La economía vasca avanza con paso firme, aunque vigilante. El Gobierno Vasco ha decidido mantener en el 1,9% su previsión de crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) para 2026, en un contexto internacional marcado por la incertidumbre geopolítica y la presión sobre los mercados energéticos. La cifra, sin embargo, no está exenta de matices: podría recortarse en torno a dos décimas si persiste el encarecimiento de la energía, uno de los principales factores de riesgo en el actual escenario económico.
El vicelehendakari segundo y consejero de Economía, Trabajo y Empleo, Mikel Torres, fue el encargado de presentar este lunes las nuevas previsiones macroeconómicas, acompañado por su equipo económico. Su mensaje combinó cautela y confianza. “Estamos en una situación de preocupación, pero no de alarmismo”, resumió, subrayando que Euskadi encara este periodo desde una “posición de fortaleza relativa”.
La fotografía inicial del año refuerza ese diagnóstico. La economía vasca arrancó 2026 con un crecimiento interanual del 2,2%, una inercia que, según las previsiones, se moderará progresivamente hasta cerrar el ejercicio en ese 1,9%. La clave de este comportamiento reside, en gran medida, en la demanda interna. El consumo continúa mostrando dinamismo, mientras que la inversión, aunque más contenida que el pasado año, seguirá desempeñando un papel relevante.
Este patrón de crecimiento permite a Euskadi amortiguar, al menos en el corto plazo, la debilidad del comercio internacional. No obstante, el Ejecutivo de Pradales no pierde de vista el contexto global. El recrudecimiento del conflicto en Oriente Próximo, el encarecimiento del petróleo y el gas y las disrupciones logísticas han elevado la incertidumbre a nivel mundial, configurando un escenario volátil y difícil de anticipar.
La energía, principal inquietud
El principal foco de inquietud se sitúa en la energía. Torres advirtió de que el cierre de rutas estratégicas y los ataques a infraestructuras han tensionado los precios hasta niveles máximos, con efectos directos sobre la inflación y la actividad económica. En este sentido, el IPC adelantado de marzo alcanzó el 3,3% interanual, un punto más que el mes anterior, confirmando que el impacto del shock energético ya se está trasladando a los precios.
“El principal canal de transmisión es la inflación, y ese canal está plenamente activo”, señaló el consejero. Aun así, defendió que las políticas públicas están actuando como dique de contención, evitando traslados bruscos a los precios finales y protegiendo el poder adquisitivo de los hogares.
En paralelo, el Gobierno Vasco ha diseñado escenarios alternativos que contemplan una prolongación de esta crisis energética. Si el precio del barril de Brent se mantuviera en torno a los 100 dólares, el crecimiento podría resentirse ligeramente. Un impacto que, según Torres, sería limitado a corto plazo, pero que podría intensificarse si los elevados costes energéticos se prolongan en el tiempo.
Por sectores económicos
Por sectores, el motor de la economía seguirá siendo el ámbito de los servicios, con un crecimiento estimado del 2,1%. La construcción mantendrá también un comportamiento sólido, con avances cercanos al 2,6%. La industria, en cambio, afronta un entorno más exigente debido al coste de la energía, aunque las previsiones descartan una contracción de la actividad.
El mercado laboral completa el cuadro con señales positivas. El Ejecutivo prevé que el empleo crezca un 1,0% en 2026 y un 0,7% en 2027, lo que permitirá reducir la tasa de paro hasta el 6,4% y el 6,2%, respectivamente. Un comportamiento que contribuye a sostener la renta de los hogares y a reforzar la confianza económica.
Torres insistió en que estos datos reflejan la solidez de los fundamentos internos de la economía vasca, apoyados en una estrategia activa de apoyo al tejido productivo. Las medidas públicas, explicó, están especialmente dirigidas a los sectores más expuestos al coste energético, con el objetivo de preservar tanto la viabilidad empresarial como la calidad del empleo.
Con todo, el mensaje final del Ejecutivo combina prudencia y determinación. Euskadi navega en aguas inciertas, pero lo hace —según el Gobierno— con un rumbo definido y con herramientas suficientes para capear el temporal. La evolución de la energía marcará el compás en los próximos meses, pero, por ahora, la economía vasca resiste sin desviarse de su hoja de ruta.