Actualizado hace 9 minutos
Jamás perdió el instinto ganador. Es algo innato. Es su esencia. Pero por primera vez esta temporada puede practicar las celebraciones. Max Verstappen consolidó la recuperación de Red Bull con su segunda victoria del año, ambas consecutivas. El Gran Premio de Singapur se desarrolló a capricho, con liderazgo de inicio a fin, con el ritmo que se le antojó en cada momento, sin amenazas, sin ser intimidado. Dominante con la prueba del sábado al esprint. Implacable. Lo de Sepang no fue una anécdota. En Marina Bay se reafirmó el progreso de un monoplaza que promete guerra de aquí al final de la temporada, porque estos éxitos han llegado en escenarios bien distintos. En la pugna por el campeonato, Kimi Antonelli volvió a adquirir ventaja con su tercera posición. Ya son 102 puntos sobre George Russell, que finalizó noveno. Esta diferencia le permite llegar a la próxima cita, en Austin, con opciones de proclamarse campeón; para ello debería ganar, que su compañero de Mercedes sea noveno o peor y que Lewis Hamilton no esté entre los cuatro primeros.
El lanzamiento de la carrera se dio sin sobresaltos. Los seis primeros pilotos conservaron sus posiciones. Charles Leclerc, desde la segunda posición, amenazó a Verstappen por la zona interior al enfilar la primera curva. Pero neerlandés se defendió con maestría por el exterior para ratificar su liderato en el segundo ángulo.
El Red Bull de Max Verstappen.
Verstappen impone el ritmo
Verstappen activó el compás. Comenzó a controlar el ritmo y el consumo de los neumáticos. Impuso una carrera lenta, al estilo de lo que suele suceder en Mónaco. El ratonero circuito de Marina Bay apenas concede oportunidades de adelantamiento. Consciente de ello, el tetracampeón no quiso comprometer sus calzos a la espera de incrementar la velocidad antes de realizar la primera visita al garaje para adquirir margen y protegerse de un undercut.
Los Ferrari trataban de mantenerse en contacto con el Red Bull. En la sexta de las 62 vueltas, Verstappen firmó la vuelta rápida en lo que aparentaba ser un cambio de ritmo. Por primera vez abrió una brecha superior a un segundo sobre Leclerc. Pero el monegasco recuperó el terreno de inmediato. Max reanudó el proceso de calma. Las vueltas se consumían de forma anodina.
A medida que se cercaba la primera parada de Verstappen, el ritmo creció. En el giro 15, Leclerc se distanció a casi tres segundos. Por primera vez, se estiraban las diferencias en las posiciones de cabeza. Hamilton también se desprendía de Leclerc; se alejaba por encima de los cuatro segundos. El bajo ritmo del piloto británico hizo que Antonelli se pegara a su caja de cambios y que Lando Norris, a su vez, se solapara al líder del campeonato. No obstante, ninguno se prestaba a adoptar una maniobra arriesgada.
Russell, atascado
La evidencia de la incapacidad para ganar posiciones era George Russell. El segundo clasificado del Mundial partió desde la decimonovena pintura penalizado por un cambio de unidad de potencia. En la quinta vuelta solo pudo avanzar hasta el decimoquinto lugar. En la vigésima vuelta era duodécimo. Su empeño de avivar el duelo por el título se veía frustrado por un escenario nada propicio para una gran remontada.
La realización se olvidó de Verstappen, que fue ampliando su ventaja de forma irremediable. Estaba en otra galaxia. Leclerc realizó el cambio de gomas en la vuelta 25, cuando perdía más de nueve segundos con la cabeza de carrera.
Entonces Ferrari elevó la escasa emoción que venía brindando Singapur. La diferencia de estrategia permitió a Hamilton acercarse intimidante a Leclerc. Entonces solicitó paso. “Necesito usar esta velocidad”, reportó Lewis. Charles espabiló para no tener que ceder la posición. En juego estaba el segundo puesto.
Verstappen estiró su primera y única parada hasta el giro 33. Abandonó el pasillo de boxes con casi cinco segundos de margen sobre Leclerc. Por si hubiera alguna sobre su superioridad, registró una nueva vuelta rápida. Nadie podía detenerle. “Teníamos ritmo. Es genial esta tendencia al alza. La motivación está en el equipo. Espero que podamos divertirnos un poco más de aquí al final de la temporada”, manifestó Mad Max.
Leclerc, por su lado, admitió el dominio ajeno: “No se podía hacer mucho más; quizás ser más agresivo en la primera curva”. Fue la única fisura que pudo conceder Verstappen.
Antonelli accede al podio
Antonelli rodaba en tierra de nadie, cuarto. Un pequeño fallo en sus frenos aportó incertidumbre. Pero de pronto, el desfallecimiento de los neumáticos de Hamilton le abrió las puertas del podio. El italiano se dio paso sin titubear. Ascendió al tercer peldaño del podio. Rodó con la amenaza de recibir una penalización por superar los límites de pista, pero eso no impidió un excepcional resultado dadas sus circunstancias. Volvió a protagonizar un triunfo moral, porque amplió su liderato en el Mundial de los 89 puntos hasta los 102. “¿En serio puedo ser campeón? Bueno, no me voy a preocupar de eso y trataré de hacer el mejor fin de semana posible”, expresó con su inocente rostro y adolescente sonrisa.
En la vuelta 39, un problema mecánico del monoplaza de Lance Stroll provocó la aparición de un virtual safety car. Era el quinto abandono consecutivo para el canadiense y el sexto en las siete últimas citas. Nueva drama para Aston Martin. Fernando Alonso, mientras, acabó decimosexto.
Hamilton se condenó a sí mismo tras tener un podio garantizado. La estrategia fue letal. Realizó la parada demasiado pronto y, por su decisión de cambiar solo una vez las gomas y no de Ferrari, tuvo que estirar la vida de los calzos blandos demasiadas vueltas. Así, se vio superado primero por Antonelli, después por Lando Norris y finalmente por Oscar Piastri para finalizar en la sexta plaza.