Vida y estilo

Qué debes mirar en una lata de conservas antes de comprarla

Es importante prestar atención a señales físicas y de etiquetado que garantizan la seguridad de tus conservas y protegen tu salud

Las conservas en lata son uno de los grandes inventos de la historia de la alimentación. Nos permiten almacenar pescados, legumbres, verduras o platos preparados durante años en la despensa sin necesidad de frío, manteniendo intactas sus propiedades. El secreto de su éxito radica en un proceso de esterilización térmica y en un sellado hermético al vacío que impide la entrada de oxígeno y bacterias. Sin embargo, para que este sistema sea infalible, el envase de hojalata o aluminio debe mantenerse perfecto. Una pequeña fisura invisible a simple vista puede convertir un alimento saludable en un riesgo biológico grande.

Lata de atún. Magnific

Cuando vas al supermercado, el coger la primera lata de la estantería sin mirar puede jugarte una mala pasada. Las latas sufren golpes durante el transporte, la colocación en el lineal o por descuidos de otros clientes.

El peligro absoluto

Si hay una regla de oro en el mundo de las conservas, es que jamás compres ni consumas una lata que esté abombada, arqueada o cuyos extremos cedan hacia afuera al presionarlos. El hinchazón de una lata no se debe a un defecto de fábrica inofensivo, sino que es el síntoma de actividad bacteriana extrema en el interior. Cuando el proceso de esterilización falla o el cierre no es hermético, las bacterias comienzan a alimentarse del producto y a liberar gases. El gas acumulado genera tanta presión que deforma el metal. La bacteria más peligrosa asociada a este fenómeno es responsable del botulismo, una intoxicación muy grave. Aunque la lata solo esté un poco deformada, el riesgo es muy grande y debe ir directa a la basura o dejada en la tienda.

Abolladuras y óxido

No todas las deformaciones son bacterianas, y es que las abolladuras por golpes son muy comunes. Si el golpe ha dejado una marca en el centro del producto, por lo general, el alimento sigue estando a salvo. Sin embargo, si la abolladura se localiza en los bordes, en las costuras de cierre o en la zona del abrefácil, debes descartar la lata de inmediato. Los golpes en los pliegues del metal suelen romper el revestimiento interior de plástico protector o crear microfisuras por las que entra aire, rompiendo el vacío y dando vía libre a la descomposición del alimento.

El óxido es otro enemigo del metal. Revisa que la lata no tenga manchas rojizas o marrones, especialmente en las juntas o debajo de las etiquetas de papel. El óxido corroe el material y termina perforando el envase, permitiendo que los jugos salgan y los contaminantes externos entren. Además, si al pasar el dedo por el óxido notas que el metal se descascarilla, quiere decir que la conserva está completamente contaminada.

Líquidos que salpican y el etiquetado obligatorio

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Una vez que pasas el filtro en la tienda, hay un último control que debes realizar al abrir la conserva en casa. Al tirar de la anilla o pasar el abrelatas, debes escuchar un ligero sonido de succión que confirma que el vacío se ha mantenido intacto hasta ese momento. Si al perforar la tapa el líquido del interior salta, brota con fuerza o sale espuma, es señal de que había gas retenido a presión, por lo que no debes comerla. El olor al abrirla debe ser el normal del ingrediente, por lo que conviene evitar cualquier aroma agrio, rancio o malo.

Finalmente, asegúrate de comprobar la fecha de consumo preferente para planificar tu despensa y verifica que el envase contenga el número de lote y los datos del fabricante. En el caso de conservas de pescado o marisco, un buen truco de calidad es buscar la zona de captura de la materia prima, lo que te dará una pista sobre el origen del producto que estás a punto de comprar.

06/09/2026