, y que además la hacen sin alcohol, o bebidas isotónicas", ha concluido.