Polideportivo

Chladoňová es de oro

La eslovaca somete a Holmgren en el mano a mano del Mundial sub’23 femenino, donde Floors se queda con el bronce y Paula Ostiz es 16ª
Viktória Chladoňová, Holmgreen y Moors, durante la carrera.
Viktória Chladoňová, Holmgreen y Moors, durante la carrera. / UCI

Actualizado hace 4 minutos

La ceremonia de los Mundiales tienden al ritual de la rutina. El modelo fija una fuga inicial, sin más esperanza que llenar el petate de la experiencia antes de que se invoque a las mejores.

La eslovaca Ungerová y la finlandesa Aintila abrían la comitiva mundialista con la dignidad y el esfuerzo de quien conoce que a pesar de todo, merece la pena. En Montreal, en Canadá, en la prueba de ruta Sub’23, el rito se reprodujo punto por punto.

A modo de un bucle, el que presentaba las calles de la ciudad canadiense, en las que sobresalían los repechos y el oleaje de la ascensión repetida de Voie Camillien-Houde, una subida de 1,6 kilómetros al 7,7% de desnivel medio, en un trazado que sumaba 134 kilómetros.

Sobre ese escenario, siempre majestuoso un Mundial por lo que significa, se impuso Viktória Chladoňová. La eslovaca derrotó en un agónico final a Isabella Holmgren, que corría en casa.

A la canadiense, que trató de sorprender a la eslovaca por el ángulo muerto, se le hizo eterno el repecho final, donde Chladoňová mostró su poderío, emoción y felicidad. Sometió con autoridad a Holmgren, siempre ofensiva.

“Estoy muy contenta. He entrenado mucho para conseguir esto”, apuntó la eslovaca, emocionada, con el corazón repiqueteando un redoble de tambor.

El bronce alegró a Fleur Moors, que compartió fuga con la campeona y la canadiense, y pudo saborear el bronce en el esprint del grupo perseguidor, a más de medio minuto de la gloria de Chladoňová.

Paula Ostiz rueda durante la carrera.

Paula Ostiz rueda durante la carrera. RFEC

Paula Ostiz, 16ª

Paula Ostiz, en su estreno en la categoría, finalizó en la 16ª plaza, a 3:40 de la campeona. La navarra interpretó de maravilla las corrientes internas de la carrera, intuyó cada movimiento, pero no le alcanzó, sometida por la dureza del recorrido, para mostrarse más. Se le apelmazaron los últimos kilómetros, cuando el Mundial entró en combustión.

Antes, cuando la carrera era un asunto sereno, un lago quedo y calmado, a Ungerová y Aintila, que se entendieron de fábula en su viaje a ninguna parte, les controlaron desde el sofá en un pelotón en el que Felicity Wilson-Haffenden, campeona del Mundo contrarreloj, cortaba cualquier intento de rebelión.

En el grupo, camuflada en el anonimato, Paula Ostiz, calculaba sus opciones. La navarra, que era un imán para las miradas de sus rivales el pasado curso en Kigali, donde agarró el arcoíris, se postuló de distinta manera. No posee la iruindarra la jerarquía que paseaba en categoría júnior, pero corre de manera estupenda.

Paula Ostiz, cabizbaja tras la prueba.

Paula Ostiz, cabizbaja tras la prueba. RFEC

Swirenga y Chladoňová se agitaron y Paula Ostiz, a modo de un acto reflejo, se sumó a esa agitación. En ese momento, espabiló el Mundial, hasta entonces un asunto a duermevela. El corte de la navarra lo suturaron antes de que se convirtiera en una brecha.

Un ataque de podio

Chladoňová, Moors y Holmgren se dieron la mano en el siguiente ataque. El entente fue inmediato porque a todas les tocaría algún metal. Cuestión de matemáticas.

Paula Ostiz, inteligente, comprendió de inmediato la situación y arengó la persecución del grupo, con apenas una docena de dorsales e intereses encontrados.

El trío, empastado y solidario, tomó una renta de una veintena de segundos cuando apenas restaban dos giros.

Esa era la diferencia. Por delante, el vínculo era nítido, prístino. Espíritu mosquetero. En el retrovisor, la relación era difusa. Australia mantenía tres dorsales, pero mandaba la supervivencia entre repechos que exigían hasta el tuétano.

Paula Ostiz perdió el hilo del Mundial en la penúltima subida, cuando el grupo perseguidor menguó aún más. La iruindarra penalizó en la ascensión. Chladoňová, Moors y Holmgren siguieron tejiendo los colores del arcoíris.

A su espalda, se deshilachaban las opciones del resto. Sonó la campana. Sonido celestial para el trío, un réquiem para sus rivales, a medio minuto. Paula Ostiz perdía un minuto con el eco metálico de la campana.

Holmgren, perfil de hilo, se encrespó en el puerto y a Moors se le abrieron las costuras. Solo Chladoňová pudo rastrearle.

Moors quedaba descartada, más si cabe cuando Appleton, Schepper y Winter le tocaron el hombro. El bronce sería un baile para cuatro. El duelo por el oro sería íntimo, un encuentro entre Chladoňová y Holmgren. Un vis a vis en Montreal. Chladoňová es de oro.

2026-09-24T18:24:46+02:00
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