Existe una raza de caballos, Akhal-Teke, originaria de Turkmenistán que es conocida como el caballo de oro. El animal se caracteriza por su pelaje fino con un brillo metálico único que simula el oro. Son una anomalía maravillosa, una rareza exótica. Desprenden una belleza hipnótica, irreal.
Son caballos extremadamente raros (se calcula que existen unos 6.600 ejemplares en el mundo), valorados por su velocidad, resistencia y esbelta figura que parecen salir de un cuento, de la fantasía o de la imaginación. De los unicornios azules no hay registro, pero de los Akhal-Teke, sí. Para un niño, esa estampa bien podría ser la de un caballo de limón.
En el Tour, que es amarillo, existe un Akhal-Teke, un hombre llamado caballo. Tadej Pogacar. Es un centauro, mitad humano, condición que emplea para sonreír, y mitad bestia, nacida para galopar libre. Luce el pelaje amarillo del campeón y la musculatura de oro el astro esloveno.
Los Akhal-Teke se pagan a precio de oro por su singularidad. Son caballos especiales, casi únicos. Por eso son tan preciados. Como Pogacar, el ciclista de los 10 millones de euros al año. Una criatura que emparenta con la mitología. Fascinante.
Desde ese estatus, líder plenipotenciario del Tour, Pogacar decidió que la victoria en Plateau de Solaison fuera para Remco Evenepoel después de comprobar que Del Toro no podría hacerlo en su duelo a tres en la cresta del Jura.
Al menos no se inmiscuyó en su esprint en las alturas. No quiso hacerlo aunque le sobraba gas. Mostró el esloveno otro tic de condescendencia. Acompañó a Evenepoel como un padre que mima a su hijo que está aprendiendo a andar en bici.
Evenepoel, emocionado tras la victoria.
Eligió el esloveno renunciar al triunfo el día que Jonas Vingegaard, su némesis, tuvo que abandonar el Tour por una dura caída. El Tour se quedó huérfano del danés, el único campeón capaz de entrometerse en la era dorada del esloveno. Gloria y miseria comparten colchón en un Tour que nunca descansa, que a nadie respeta. Terriblemente cruel.
"Nos conocemos hace mucho, hemos vivido muchas cosas desde 2021, hemos peleado, hemos tenido nuestros altibajos. Pero es triste verle abandonar el Tour así, espero que se recupere pronto y luche por otros objetivos. El tour sin él no será igual", expuso, respetuoso, Pogacar.
Sin Vingegaard en el escenario, Evenepoel, emocionado tras su victoria, subió al segundo escalón, a 5 minutos del esloveno. Del Toro también avanzó. Es tercero, a 5:58 de su jefe.
Paul Seixas, que se quedó en suspenso, y perdió más de 50 segundos, es cuarto. Juan Ayuso entregó un par de minutos. Con el día de descanso llamando a voces, el Tour es el galope de Pogacar mientras el resto va al trote.
El amanecer en Champagnole no fue idílico. La fiesta de la víspera en Le Markstein eran malhumor y quejas después de que se supiera que Pogacar y Vingegaard fueron sometidos a controles antidopaje de madrugada por personal de la ITA.
Al danés le despertaron a las 2.00 horas y el esloveno recibió la visita a las 5.00 horas. Vingegaard volvió a la cama 40 minutos más tarde para tratar de recomponer el sueño. Pogacar, que se desveló, se pasó la noche escuchando música, a Eminem, y tomando café.
Existe mar de fondo en el Tour, un constante rumor que llega desde la trastienda y alcanza el escaparate donde se exponen las piezas de alta joyería. Algo se está moviendo bajo la superficie.
Alterado el sueño, sin el descanso suficiente, bostezando, los dos mejores ciclistas del Tour desde 2020, tuvieron que encarar el 15º acto del Tour, una jornada exigente, altiva y orgullosa en el Macizo del Jura.
Tour de Francia
Decimoquinta etapa
1. Remco Evenepoel (Red Bull) 4h23:09
2. Tadej Pogacar (UAE) m.t.
3. Isaac del Toro (UAE) a 6’’
4. Paul Seixas (Decathlon) a 58’’
5. Florian Lipowitz (Red Bull) m.t.
6. Lenny Martinez (Bahrain) a 1:57
7. Mattias Skjelmose (Lidl) m.t.
60. Ion Izagirre (Cofidis) a 23:49
83. Xabier Mikel Azparren (Q 36.5) a 27:45
106. Alex Aranburu (Cofidis) a 30:12
General
1. Tadej Pogacar (UAE) 55h41:31
2. Remco Evenepoel (Red Bull) a 5:00
3. Isaac del Toro (UAE) a 5:58
4. Paul Seixas (Decathlon) a 6:23
5. Florian Lipowitz (Red Bull) a 6:48
6. Juan Ayuso (Lidl) a 7:28
7. Mattias Skjelmose (Lidl) a 9:38
8. Lenny Martinez (Bahrain) a 10:28
46. Ion Izagirre (Cofidis) a 2h09:55
71. Alex Aranburu (Cofidis) a 2h57:09
115. Xabier Mikel Azparren (Q 36.5) a 3h40:10
La fuga que se formó entre montañas se fracturó del todo en la ascensión lacónica de Le Salève-Col de la Croisette, un puerto escaso de kilometraje pero que repartía directos y achataba las narices.
Los rostros fatigados de los ciclistas recibían una tunda que sola la caricia del público lograba aliviar. La ternura y el carió al rescate. Quinn Simmons, el capitán América del Tour, bigotudo, aspecto de motero de Easy Rider, era el primero en marchar sobre una montaña tomada por el gentío.
Los árboles concedían sombra a una subida caliente para la escapada, en la que también transpiraban Pidcock, otra vez a la aventura, Rubio, Voisard, Schmid, Costiou y Adam Yates, peón de Pogacar. El esloveno se anticipó. Tenía un amigo por delante.
Vingegaard, que quería drenar la pose de Evenepoel, que a todos espera para morderles bajo el crono el martes, dispuso a sus muchachos para establecer la larga marcha con los petates de la ambición hacia el horizonte del Plateau de Solaison, un Hors Categorie.
Un coloso de 11,3 kilómetros al 9% de desnivel que se descubrió en el Tour Auvergne, ensayo general del Tour. Aquel día se coronó Isaac del Toro, el principito que cuida el emperador Pogacar. Antes de encontrarse con el beligerante final, una carretera hacia el cielo que reptaba a través del cadalso, del infierno.
Momento de la caída de Vingegaard.
Caída y abandono de Vingegaard
El danés endureció la carrera en una apuesta valiente y audaz. Probablemente no serviría para desajustar al todopoderoso esloveno, pero tal vez provocaría una catarsis en el resto. Puerta grande o enfermería. Eso sucedió.
La mala fortuna se cruzó como un gato negro delante de Vingegaard. En un descenso encabezado por sus compañeros perdió el control de su bicicleta e impactó contra el asfalto y el bordillo de una isleta escasamente señalada y protegida.
El danés se percató de inmediato de que la caída era fea. Su Tour se había acabado entre gritos de dolor. Se llevó la mano al hombro derecho. Todo hacía presagiar una fractura de clavícula derecha. Así fue. Atendido con celeridad por los médicos de la carrera, y después de que se le pusiera un cabestrillo, fue introducido en una ambulancia.
Los sonidos de la sirena fueron la banda sonora de su despedida cuando era el segundo de la general. El día que empezó torcido acabó por astillarle. Un recordatorio de la crueldad del Tour, que no respeta a nadie.
Dos veces campeón del Tour y el único contrapeso de Pogacar, se fue con el dolor y la tristeza a cuestas. En el mismo fotograma se vio envuelto Isaac del Toro, que pudo continuar en carrera. Pogacar fue testigo de la caída de ambos. La esquivó. La suerte del campeón no le abandona.
Pogacar, de gregario
La escapada guardó en la mesilla de los recuerdos Côte du Mont, una subida de paso antes de enfilar hacia el catedralicio Plateau de Solaison, una de las claves de bóveda del Tour, un lugar sin pliegues para esconderse de su inquisitiva mirada. Montañas así lo dejan todo al descubierto.
Los seres humanos al desnudo, en la insoportable levedad del ser. Ecce homo. Se alteró el sentimiento. De repente un velo de melancolía recorrió la carrera hasta que Pogacar despertó su ambición y generosidad en Plateau de Solaison, dispuesto a obsequiar a Del Toro con otra victoria. La respuesta del UAE al control antidopaje de la madrugada.
Pogacar tira de Del Toro y de Evenepoel.
El esloveno, como si se tratara de un sherpa del mexicano, disgregó el grupo de favoritos. Pogacar descartó a Seixas, Ayuso y Lipowitz subiendo el tono. Le sobran decibelios a su motor de alto cubicaje. El mayor.
Simmons trataba de escapar de las fauces del monstruo. Recuperó el líder a Adam Yates, que rapeló desde la fuga, para que tirara de él, Del Toro y Evenepoel, en su mejor versión de siempre en la alta montaña.
Seixas, aislado, recuperó cierto tono, pero estaba desconectado. Peleaba en solitario frente al glotón UAE hasta que Lipowitz compartió con él la persecución. Ayuso trataba de vislumbrar al astro francés. No llegó a verle. Demasiada distancia.
Todos arrodillados ante Pogacar, que descontaba palmos a la montaña con la sensación de pausa y calma, sin necesidad de exhibirse porque quería regalar la victoria a su heredero, a Del Toro. De rey a príncipe. Al mexicano, que embistió dos veces, le domó Evenepoel.
El día que Vingegaard vistió de luto en el Tour, el esloveno enfatizó su amarillo. Honró al caído. Pelaje de oro. El caballo dorado al galope. Pogacar bendice a Evenepoel.