Actualizado hace 5 minutos
Caminar durante horas por terrenos irregulares, a menudo con desnivel y cargando una mochila, supone un gasto calórico muy grande. Si empiezas una ruta con las reservas de energía a medias o, por el contrario, con el estómago demasiado lleno, la fatiga, los tirones musculares o las malas digestiones pueden aparecer en cualquier momento.
Plato de arroz blanco.
Una clave para la comida previa a la caminata es priorizar los carbohidratos complejos de absorción lenta. Este tipo de nutrientes evitan los bajones de rendimiento a mitad de camino. Opciones como un buen plato de pasta integral, arroz, quinoa o una porción de avena son perfectas. Es fundamental combinar estos carbohidratos con una dosis de proteína limpia como pollo a la plancha, huevo o atún.
El factor tiempo
Lo ideal es comer entre dos y tres horas antes de empezar a caminar. El cuerpo necesita tiempo para hacer la digestión, y si empiezas la actividad física con el estómago en pleno proceso, la sangre se concentrará en el sistema de nutrición en lugar de ir a las piernas, lo que provoca pesadez, calambres y un cansancio mayor.
Si la excursión arranca muy temprano por la mañana y no tienes tres horas para digerir un menú completo, cabe la opción de adaptar el desayuno para que sea eficiente y ligero. Una opción a tener en cuenta es un tazón de gachas de avena con plátano y un puñado de frutos secos o un par de tostadas de pan integral con huevo cocido o aguacate. El plátano es una opción que aporta potasio para prevenir calambres, la avena da energía de calidad y los frutos secos ofrecen grasas saludables que ayudan a sostener el ritmo en los primeros kilómetros.