Vida y estilo

“Tu DNI no sabe cuántos años tienes realmente”

Vivimos tiempos de edad difusa. vivimos más, con mejor salud y mayor autonomía. Los avances médicos y los nuevos hábitos de vida nos obligan a replantearnos la vejez haciéndonos a cualquier edad la misma pregunta: ¿qué quieres ser de mayor? Nos responde P
Estupinyà, posando con su nuevo ensayo ensayo ‘¿Qué quieres ser de mayor?’. / P.E.

“La revolución de la longevidad no es solo biológica/médica, sino también psicológica y cultural”. Con esta idea, Pere Estupinyà aborda en ¿Qué quieres ser de mayor? uno de los grandes cambios demográficos y sociales del siglo XXI: cómo el aumento de la esperanza de vida está redefiniendo la manera de entender la edad y las distintas etapas vitales.

Quién es

Tras estudiar química y bioquímica, Pere Estupinyà (Tortosa, 1974) abandonó su doctorado en genética para dedicarse a la difusión del conocimiento científico. Ha sido Knight Science Journalism Fellow en el MIT y ha trabajado en los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos. También es editor del programa Redes de TVE. Entre sus publicaciones destacan El ladrón de cerebros, La ciencia del sexo, Comer cerezas con los ojos cerrados, y ahora el ensayo ¿Qué quieres ser de mayor?

Matusalén es referente vital, pero el año bíblico no es solar. Mi DNI, las células, la vida social… Cada cual canta su edad. ¿Cuál es mi edad de verdad?

La edad de verdad es la biológica y la subjetiva; la del DNI seguro que no, porque solo es una referencia. Nuestras células no cuentan años sino errores de la comunicación celular en los telómeros, membranas y mitocondrias, lo que marca que funcionen mejor o peor, que estén más o menos envejecidas. Nuestra edad de verdad es la de las células, no por años, sino por acumulación de errores; y la edad subjetiva, la que nosotros autopercibimos, muestra de salud, espíritu, ganas de hacer cosas... Podría ser incluso más importante que la edad celular.

Tras leer su libro casi entran ganas de ser mayor. Frente al apogeo social de lo joven, ¿de verdad merece la pena llegar a ser mayor?

Sí. Lo planteo, pero no porque elabore teorías propias sobre la longevidad, sino porque indago y divulgo la información científica más rigurosa que muestra que los 40-55 años son para muchos la etapa de menor bienestar vital al coincidir presiones laborales, económicas, familiares y sociales que generan mucho desgaste. Sin embargo, a partir de los 55-60 años se abre una nueva etapa –tercera edad o gerontolescencia– en la que muchas presiones disminuyen. La salud suele ser buena, todavía hay energía, ganas de hacer cosas y, además, las relaciones sociales mejoran y la vida presenta otras perspectivas. Por eso merece la pena hacerse mayor. Si cuidamos la salud física y la psicológica, esta etapa puede ser larga, activa y satisfactoria. Cuestión distinta es cuando llega la verdadera vejez, asociada ya a la fragilidad y la dependencia.

Seis reglas de oro como magnífico desiderátum de longevidad; ¿cumplir todas o cuántas para seguir siendo solo mayores y no viejos?

Puedes llevar una vida saludable y, aun así, recibir un diagnóstico grave. La longevidad saludable no es garantía individual frente a la enfermedad. La ciencia no ofrece certezas absolutas, sino que identifica patrones y aumenta probabilidades. Y nos dice que quienes mantienen hábitos saludables envejecen con mejor salud; que cuidar la salud mental, prepararse financieramente y contar con una buena red social y afectiva permiten afrontar mejor la vejez; del mismo modo que tener intereses, proyectos, ocio o vínculos sociales evitarán el vacío al dejar el trabajo, especialmente en algunos hombres que han construido su identidad en la vida laboral. Nada de esto garantiza la felicidad para todos ni evita la enfermedad, pero sí aumenta considerablemente las probabilidades de vivir más años con bienestar y autonomía.

Teófanes, fumador, bebedor…, murió con 103 años. Su esposa, todo lo contrario, murió a los 52. Atraen sus propuestas vitalistas, pero... ¿y dejarse llevar como Teófanes?

Los Teófanes son una minoría con genética excepcionalmente favorable. Los estudios sobre centenarios y supercentenarios muestran que poseen variantes genéticas protectoras frente al daño celular, la inflamación o ciertas enfermedades. Sus ventajas se relacionan con mayor capacidad para detoxificar sustancias o resistir procesos del oxidación. Su genética privilegiada les permite mantener hábitos poco saludables y aun así vivir muchos años; pero son la excepción. Para la mayoría, la longevidad, más que de una genética extraordinaria, depende de sus hábitos de vida; el 80% del envejecimiento saludable está relacionado con alimentación, ejercicio, sueño, estrés, relaciones sociales o el consumo de tabaco y alcohol. La genética influye, pero en la mayoría lo decisivo no es tener buenos genes, sino los hábitos.

“Para ser feliz ten grandes expectativas/ilusiones y pocas necesidades”, el carpe diem. ¿Es buena máxima para vivir más y mejor?

Sí, pero no es exactamente el carpe diem. En el ámbito laboral los objetivos son para cumplirlos, pero con la felicidad resulta mejor tener objetivos que cumplirlos. El bienestar está más en el camino que en la meta. En ese proceso largo y saludable, tener objetivos, ilusiones y propósitos vitales nos mantiene motivados. Sí, es mejor tener sueños que acumular recuerdos; las dos cosas son importantes, pero necesitamos metas, proyectos y razones que nos empujen a seguir activos, ilusionados y motivados.

El doctor Rojas Marcos constata que la mayoría de los mayores son felices. ¿Cómo se explica con los achaques y limitaciones de la edad?

Diferenciemos la tercera y la cuarta edad. La cuarta llega con las enfermedades serias, problemas de movilidad o deterioro cognitivo y entonces, evidentemente, la felicidad disminuye. Pero antes de ese momento –hacia los 85 años– existe una etapa, entre los 60-80, llamada tercera edad, donde hablo de personas mayores, no de viejos. Viejo es quien pierde autonomía y no puede hacer lo que desea. En la tercera edad el cuerpo no responde como a los 30 años, pero todavía existe independencia y bienestar. Y aparecen otros factores de felicidad: menos exigencia, más serenidad y consciencia con el tiempo y con uno mismo.

Las mujeres tenemos mayor esperanza de vida. ¿A qué lo achaca? 

Las mujeres se relacionan más entre ellas, mantienen redes de apoyo más fuertes y ante un problema piden ayuda con más facilidad. Esto las mantiene más activas emocional y socialmente. Además, ellas siguen mejor las recomendaciones médicas, son más constantes con la medicación, revisiones y cuidados. Parecen detalles menores, pero a ciertas edades marcan una gran diferencia.

¿Charlatanes/influencers nos hacen olvidar lo elemental, que la salud se cuida con medicina preventiva, buena alimentación y confianza en la ciencia?

Más que a olvidarnos nos desorientan. En redes sociales priman la sorpresa y originalidad, quien diga lo mismo que el resto no es viral. Y algunos, sin ningún escrúpulo, difunden mensajes llamativos pero falsos; dietas y suplementos milagrosos…, y estos mensajes impactantes circulan más rápido que la información científica; esto distorsiona el mensaje sobre la salud. 

Si la dependencia marca la frontera personal tercera/cuarta edad, ¿dónde pondría la frontera socialmente?

Los geriatras utilizan el término fragilidad para describir el momento en el que aparecen sin reversión la sarcopenia, problemas de movilidad o el deterioro cognitivo que provocan la dependencia. Para el médico, la fragilidad es la frontera entre la tercera y la cuarta edad. En el plano social, necesitar ayuda supone un replanteamiento vital familiar, con el entorno y la propia economía; es una nueva etapa en la que cada persona redefine su papel vital y las circunstancias socioeconómicas y familiares de cada cual. Socialmente esa transición sí se percibe, aunque la española sea una de las sociedades donde mejor se cuida a las personas mayores, uno de los países más longevos del mundo, aunque no de los que disfrutan de más años de vida saludable, porque otros tienen más años con salud, pero viven menos años. ¿Paradoja? No, porque aquí el cuidado familiar y social prolonga la vida de nuestros mayores incluso en esa cuarta edad más frágil y dependiente.

Con los 100 años o más en razonable expectativa, ¿qué cambios sociales se avecinan? ¿Se alargará la edad de jubilación… sine die?

La edad de jubilación irá ampliándose con la esperanza de vida. Con 51 años asumo mi jubilación más tarde que generaciones anteriores. La cuestión no es retrasar la jubilación, sino encontrar fórmulas más flexibles de jubilación: parcial, progresiva, compartida, adaptada. Mantener cierta actividad es positivo física y mentalmente, aunque depende del tipo de trabajo. Lo que no es razonable es obligar a retirarse a quien tiene buena salud, experiencia y ganas de seguir solo por haber alcanzado una cierta edad. La sociedad ha de buscar fórmulas para aprovechar ese talento y hacer sostenible el sistema para todos.

Se alarga la expectativa de vida; ¿podemos tener problemas de recambio generacional? ¿O lo sustituirá la ciencia vía El mundo feliz de Huxley? ¿O la IA?

Sin inmigración tendremos un serio problema de recambio generacional. En España hace años que mueren más que nacen. La población crece gracias a la llegada de gente de fuera que trabaja, cotiza y sostiene en parte el sistema; sin esa aportación, la nuestra sería una sociedad todavía más envejecida. Es verdad que la IA y la robótica pueden ayudar y dentro de unos años tendremos asistentes robóticos en hogares, hospitales o residencias. Aliviará en parte los cuidados y labores domésticas. Pero no creo en la visión utópica, más bien distópica, de un mundo feliz completamente resuelto por la tecnología. La IA y los robots realizarán tareas, pero no sustituirán al humano, especialmente en el cuidado, acompañamiento o relaciones sociales. El desafío está en combinar tecnología, inmigración y adaptación social para la sostenibilidad de una sociedad cada vez más longeva.

Todos querríamos preguntarnos siempre ¿qué quieres ser de mayor? Pero mirando al futuro longevo, ¿a quién dirigiría especialmente su libro?

A inmortalistas, no. De hecho, en el futuro habrá más personas mayores, pero menos viejos. La frontera tercera/cuarta edad será más relevante, porque habrá mucha gente con más años, pero también con mayor autonomía, más salud y con un papel activo en la sociedad. Por eso dirijo este libro especialmente a personas de mi generación, los de 40/50 años que empiezan a tomar conciencia de que hay que prepararse para esa etapa. Y muy en especial, a los de 60/70 años que están descubriendo que les queda más vida –y posibilidades– de las que imaginaban.

20/06/2026