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El sedimento de las emociones, el hojaldre de las palpitaciones que brotan en cascada, sin muro de contención posible, necesita tiempo y espacio para asentarse y convertirse en un flysch sereno, sólido y resistente que perdure.
A Ion Izagirre y Pello Bilbao, finalizado su excelso caminar por el ciclismo, donde han dejado una huella profunda en lo competitivo y, sobre todo, en lo emocional, donde su ausencia será todavía más notoria y tendrá mayor el eco que deja su vacío, la conmoción de un final soñado, elegido el momento y el modo del cierre, les tocó la fibra, les acarició y el corazón y les nutrió el alma.
Fue el suyo, amantes impúdicos del ciclismo, un final agradecido. Obtuvieron de vuelta el regalo del cariño, la admiración, el respeto y la pasión con la que ellos vivieron el ciclismo durante más de tres lustros formidables.
Recibieron el de Ormaiztegi y el de Gernika el amor y a complicidad de los suyos, a Il Lombardia viajaron sus familias para arroparles en el ocaso. Sus respectivos equipos, el Cofidis y el Bahrain también se sumaron al homenaje.
Una bici única
En el caso de Izagirre, el ciclista guipuzcoano recibió como obsequio de su formación una bicicleta decorada con la ikurriña, con un eskerrik asko serigrafiado en el cuadro y el recuerdo de sus victorias impreso en la geometría de una bici especial y, sobre todo, única. Museística, para siempre. Directa al corazón.
“He vivido muchísimas emociones. El simple hecho de estar en la línea de salida de esta carrera ya era un gran logro, teniendo en cuenta mi muñeca fracturada. Después, intenté darlo todo. Toda mi familia estaba allí en la meta. Estoy muy feliz de haber podido compartir estos momentos con los corredores, el personal y mis seres queridos. ¡Y creo que seguiré disfrutándolos durante un tiempo más!”, subrayó el guipuzcoano, que en la cena de equipo le esperaba una tarta y el agradecimiento de su formación el Cofidis, donde el ciclista ha militado los últimos cinco cursos. El último ha sido testigo de su tercer laurel en el G.P. Miguel Indurain y en el Memorial Marco Pantani.
A Pello Bilbao, que compitió con ferocidad en el Il Lombardia para concluir en un notable séptimo puesto, su escuadra le preparó un vídeo y la visita sorpresa de su familia más cercana, mujer e hijos, en el bus del equipo durante la reunión de ciclistas. El gernikarra recibió el cariño y la ovación por parte de sus compañeros del Bahrain.
El sentimiento embargó, arrebatador, al gernikarra, conmovido hasta los adentros, en ese instante tan especial y único. No pudo sostener la mirada acuosa Pello Bilbao. Las lágrimas le abrillantaron la mirada. Tuvo que atemperar ese torbellino de sensaciones para concentrarse en la competición y dar lo mejor de sí mismo.
Pello Bilbao, en el momento del pasillo de honor antes de comenzar su última carrera.
Un día inolvidable
“Terminar de esta manera fue lo mejor que podría haber pedido. Fue un día inolvidable. Estaba muy emocionado cuando mi mujer y mis hijos me sorprendieron subiendo al autobús del equipo durante nuestra reunión. No pude contente las lágrimas, pero luego me concentré en carrera. Fue un día inolvidable”, destacó Pello Bilbao, que mostró el agradecimiento que llevaba dentro después de ofrecer lo mejor de su repertorio en el Monumento italiano, en el que rodó con los mejores. El gernikarra quería mostrarse competitivo hasta la última pedalada. Era su deseo. Lo consiguió.
“Gracias a todos mis compañeros, al personal y a los directores. Para mí, este equipo ha sido como una gran familia y he disfrutado muchísimo de esta experiencia con ellos. Pude dar lo mejor de mí, competir con pasión y entrega, y disfrutar de este deporte tan especial. El ciclismo me ha dado muchísimo y siempre estaré agradecido por ello”, cerró el gernikarra tras redactar los últimos párrafos de su biografía competitiva.
En Il Lombardia se fueron dos ciclistas superlativos por muchos motivos. Con ellos se extingue parte de una era y una generación dorada del ciclismo de Euskal Herria, que ha tenido en Ion Izagirre y Pello Bilbao a unos sobresalientes y distinguidos representantes. A la altura de sus figuras, el suyo fue un adiós monumental.