Hay un momento decisivo en la vida de la mujer en el que empieza a notar que su cuerpo cambia. Siente que tiene menos energía, descansa peor y comienzan a aparecer molestias que antes no estaban. Esta nueva etapa suele coincidir con la perimenopausia o la menopausia y es en ese momento cuando el deporte deja de ser una recomendación genérica para convertirse en una auténtica herramienta de salud.
El entrenador personal Mario Orellana, especializado en mujeres en esta fase vital y colaborador de Sprinter, lo resume con claridad: muchas llegan a la cuarentena o a la cincuentena después de pasar décadas cuidando de todo menos de sí mismas. Y es precisamente entonces cuando más necesitan moverse porque, lejos de restar, el ejercicio suma, y mucho.
Una mujer da un paseo por la naturaleza.
A continuación mostramos las diez razones por las que, según Orellana, empezar -o retomar- la práctica de deporte a esa edad puede marcar un antes y un después en la vida de la mujer.
1- Músculo que no se entrena, se pierde
A partir de los 40 o de los 50 años comienza un descenso natural de la masa muscular, conocido como sarcopenia. Esta pérdida afecta a la fuerza, la movilidad y la autonomía, y el entrenamiento de fuerza es la única estrategia realmente eficaz para frenarlo e incluso revertirlo.
2- Bailar y fuerza contra la fragilidad ósea
La menopausia aumenta la fragilidad de los huesos. El trabajo de fuerza los estimula y los fortalece, reduciendo riesgos como la osteopenia o la osteoporosis. Si se añaden pequeños impactos, como caminar rápido o bailar, el beneficio es aún mayor.
Clase de baile para un público adulto.
3- El deporte no cansa, activa
Aunque pueda parecer lo contrario, el ejercicio no resta energía sino que la multiplica. Muchas mujeres notan rápidamente que duermen mejor, se sienten más activas y afrontan el día con mayor vitalidad. Pasear al aire libre, además, ayuda a regular el sueño.
4- Cambiar la báscula por sensaciones
El foco deja de estar en el peso y pasa a centrarse en el bienestar. Aumentar masa muscular y reducir grasa mejora la composición corporal, pero sobre todo la percepción física. No se trata de pesar menos, sino de sentirse mejor.
5- Moverse mejor es vivir mejor
Ganar fuerza tiene un impacto directo en la vida cotidiana. Subir escaleras, cargar bolsas o moverse con agilidad deja de ser un esfuerzo. Se trata de un cambio silencioso, pero muy evidente en el día a día.
Subir escaleras, un gesto sencillo pero muy beneficioso.
6- Menos dolor, mejor postura
El entrenamiento ayuda a corregir desequilibrios y a reducir molestias habituales. La espalda, el cuello y los hombros son zonas en las que se acumula tensión durante años y mejoran notablemente si el cuerpo se trabaja de la forma adecuada.
7- Cuidar el suelo pélvico también es salud
El suelo pélvico es clave en esta etapa e integrarlo en el entrenamiento permite prevenir problemas como la incontinencia y mejora de forma notable la calidad de vida.
8- Los pequeños hábitos impactan en la salud metabólica
Más allá del ejercicio estructurado, los gestos cotidianos marcan la diferencia. Caminar más, usar las escaleras o pasear después de comer ayuda a regular la glucosa y mejora la salud metabólica.
9- El ejercicio también es una forma de socializar
Actividades como bailar, hacer yoga, pilates o entrenar en grupo incorporan un componente social que facilita la constancia. Compartir tiempo y movimiento refuerza el hábito y el bienestar emocional.
10- Disfrutar es la clave para que funcione
El ejercicio no debe ser una obligación. Cuando se encuentra una actividad que se disfruta, es mucho más fácil mantenerla en el tiempo, y ahí es donde realmente aparecen los resultados.
Ya lo ves, la perimenopausia y la menopausia no son una cuestión de edad, sino de oportunidad. El cuerpo cambia, sí, pero también responde. Empezar a moverse en esta etapa no solo mejora la forma física sino que devuelve energía, autonomía y calidad de vida. Y eso, llegados a este punto, no es poco.