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El 11 de octubre de 1976, ABBA publicó 'Arrival', el disco que consolidó su conquista mundial y nos dejó una pista de baile a la que seguimos regresando cincuenta años después. Cuatro suecos, un helicóptero en la portada y un puñado de canciones destinadas a quedarse para siempre. 'Arriva'l, que fue el cuarto álbum del grupo, ya era premonitorio en su título , pero aquello más que una “llegada” se convirtió en una invasión.
La mecha llevaba tiempo encendida. Agnetha, Björn, Benny y Anni-Frid habían conquistado Eurovisión con 'Waterloo' en 1974. Sin embargo, 'Arrival' confirmó que no eran flor de un festival. Tenían melodías para instalarse en nuestras vidas sin preguntar cuánto duraba el contrato.
Su arma infalible fue 'Dancing Queen'. Publicada antes del álbum, convirtió las ganas de bailar en un idioma universal y alcanzó en abril de 1977 el número uno estadounidense. Antes había sonado en una gala previa a la boda de los reyes de Suecia, así que podría decirse que la conquista empezó en palacio y acabó en cualquier fiesta de garaje.
Pero la ABBA-manía tenía más munición. 'Money, Money, Money' soñaba con escapar de los apuros económicos y 'Knowing Me, Knowing You' retrataba una ruptura. Bajo aquel brillo había facturas y desamores. Quizá por eso funcionaban tan bien: cantaban nuestras penas con unas armonías que daban ganas de celebrarlas.
Después, los musicales y las películas hicieron el resto y quienes ni tan siquiera habían nacido en 1976 también acabaron tarareando aquellos estribillos. Desde entonces la fiebre sueca ha pasado de padres a hijos. Medio siglo después, basta que suenen las primeras notas de 'Dancing Queen' para que alguien deje el bolso, aparte la silla, levante los brazos y empiece a bailar como si no hubiera mañana. Aquel disco se llamaba 'Arrival'. Lo que nadie nos avisó es que ABBA llegaba para quedarse.