Vida y estilo

“Se ha castigado a la mujer que no puede ser madre; queríamos otra mirada más realista”

La cineasta vasca Lara Izagirre traslada 'Yerma’ al euskera y al presente para abordar los conflictos de la maternidad desde una mirada femenina y contemporánea
La directora de cine bilbaina Lara Izaguirre en un momento de esta entrevista. / Miguel Acera

Hace nueve décadas, las balas del fascismo acallaron la voz de Federico García Lorca. No pudieron, sin embargo, silenciar su legado. Casi un siglo después de su asesinato, el poeta y dramaturgo continúa conversando con el mundo a través de una obra con la que se dialoga constantemente. Precisamente eso es lo que ha hecho el tándem creativo integrado por la dramaturga María Goiricelaya (Bilbao, 1983) y la cineasta Lara Izagirre (Amorebieta, 1985) con 'Yerma', una película que revisita la obra lorquiana para reflexionar, en euskera, sobre la maternidad, la infertilidad y los dilemas éticos en torno a la reproducción asistida a través del personaje de Mara (Ane Pikaza). Es un personaje ficticio, pero tras ella se encuentran las experiencias de cientos de mujeres entrevistadas por las autoras, cuyos testimonios han servido para acercarse a una realidad tan íntima como universal.

Casi cien años después del estreno de la obra de Lorca, parece que la maternidad continúa siendo un elemento central, casi definitorio, de la identidad femenina. ¿Sigue existiendo la percepción de que una mujer que no es madre está incompleta? 

-Un poquito sí. Por eso es importante que el cine empiece a representar otras formas de ser mujer, y por eso decidimos hacer Yerma. Habría que ver la película, pero hemos intentado generar otra imagen que nos parece más realista.

¿Y cómo han llegado a generar esa imagen?

-Para documentarnos, hemos entrevistado a un montón de mujeres que han querido ser madres y no lo han conseguido. Y hemos visto que eran mujeres valientes, completas, muy diversas… Es una experiencia que te atraviesa y te cambia la vida, pero hoy día, en comparación con esa España rural de Lorca, también han cambiado muchas cosas. Puedes ser una mujer completa, con una herida, pero como lo pueden ser otras cosas en la vida. 

¿Qué imaginario construye, junto a Goiricelaya, con su 'Yerma'? ¿Qué mensaje quiere que se lleve el espectador a casa?

-Trabajar con María ha sido un placer. Ella ya había hecho su adaptación teatral y fue quien me propuso hacer la película. Hemos sido co-guionistas y hemos ido alejándonos de Federico García Lorca y de su obra teatral de forma muy natural. El cine te da otras posibilidades. Queremos seguir perteneciendo al grupo de obras que forman el imaginario de Yerma y aportar una nueva mirada contemporánea y feminista. Además, me gustaría destacar que hemos estado muy arropadas por las mujeres que han compartido su experiencia con nosotras.

La película aborda temas asociados a la maternidad como la presión por ser madre, la infertilidad y la reproducción asistida. ¿Qué dilemas éticos le suscita esta cuestión y cómo los plasma en pantalla? 

-Ha sido complejo. La maternidad es una temática aparentemente blanca, aparentemente sencilla, pero hay un montón de temas que se cruzan como, por ejemplo, por qué esperamos tanto para ser madres, qué significa eso en los cuerpos de las mujeres o quién se beneficia de ese retraso. Hay muchos dilemas a los que, realmente, no hemos querido dar respuesta ni posicionarnos, sino ponerlos encima de la mesa, porque no hay una conversación pública ni un debate social sano en torno a ellos. 

La película pretende, por tanto, abrir grietas en ese muro. 

-Lo que pretende la película es abrir esta conversación, nunca definir qué es bueno o qué es malo, porque hemos hablado con muchísimas mujeres con experiencias igualmente diversas.

¿Y cómo diría que ha representado el cine a la mujer que no puede ser madre?

-Se ha representado muchas veces a la mujer que enloquece si no ha podido ser madre, también a la madrastra. En la ficción se ha castigado a la mujer que no puede ser madre; nosotras queríamos mirarlas desde un lugar más humano y realista, aportar otras miradas, compartir la historia y verla de cerca. Queríamos hacer una película cercana que pudiera empatizar con mucha gente y, a la vez, mostrar un nuevo modelo de mujer que no es madre. 

Entrevista a Lara Izaguirre, directora de cine. Miguel Acera

El mismo título de la obra de Lorca remite a algo seco. A un territorio baldío.

-Queríamos abrazar ese título y resignificarlo. Las cosas han cambiado. Para bien. Lorca lo hizo muy bien y acertó, pero pasan los años y todavía hay muchas cosas que todavía son tabú. Y es que la maternidad es un tema atemporal. Decía Lorca que hay historias que se borran detrás de los muros y que si salieran y gritasen cambiarían el mundo. 

Una parte significativa del rodaje ha transcurrido en la Facultad de Bellas Artes de la EHU. ¿Cómo ha vivido el regreso a la universidad? ¿Qué le aporta este espacio que no le daría un plató?

-Confío mucho en la energía que ya tienen los espacios naturales. No me gustan los platós. Creo que la energía de todas las personas que han vivido en esos lugares se queda. No pensé en otro lugar que no fuese la Facultad de Bellas Artes para poder rodar. En cualquier rincón notas esa energía.

Euskadi comienza a ser un escenario habitual en el cine. ¿Estamos construyendo una iconografía reconocible fuera o seguimos siendo solo un paisaje bonito? 

-No es lo mismo que yo ruede en Bilbao, cuando he vivido aquí, que lo haga otra persona, porque no va a tener esa vivencia que solo te proporciona el hecho de habitar el espacio. Nosotras hemos rodado en el Guggenheim y en las piscinas de la Alhóndiga, dos sitios muy turísticos, reconocibles. Pero yo sí he habitado esos espacios. Los conozco. Creo que no es lo mismo hacerlo desde fuera. Hay proyectos que se ruedan aquí pero que podrían rodarse en cualquier otro lugar. Ese es un cine que no me interesa porque, para mí, los lugares son muy importantes.

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¿Echa en falta más propuestas en euskera en la escena vasca? ¿Hay ambición por que el cine en euskera trascienda la frontera de lo local? El cine también construye identidades.

-Se está trabajando bien, pero echo de menos más propuestas. Desde el inicio, hemos tenido una visión internacional de la película. De hecho, Yerma es una coproducción internacional Euskadi - Grecia. Creo que no tenemos que tener miedo de lanzar proyectos en euskera. Si tú puedes vivir una determinada experiencia en un idioma, esa vivencia se convierte en universal. Podemos abordar cualquier temática desde el euskera, pero la industria vasca tiene que tener confianza para ir a otros lugares. Todo ello, eso sí, tiene que nacer desde la propuesta. 

Habla de no pensar en pequeño, ¿me equivoco?

-No. Hay que pensar en grande y luego ya veremos si nos va bien. Es bonito contar al mundo quiénes somos y qué historias nos interesan. Compartir nuestra mirada. 

20/09/2026