Un tomate que empieza a ablandarse, un trozo de queso que quedó de otra cena y una lámina de hojaldre pueden tener un destino común. Estos hojaldres de tomate, mozzarella y orégano permiten aprovechar ingredientes que tenemos a mano y convertirlos en pequeños bocados con sabor a pizza. La particularidad está en el montaje: se preparan con el relleno debajo y la masa encima, y se les da la vuelta después de hornearlos.
La receta admite tomates maduros que todavía estén en buen estado, aunque ya no resulten tan firmes para una ensalada. También podemos utilizar unos cuantos tomates cherry, cortados por la mitad, y sustituir la mozzarella por restos de un queso que funda bien. No hace falta reunir varios tipos ni comprar un relleno especial: con tomate, queso y orégano tenemos la combinación básica.
El resultado sirve como aperitivo para compartir o como cena acompañado de una ensalada. Si queremos aprovechar algún ingrediente más, podemos añadir al final unas aceitunas picadas o pequeños trozos de jamón cocido que tengamos en la nevera. Conviene hacerlo con moderación para que los hojaldres no queden demasiado cargados.
Elaboración
Para preparar seis unidades.
Ingredientes:
- 1 lámina rectangular de hojaldre.
- 2 tomates medianos.
- 125 g de mozzarella.
- 1 cucharada de aceite de oliva.
- Orégano al gusto.
- Sal al gusto.
- 1 huevo para pincelar la masa (opcional).
Precalentamos el horno a 200 grados, con calor arriba y abajo, y cubrimos una bandeja con papel de horno. Cortamos los tomates en rodajas finas y las colocamos sobre papel de cocina para retirar parte de su humedad. Escurrimos la mozzarella, la cortamos y la dejamos también sobre papel absorbente.
Dividimos el hojaldre en seis rectángulos y los colocamos sobre una bandeja cubierta con papel de horno, separados entre sí. Repartimos sobre cada uno dos o tres rodajas de tomate, ligeramente solapadas, y añadimos un poco de aceite, una pizca de sal y orégano. Dejamos un pequeño borde de masa libre alrededor del relleno para que el hojaldre pueda subir durante la cocción. Pinchamos el centro un par de veces con un tenedor para que no se infle en exceso y, si utilizamos huevo, pincelamos la superficie.
Una receta versátil que permite variar el relleno y aprovechar los ingredientes que tenemos en la nevera.
Horneamos durante 20-25 minutos, aproximadamente, hasta que la masa esté dorada y cocinada. Dejamos reposar dos o tres minutos y damos la vuelta a cada pieza con ayuda de una espátula, despegando el papel con cuidado.
Repartimos la mozzarella sobre el tomate y devolvemos los hojaldres al horno unos minutos, lo justo para que el queso se funda. Terminamos con un poco más de orégano o unas hojas de albahaca, si tenemos, y servimos calientes.
¿Sin horno? También en freidora de aire o sartén
En freidora de aire: precalentamos a 180 grados y cocinamos los hojaldres en tandas, sin amontonarlos, durante unos 12-16 minutos, hasta que la masa esté dorada y cocinada. Utilizamos papel de horno apto, recortado al tamaño de las piezas y siempre sujeto por ellas. Después, les damos la vuelta, añadimos la mozzarella y cocinamos otros 2-3 minutos para fundirla.
Del hojaldre al horno: el paso a paso de una receta sencilla con tomate y queso.
En sartén: cambiamos el montaje y hacemos paquetitos cerrados, con el tomate bien seco, la mozzarella escurrida y el orégano dentro. Sellamos los bordes y los colocamos en una sartén antiadherente ligeramente engrasada. Cocinamos a fuego bajo, con tapa, unos 8-12 minutos por cada lado, vigilando que no se quemen y que la masa quede hecha. Destapamos al final para que salga el vapor. El acabado será menos hojaldrado que en el horno.
El truco: aprovechar el tomate sin empapar la masa
Un tomate maduro aporta sabor, pero también puede soltar bastante agua. Cortarlo fino, secarlo y utilizar una capa moderada ayuda a que el hojaldre se cocine bien. Si tiene mucho líquido alrededor de las semillas, podemos retirar parte antes de colocarlo en la bandeja.
La mozzarella se incorpora después del primer horneado para controlar mejor la humedad. Debe estar bien escurrida; si utilizamos un queso más seco que funda bien, bastará con rallarlo o cortarlo fino. Tampoco conviene añadir salsa de tomate: las rodajas ya aportan el sabor y el jugo necesarios.
Mantener la masa fría hasta el momento del montaje y respetar la temperatura indicada en su envase ayudará a que suba y forme sus capas. El tomate debe estar maduro, pero sin moho ni signos de deterioro: aprovechar consiste en utilizarlo a tiempo.
Estos hojaldres admiten alternativas como el jamón y permiten aprovechar los ingredientes que quedan en la nevera.
La próxima vez que quede un tomate suelto en la nevera, puede ser el comienzo de la cena. Un poco de queso, orégano y una lámina de hojaldre bastan para darle otra salida, con margen para incorporar pequeños restos que combinen bien (Pesto, jamón serrano, aceitunas, bacón, todo tipo de quesos... ) Lo mejor es preparar las unidades que vayamos a comer y servirlas recién hechas, cuando la masa todavía cruje y el queso está fundido.