Toparse con un cajero inalcanzable, pelear con el mostrador alto de una oficina, adaptar la casa a la propia medida o encajar miradas indiscretas por la calle forman parte de la realidad habitual de las personas de talla baja. Coincidiendo con la celebración del Día Mundial de las Personas de Talla Baja, el colectivo vuelve a recordar que la verdadera autonomía no depende de la altura de cada uno, sino de cómo diseñamos nuestras ciudades, de los obstáculos que dejamos en los espacios públicos y de la sensibilidad que demostramos todos como sociedad en la rutina diaria.
Aprovechando esta fecha, Belinda, psicóloga y secretaria de AFAPAC, y Claudia, una joven opositora, han repasado con cercanía la experiencia que viven con la acondroplasia al salir a la calle y desenvolverse en su entorno. Explicando la necesidad urgente de adaptar las calles y aportando una visión muy abierta sobre el trabajo, la pareja, la independencia y el sentido del humor en el día a día, ambas han defendido la importancia de naturalizar la diversidad y derribar prejuicios para convivir desde el respeto.