En un momento en el que muchas celebridades presumen de mansiones, coches de lujo o inversiones inmobiliarias, todavía quedan artistas que deciden apostar por algo bastante menos rentable, pero mucho más necesario: la cultura.
La última en sorprender ha sido Aitana. La cantante catalana ha unido fuerzas con Antonio Díaz (El Mago Pop) para adquirir el histórico Teatro Aquitània de Barcelona, un espacio con más de ochenta años de historia que ambos quieren convertir en un punto de encuentro para nuevos creadores, nuevos públicos y nuevos espectáculos.
Aitana Ocaña durante el estreno de su nueva serie documental
El movimiento va mucho más allá de una simple operación empresarial. Comprar un teatro supone asumir una enorme responsabilidad económica en un momento especialmente delicado para las artes escénicas. Mantener una programación estable, llenar las butacas y dar oportunidades a nuevas producciones es, probablemente, una de las inversiones más valientes que puede realizar un artista.
No son los únicos que lo han entendido. Mucho antes, Lina Morgan hizo historia al convertirse en la primera mujer de Europa propietaria de un teatro. Compró La Latina en 1983 y durante más de tres décadas convirtió aquel escenario madrileño en uno de los grandes templos de la comedia.
También Antonio Banderas decidió devolver parte de su éxito a su ciudad impulsando el Teatro del Soho CaixaBank de Málaga, convertido hoy en uno de los proyectos culturales más sólidos. Y Carlos Sobera también apostó hace unos años por el histórico Teatro Reina Victoria de Madrid.