El final del verano marca, para muchos pacientes, el momento en el que las varices dejan de ser un problema. Tras meses con las piernas más expuestas, es habitual detectar la aparición de arañas vasculares, venas dilatadas o síntomas como pesadez e hinchazón. Lejos de ser un motivo para esperar al año siguiente, este es el momento ideal para iniciar el tratamiento, ya que permite planificar los procedimientos que requieren varias sesiones, respetar los tiempos de recuperación y llegar al verano siguiente con el tratamiento finalizado y el mejor resultado posible.
Diagnóstico vascular: el primer paso
Antes de elegir un tratamiento, es imprescindible realizar un diagnóstico preciso del tipo de variz y de la causa que la produce. No todas las varices son iguales ni requieren el mismo abordaje: desde las pequeñas arañas vasculares hasta las varices tronculares, cada una responde a un origen diferente y necesita un tratamiento específico. Por eso, el éxito del tratamiento comienza con una valoración médica que permita identificar el problema y planificar la técnica más adecuada para cada paciente.
“Para ello realizamos un eco-Doppler venoso, una prueba indolora, segura y fundamental para estudiar el funcionamiento de las venas en tiempo real. Nos permite identificar si existe reflujo venoso, conocer el origen de las varices y planificar el tratamiento más adecuado para cada paciente”, explica la doctora Maday Cabrero, cirujana vascular de IML Clinic.
Gracias a técnicas mínimamente invasivas, es posible recuperar la salud y la estética de las piernas sin cirugía convencional, sin necesidad de baja médica y con una rápida incorporación a la vida habitual. La planificación es clave: habitualmente se comienza tratando las varices de mayor calibre y, una vez corregido el problema principal, se actúa sobre las venas más pequeñas y las arañas vasculares para optimizar el resultado final.
Las arañas vasculares y las varices reticulares constituyen el primer estadio visible.
Un tratamiento para cada tipo de variz
Las arañas vasculares y las varices reticulares constituyen el primer estadio visible de la enfermedad venosa crónica. Aunque con frecuencia el motivo de consulta es estético, es fundamental descartar mediante un estudio ecográfico que no exista una insuficiencia venosa de venas de mayor calibre responsable de su aparición. Para tratarlas existen tres opciones: