Gipuzkoa

Sonrisas y lágrimas de felicidad han llenado las calles de Irun

Los participantes de los dos Alardes han llevado su orgullo irundarra por todos los rincones del municipio
Instante en el que arrancaba el Alarde tradicional de Irun, el primero de la mañana
Instante en el que arrancaba el Alarde tradicional de Irun, el primero de la mañana / Ruben Plaza

Actualizado hace 4 minutos

Eran las 4.00 horas, cuando las primeras notas de la alborada daban inicio al siempre especial día 30 de junio. Poco a poco, las calles se llenaban de gente vestida de blanco, negro y rojo. Irun muchas veces tiene ciertos estigmas proferidos desde otros lugares, es una localidad vista en muchas ocasiones desde un prisma despectivo. Pero sus habitantes se sienten orgullosos de pertenecer a ella. Por ello, el día de San Marcial va más allá de una simple fiesta. Es pasión, y no hay más que hablar con sus habitantes. En esta ciudad hay conflictos, sí, pero el sentir de todos y todas es claro: Irun es lo mejor que hay.

Momentos emocionantes desde primera hora

A las 7.40, Kimetz Esnaola ha sacado a relucir su dominio del cornetín. Su estreno en la arrancada se puede definir con una palabra: perfección. “Han sido unos momentos muy emocionantes y muy bonitos”, ha afirmado, reconociendo que “había nervios” en los instantes previos.

El toque de corneta ha provocado las primeras lágrimas. La cantinera de Meaka, Maialen Legorburu, ha entrado muy emocionada en la plaza San Juan. “Está toda mi familia viéndome desde el balcón, entonces es un momento especial”, ha señalado con su hermano y su padre al lado, también muy felices. Su homóloga de Behobia, Naia Fraile, también ha vivido un sueño desde primera hora de la mañana. “Está siendo todo muy emocionante, encima la Diana me la han tocado mis hermanos”, ha contado con una sonrisa de oreja a oreja.

"¡De San Miguel al cielo!"

Francisco Cansado ha sido el encargado de llevar el pendón, conmemorando el 125. aniversario de la compañía San Miguel. Para él “es un honor, una ilusión y me siento agradecido”.La idea la tenía clara: “Esperemos que todos disfrutemos, que vayan las fiestas en paz, y en honor a la compañía… ¡de San Miguel al cielo!”.

Pero no hace falta tener un cargo para que el 30 de junio sea especial. Cada año, para los irundarras lo es. Gaizka, soldado de Uranzu, ha afirmado de manera rotunda que “es el día más grande del año, una gozada desde la mañana hasta el último segundo”. Para él, es una fiesta de cuadrilla y familiar: “Voy con mi padre y con la panda de golfos de mis amigos”, ha afirmado sin ningún pudor, mandando un recado a un amigo “que falta porque está currando, ¡él se lo pierde!”. Pecado imperdonable, por otro lado, de obligado cumplimiento.

Distinta mirada, misma pasión

Concluido el Alarde tradicional, ha arrancado el público, con momentos igual de emotivos en el 30 aniversario. La cantinera de la Banda, Maddi Ugarte, estaba disfrutando desde primera hora. No tuvo ocasión de realizar ensayos previos, y “cuando ha venido a buscarme la banda ha sido súper emocionante, y el momento de salir al balcón impresionante”, decía con visible emoción. Junto a ella se encontraba su madre, Merche, contenta de “poder vivir el Alarde de otra manera”. Un plan madre e hija para toda la vida.

En el caso de la cantinera de Bidasoa, Nere Estonba, la primera lágrima ha sido madrugadora, aunque en la plaza San Juan no se le iba la sonrisa. De hecho, ha reconocido que “he llorado cuando mi hermano me ha tocado la alborada”. Resultaba casi imposible no hacerlo, pero “la sonrisa no se me va a ir en todo el día”.

A lomos de un caballo algo rebelde, pero controlable, cabalgaba Jokin Aranburu. Sin bajarse, confesaba que cada desfile supone “un día muy emocionante”, y esta edición aún más porque “reivindicaremos el 30 aniversario, y lo haremos más grande”. La tambor mayor, Leyre Lorenzo, coincidía en la magnitud de cumplir tres décadas, pero a su vez reconocía que “lo que me haría ilusión sería celebrar el primer año de un único Alarde igualitario”.

Una fecha emotiva

Uno de los momentos más emotivos ha sido la entrega de la bandera del pueblo a Iker Montero, en su último año como banderín de la compañía Bidasoa, ondeándola con lágrimas en los ojos al grito de "gora Irun!". Iker cuenta que "he estado casi todo el recorrido llorando, porque estoy super emocionado". Entre los ánimos de la gente ha recogido por última vez uno de los emblemas más importantes de la ciudad. "Lo asemejo a cuando vas a bajar una montaña rusa, porque la tripa y todo se te encoge, dejas de escuchas los tambores y los redobles", ha afirmado. Momentos sin duda especiales.

Para la alférez de San Miguel, Cristina Domínguez, la fecha resulta siempre “muy emotiva”. Le agrada especialmente observar las aceras cada vez con más gente, sobre todo si entre la multitud están “mis amigos y mi familia, esos nunca fallan”.

El calor no ha hecho mella en los participantes del Alarde público, como afirmaba Borja, soldado de Bidasoa, agradeciendo que no hubiera las temperaturas de la pasada semana. "Venimos de una semanita que, si nos llega a tocar, a saber qué hubiera pasado”. Mejor no pensarlo, es una jornada para disfrutar del momento y del presente.

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2026-06-30T18:55:55+02:00
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