El 22 de julio de 2026 será una fecha difícil de olvidar para Kiko Rivera. El DJ anunció a través de sus redes sociales que había sufrido un segundo ictus, apenas cuatro años después del primero, y confirmó que permanece ingresado en el Hospital Sagrado Corazón de Sevilla.
Aunque aseguró encontrarse "bien", reconoció que el episodio le ha dejado "pequeñas secuelas" y que ahora su prioridad absoluta será recuperar la salud.
Su caso ha vuelto a poner el foco sobre una realidad que preocupa cada vez más a los especialistas: el aumento de los ictus entre personas jóvenes.
Durante décadas, el ictus se ha asociado principalmente a personas de edad avanzada. Sin embargo, esa percepción ha cambiado de forma significativa.
Actualmente, hasta un 15% de los ictus se producen en personas menores de 55 años, y diferentes investigaciones apuntan a que la incidencia en este grupo de edad ha aumentado de forma muy importante en las últimas décadas.
Los expertos relacionan esta tendencia con cambios en el estilo de vida, el incremento de factores de riesgo cardiovasculares y nuevos condicionantes sociales y ambientales.
Los síntomas de un ictus en jóvenes son los mismos y requieren actuar de inmediato
Uno de los principales problemas es que muchas personas jóvenes no creen que puedan sufrir un ictus, lo que retrasa el diagnóstico y el tratamiento.
Los especialistas recuerdan que los síntomas son exactamente los mismos que en personas mayores y requieren atención médica urgente. Sentir una debilidad repentina en la cara, un brazo o una pierna, dificultades en el habla o entender, pérdida de visión, mareos o pérdida de equilibrio son algunas de estas señales de alarma.
Reconocer estos síntomas y llamar inmediatamente a los servicios de emergencia puede salvar vidas y reducir de forma significativa las secuelas.
Hipertensión, tabaquismo y estrés: los grandes factores de riesgo
Los especialistas estiman que hasta el 90% de los ictus están relacionados con factores de riesgo modificables.
No conviene dejar de lado los factores de riesgo, que pueden explicar hasta el 90% de los casos. Enfermedades como la hipertensión continúa siendo la responsable de casi la mitad del riesgo a sufrir uno de estos accidentes cardiovasculares. A esto se le unirían otros factores como el sedentarismo, adicciones como el fumar, la obesidad, otras enfermedades graves como la diabetes o los valores muy elevados de colesterol.
Estudios recientes muestran que casi la mitad de los jóvenes que sufren un ictus son fumadores, mientras que más del 40% presentan hipertensión.
Además, cada vez es más frecuente que varios factores coincidan en un mismo paciente, aumentando considerablemente el riesgo.
El estrés crónico es uno de los nuevos factores de riesgo que afecta a las personas más jóvenes.
Junto a los factores clásicos, los neurólogos alertan del peso creciente de otros problemas que afectan especialmente a los menores de 55 años, como pueden ser el estrés crónico, el consumo de drogas, padecer depresión o enfermedades autoinmunes.
Precisamente, Kiko Rivera apuntó al estrés como uno de los posibles desencadenantes de este segundo episodio, una relación que los especialistas consideran plausible cuando se combina con otros factores de riesgo cardiovasculares.
Existe además una causa especialmente característica entre los pacientes jóvenes: la disección de las arterias carótidas o vertebrales, que puede provocar hasta uno de cada cinco episodios de ictus e incluso apareciendo sin patologías previas. En algunos casos, los pacientes presentan dolor de cuello o un fuerte dolor de cabeza días antes del ictus, especialmente después de un golpe leve o de realizar un esfuerzo físico intenso.
Una de las claves para evitar sufrir un ictus es el ejercicio moderado continuado.
Sufrir un ictus a edades tempranas puede tener un impacto especialmente importante. Además del riesgo de fallecimiento, muchas personas desarrollan algún tipo de discapacidad , alteraciones cognitivas, problemas del habla, dificultades para reincorporarse al trabajo o incluso epilepsia.
Otro aspecto preocupante es que el riesgo de sufrir un segundo ictus sigue siendo elevado. Según distintos estudios, la recurrencia puede situarse entre el 16% y el 19% durante los 15 años posteriores al primer episodio, lo que hace imprescindible un seguimiento médico y el control de los factores de riesgo.
La prevención, la mejor herramienta
Los expertos coinciden en que una gran parte de los ictus pueden prevenirse mediante hábitos saludables. Las medidas más efectivas son un exhaustivo control de la presión arterial y tratar de mantener un estilo de vida activo y saludable; pero, sobre todo, reducir el estrés.
Además, los especialistas reclaman más investigación sobre los factores de riesgo emergentes y campañas de concienciación, ya que la idea de que el ictus es una enfermedad exclusiva de personas mayores ya no se corresponde con la realidad. Detectar los síntomas a tiempo y actuar con rapidez continúa siendo la mejor forma de salvar vidas y minimizar las secuelas.