El 13 de mayo de 1902, ante alrededor de 2.000 espectadores, se celebró en el Hipódromo de los Altos de la Castellana, en Madrid, el primer enfrentamiento entre el Real Madrid y el Barcelona. Fue la semilla de lo que más tarde pasaría a denominarse Clásico, para muchos el partido más importante que puede ofrecer el fútbol. “Es único; el mundo se para para verlo”, atestigua como protagonista Jose Mourinho. “Es distinto, es el mejor partido que ofrece este deporte”, reafirma Hansi Flick. Aquel día, el conjunto catalán se impuso en la semifinal de la Copa de la Coronación con un resultado de 3-1. El evento formaba parte de las celebraciones por la mayoría de edad del rey Alfonso XIII y el Real Madrid aún no era Real, hasta que en 1920 el propio monarca concediera ese estatus al equipo de la capital. Resulta que 124 años después, cuando ambos clubes se han medido en 264 partidos oficiales, se presenta un nuevo Clásico que podrá romper el equilibrio histórico absoluto. Porque Barcelona y Real Madrid acumulan 106 victorias cada uno. Es precisamente este dato el que aporta dimensión y atractivo al llamado Clásico.
Aunque la historia pone en contexto e imprime relevancia a este partido, todo lo ocurrido anteriormente será anécdotas cuando la pelota comience a rodar a partir de las 21.00 horas del domingo 25 de octubre de 2026 en el Camp Nou. “Por mi experiencia en los Clásicos y derbis que he jugado, lo que ha pasado antes no tiene mucho sentido”, corrobora Mourinho. El Barcelona, líder de LaLiga con seis puntos de margen sobre su archienemigo, tiene la oportunidad de prolongar su condición de invicto en la competición doméstica reforzando así su posición jerárquica.
El Barça se examina tras su primer tropiezo del curso
Los azulgranas llegan, eso sí, tras sufrir ante el Paris Saint-Germain su primera derrota de la temporada, un 4-2 en la Champions League que dejó al descubierto las dificultades que puede encontrar su defensa cuando el rival consigue atacar los espacios. “Estamos listos. Tengo buenas sensaciones. Los jugadores se han recuperado”, certifica Flick. En cualquier caso, ese tropiezo europeo introduce una incógnita en la preparación del Clásico, adonde por otra parte el conjunto culé acude con una producción ofensiva tremenda, una media de 4,33 goles por encuentro tras nueve jornadas del campeonato. Si bien, en defensa del equipo azulgrana cabe apunta que Flick admitió que preparó esa cita ante el PSG teniendo en cuenta el Clásico. Reservó, por ejemplo, a Rodri, erigido en mariscal de campo de este equipo.
La defensa parece ser el punto débil de este Barça. Para este Clásico, además, Flick no podrá contar con Eric García, Koundé y Christensen, ni tampoco con los también lesionados Dani Olmo y Bardghji. “Hay que defender mejor que en París”, sentencia el técnico alemán. Si bien, cuenta con un estilo de juego muy definido que no sufre grandes alteraciones con los cambios. El vestuario cree en su manual. No en vano, se ha impuesto en seis de los siete Clásicos que ha disputado desde que llegó al banquillo culé. Su desafío consistirá en evitar que la ambición ofensiva se convierta en una invitación al contragolpe.
Dudas sobre la propuesta de Mourinho
No sucede lo mismo con el Real Madrid, donde Mourinho no ha demostrado tener claro su once ideal. El portugués ha ido realizando pruebas en este arranque del curso y su alineación alberga más dudas. La ausencia más sonada es la de Vinicius, sancionado, a quien se suman las de los lesionados Mendy, Rodrygo y Asencio. Además, existe incertidumbre sobre la propuesta de juego, que estará condicionada precisamente por la elección de los jugadores. Técnica o músculo en el centro del campo, esa es la cuestión. “De los planes o estructura, no respondo”, anticipa Mou para no dar pistas.
El Madrid asiste con el impulso anímico de la autoritaria victoria frente al Leipzig (4-1) en Champions. Aunque este partido también dejará en herencia un handicap, a juicio de Mourinho. “Estamos perdiendo 24 horas de reposo”, protestó días atrás el portugués porque su equipo jugó competición europea el miércoles y el Barça hizo lo propio el martes. Al margen de las quejas, la necesidad del Madrid es imperiosa. Una derrota significaría un duro varapalo que derivaría en nueve puntos de diferencia; demasiado a estas alturas del curso. El luso afirma que “llegamos bien”. No obstante, tampoco dibuja una hipotética derrota como algo definitivo. ¿Será la prueba del algodón? “No lo es. El Madrid con Mourinho gana títulos”, responde el entrenador, que se disfraza de héroe para captar confianza antes de asumir cualquier resultado.
Lamine Yamal y Kylian Mbappé, duelos de dos aspirantes al Balón de Oro.
Duelo de aspirantes al Balón de Oro
En el plano individual existirá también un duelo entre dos de los grandes aspirantes al Balón de Oro que se otorgará este lunes. Lamine Yamal suma diez goles y diez asistencias en sus últimos diez encuentros oficiales; Kylian Mbappé acumula doce goles en diez enfrentamientos contra el conjunto azulgrana. Son argumentos para señalar que serán protagonistas, para bien o para mal.
Así, el resultado no decidirá el título en octubre, pero sí puede alterar el ambiente: una victoria azulgrana abriría una brecha considerable, mientras que un triunfo madridista resolvería dudas devolviendo la pelea por el liderato con un margen apenas considerable. En ese equilibrio se juega buena parte del valor de este Clásico, en el que “todo el mundo, millones de personas, tiene puesta la mirada. Personas de diferentes culturas, generaciones…”, dice Flick, que recurre a un tópico que no deja de ser una realidad: “son tres puntos, pero es mucho más”. Para empezar, puede desequilibrar la balanza histórica que se instauró aquel 13 de mayo de 1902.