Vida y estilo

30 años del mayor escándalo de la crónica social

396 fotografías piscineras, una stripper, un vídeo vendido en VHS y una supuesta trampa convirtieron aquel tórrido verano de 1996 en uno de los episodios más inolvidables de la historia del papel couché
La traición de Daniel Ducruet le costó su matrimonio con Estefanía de Mónaco. / Archivo

Si en 1996 hubieran existido Instagram, X, TikTok y WhatsApp, probablemente aquel 5 de agosto se habría caído internet. ¡Pero ni falta que hicieron! Bastó una piscina, varios fotógrafos estratégicamente colocados y Daniel Ducruet, marido de Estefanía de Mónaco, haciendo exactamente lo que jamás debería consumar el cónyuge de una princesa cuando existe una cámara cerca.

30º aniversario

Este mes de agosto de 2026 se cumplen treinta años de uno de los mayores escándalos de la crónica social europea. ¡Y mira que hemos visto cosas! El protagonista, ya lo saben, Daniel Ducruet, antiguo guardaespaldas de los Grimaldi y marido desde hacía apenas un año de la hija pequeña de Rainiero III. La tercera pata de aquel inolvidable triángulo: Fili Houtteman, la stripper belga con la que terminó protagonizando unas tórridas imágenes en la piscina de una villa cercana a Montercarlo.

Pero para entender semejante sainete hay que retroceder años atrás. Ducruet no era precisamente el yerno que Rainiero habría diseñado para su hija (preferida, según las malas lenguas). Antes de entrar en el equipo de seguridad de los Grimaldi había trabajado como pescadero y dependiente de una tienda de animales. A finales de los ochenta comenzó a proteger a Estefanía y ocurrió aquello tan peligroso del roce y el cariño. El príncipe nunca vio aquella relación con entusiasmo y llegó a distanciarse de su hija, pero Estefanía estaba enamorada. Y mucho...

Pese a todo, el matrimonio parecía funcionar hasta que llegó aquel agosto del 96. Archivo

La princesa llegó a asegurar que Daniel era el único hombre que le había proporcionado “calma, seguridad, madurez y amor”. Tuvieron a Louis en 1992, a Pauline en 1994 y terminaron casándose civilmente en 1995. El problema es que el historial sentimental de Ducruet ya daba para una sobremesa completa: en 1992 llegó a convertirse en padre de dos niños con dos mujeres diferentes con apenas meses de diferencia. Pero aun así, el matrimonio parecía funcionar hasta que llegó aquel agosto del 96.

La escena podría formar parte de la peor comedia italiana. Houtteman había conocido a Ducruet unas semanas antes en un circuito automovilístico belga. Después, con supuesta alevosía y premeditación, llegó una invitación para celebrar un supuesto cumpleaños en una villa de Villefranche-sur-Mer. Daniel acudió acompañado de su guardaespaldas, para quien también había convenientemente preparada otra sorpresa. Y alrededor de la piscina comenzaron los juegos, los trotes y galopes. Lo que sucedió después acabó retratado en decenas de fotografías. Concretamente, en 11 rollos de película de 36 exposiciones cada uno, lo que dio como resultado 396 fotos comprometedoras del encuentro.

La revista italiana Eva Tremila consiguió la exclusiva y las imágenes dieron rápidamente la vuelta al mundo. En el Estado, Interviú convirtió el asunto en un acontecimiento sin igual bajo un titular imposible de olvidar: “Estefanía de Mónaco, traicionada”. Y aquello no terminó en el quiosco. La revista adquirió también el vídeo y comercializó revista y cinta VHS conjuntamente por 975 pesetas.

Por el material se llegaron a pagar cantidades mareantes. Interviú desembolsó unos 300.000 francos -alrededor de 45.700 euros- por los derechos que adquirió. Aquella piscina terminó resultando bastante más rentable que cualquier apartamento con vistas.

Ducruet, por su parte, reconoció la infidelidad, pero desde el principio aseguró haber sido víctima de una emboscada. Su explicación añadió todavía más ingredientes al culebrón: sostuvo que alguien había introducido una sustancia en su bebida que alteró su comportamiento. La justicia sí terminó acreditando años después que detrás de las imágenes existió una operación orquestada para obtener material íntimo. En el año 2000, los responsables fueron condenados y Ducruet recibió una indemnización. Ganó aquella batalla judicial, pero para entonces había perdido la guerra (sentimental). Estefanía solicitó el divorcio y el matrimonio terminó oficialmente en octubre de 1996. Apenas quince meses después de la boda.

Lo curioso es que el tiempo acabó rebajando aquel incendio. Estefanía y Daniel reconstruyeron una relación cordial por sus hijos y han compartido posteriormente acontecimientos. Él rehízo su vida y terminó casándose de nuevo; ella continuó protagonizando una existencia tan libre como imprevisible.

Treinta años después, Ducruet sigue lamentando cómo terminó todo. “Tal vez nos habríamos divorciado de todas formas”, reconocía recientemente, “pero en aquel momento estábamos locamente enamorados”. Probablemente esa frase sea el mejor resumen de aquel verano. Porque hoy cualquier infidelidad puede acabar fotografiada por un teléfono móvil y recorrer el planeta en segundos. Pero pocas volverán a tener una villa alquilada, paparazzis escondidos, una princesa de Mónaco, 396 fotografías, un juicio y hasta una cinta VHS. Aquello no fue simplemente un cuerno. Fue la corneta real con mayor producción de la historia.

23/08/2026