Kimi Antonelli se presentaba en el Gran Premio de los Estados Unidos con su primera oportunidad de proclamarse campeón del mundo, el más joven de la historia a sus 20 años. Para ello, el piloto italiano estaba obligado a rubricar una victoria y que George Russell y Lewis Hamilton, sus inmediatos perseguidores, finalizaran noveno o peor y sexto o más retrasado, respectivamente. Es decir, sus opciones eran remotas. El líder del Mundial de Fórmula 1 había cumplido con parte de su responsabilidad el sábado, con una brillante pole que pudo ser catalogar de insospechada, porque pese a que es el autor de más primeras posiciones para la parrilla esta temporada, no había logrado salir desde la pintura más avanzada en las siete carreras previas. En la cita dominical completó su obra maestra. Se llevó la novena victoria del año tras dieciocho estaciones del tren mundialista superadas. Pero las otras dos partes de la ecuación no se cumplieron; Russell fue octavo y Hamilton, cuarto. Deberá esperar al próximo fin de semana, cuando llegará el Gran Premio de México, donde se proclamará campeón si termina entre los nueve primeros.
Antonelli se lanzó a por su empresa como una centella, a la vez que Max Verstappen no pudo intimidar. El neerlandés perdió mucha velocidad en los compases inaugurales y se vio superado por Charles Leclerc. Pero el tetracampeón reaccionó rápido y en ese primer giro recuperó la segunda plaza.
En la primera vuelta, Antonelli cobró una ventaja de 2,3 segundos. Eso teniendo en cuenta que rodaba con neumáticos medios en lugar de los blandos que montaban sus rivales inmediatos. Rodaba como un disparo el italiano. Sin embargo, las diferencias dejaron de crecer tras una fulgurante arrancada. En el quinto abrazo al circuito de Las Américas su renta era de 2,8 segundos. Verstappen había consolidado un ritmo que le permitía sostener el pulso por la victoria.
Entonces llegó el momento clave. Red Bull planteó una estrategia de dos paradas y Mercedes, de una. Verstappen lanzó un undercut con su visita al garaje en la vuelta 14. Antonelli, por su parte, accedió a su único cambio de calzos en el giro 25. Verstappen saltó momentáneamente al liderato. Pero era un espejismo.
Red Bull percibió poco después que su plan de carrera no era el óptimo. Verstappen degradó demasiado sus gomas y en la vuelta 32 de las 56 programadas visitó el box por segunda vez. Antonelli regresaba a la cabeza dispuesto a completar la prueba mientras todos sus rivales tenían todavía pendiente una segunda parada. Mercedes había acertado de pleno con la lectura de la cita americana.
Además, Verstappen reportaba problemas. Se mostraba desesperado el neerlandés. Como pocas veces se le ha visto. Se le esfumaban sus opciones de victoria de manera irremediable. Para más inri, su segunda posición se veía amenazada por los Ferrari y también por el McLaren de Lando Norris, que con el compuesto duro volaba sobre el asfalto.
De hecho, todos ellos terminaron superando al piloto de Red Bull. Leclerc se elevó a la segunda posición, secundado por Hamilton. Norris se asomaba a los puestos de podio. La batalla por ascender al cajón quedaba pendiente de la segunda parada de todos los aspirantes. La degradación y la elección del instante preciso serían claves.
Kimi Antonelli y Max Verstappen.
Antonelli, de paseo por Austin
Antonelli, mientras tanto, parecía el hombre invisible. Su carrera estaba destinada a la soledad. Su desafío era mantener la concentración en ese aislamiento que había provocado. Su superioridad era insultante. Asistía a su victoria más sencilla, si es que hay alguna fácil, de su palmarés. Sin estrés, sin sufrimiento. Sin rivales que pudieran hacerle temblar.
Verstappen resucitó con sus neumáticos nuevos. Recuperó el pulso de la carrera. La emoción se desplazó a la batalla por los dos segundos peldaños del podio, con Norris, Verstappen y Leclerc en la refriega. Libraron una preciosa liza. Fue el monegasco quien se llevó el premio del segundo lugar. Verstappen cerró el podio. Hamilton, mientras, fue cuarto y Norris, quinto. Russell quedó desdibujado con una más que discreta octava posición.
Por otro lado, Fernando Alonso, que partía desde la duodécima plaza, cayó a la decimoséptima en los primeros metros de la prueba y finalizó decimosexto, muy lejos del esperanzador dibujo que se trazó al llegar a Austin.
"Ha sido una ejecución perfecta"
De este modo, Antonelli se quedó acariciando el título. En México le valdrá con finalizar entre los nueve primeros clasificados para coronarse, y aún restarían cuatro carreras. Cabe recordar que a lo largo del curso solo ha firmado un resultado peor, en Catalunya, donde abandonó; el resto le valdrían para subir al trono. “Es el resultado que necesitábamos. Ha sido una ejecución perfecta con esa estrategia de dos paradas que he podido hacer funcionar. Estamos muy cerca del título e intentaremos ganarlo lo antes posible”, pronunció el italiano.