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El periplo por Noruega nos llevará a diferentes paisajes e historias, pero da comienzo en esta vibrante ciudad, Oslo, capital del Reino de Noruega, diseñada (digo diseñada porque la ciudad sigue creciendo y se construyen y levantan edificios y espacios con los diseños más vanguardistas) alrededor de un Fiordo en forma de U, el Oslofjord. A él llegan también numerosos cruceros, de esos que tanto abundan en verano especialmente, recorriendo los Fiordos Noruegos.
El país se sitúa entre las sociedades más ricas del mundo, con una de las tasas de bienestar y renta per capita más altas, y se enorgullecen además de ser una de las más seguras. Todo ello gracias también a su Fondo Soberano.
Una animada terraza frente al fiordo de Oslo.
Entre sus calles, Oslo nos va mostrando la modernidad y tradición que tan bien ha sabido combinar, y hoy en día resulta fácil y cómodo recorrerla caminando, disfrutando además de algo que antes era casi impensable, descansar y ver pasar la vida en una de sus numerosas terrazas al aire libre. Esa es una de las caras amables del cambio climático, que está haciendo que los veranos sean más agradables en las ciudades noruegas... Antes por ejemplo, el concepto de plaza no existía debido al intenso frío; se hacían espacios dentro de los edificios.
Ambiente en el puerto
Hoy día, y bajo los primeros rayos del sol de verano, una de las zonas y paseos con más ambiente es sin duda la del puerto, alrededor del cual se han ido creando espacios de ocio y cultura que atraen a propios y extraños. La conocida Aker Brygge, está llena de tiendas de moda, restaurantes y cafeterías, así como diversas propuestas culturales; todo ello con espléndidas vistas al Fiordo. Allí mismo, en la zona de los muelles, se pueden incluso ver diversas opciones de saunas donde la gente local acude a relajarse, tras lo cual, no dudan en zambullirse en las frías aguas del mar; una práctica habitual en la cultura y sociedad noruega.
Disfrutando de un baño después de la sauna en el Fiordo.
Cerca también del Puerto, mirándolo de frente, se encuentra uno de los edificios icónicos de la ciudad, el Ayuntamiento. Destaca por su singular fachada de ladrillo rojo y altas torres, adornado con esculturas y relieves que representan momentos significativos de la historia y la mitología noruegas. Es en su interior donde se encuentra el famoso Salón de Banquetes, donde se celebra anualmente la ceremonia de entrega del Premio Nobel de la Paz cada 10 de diciembre. Sus paredes están adornadas con obras de arte que simbolizan la paz, la cooperación y los derechos humanos.
Al fondo el Ayuntamiento de la ciudad, con el Puerto al frente
A sólo unos pasos, podemos recorrer la bien conservada Fortaleza de Akershus, el viejo castillo construido para proteger Oslo, que es hoy uno de los principales símbolos de la ciudad y le otorga, ante el modernismo imperante, ese toque nórdico antiguo de hace más de 700 años, época en la que nació el primer poblamiento y era conocido con el nombre original de Kristiania.
Otro punto interesante es la arteria principal de la ciudad, la calle Karl Johans Gate, elegante y señorial, se extiende desde la Estación de Trenes hasta el Palacio Real y cuenta con numerosos edificios emblemáticos así como comercios de prestigio o el Teatro Nacional. Surcada por árboles y jardines bien cuidados, como gusta tanto en Oslo, esta calle nos lleva, como he mencionado más arriba, hasta la residencia de los reyes de Noruega, que, en contra de lo que se pueda suponer, no está rodeada por una alta muralla ni por grandes barrotes... La rodea un gran parque bellamente florido, se pueden ver sus accesos y ventanas e incluso puede visitarse con cita previa entre los meses de junio y agosto.
Detalle de uno de los Parques que adornan la ciudad.
La importancia del arte
Son numerosas las expresiones artísticas a lo largo y ancho de la ciudad. Uno de sus mayores representantes en el campo de la pintura es sin duda el famoso pintor noruego, Edvard Munch.
Según se dice, el cuadro El grito, es una de las obras pictóricas más conocidas del mundo... quizá tenga algo que ver el robo del que fue protagonista en el año 2004, cuando varios hombres enmascarados entraron en el Museo Munch y pistolas en mano, se llevaron el famoso cuadro junto con el de La Madonna. Pasaron dos años hasta que la policía logró recuperar las obras.
Una de las numerosas esculturas que se sitúan a lo largo y ancho de la ciudad.
En dicho museo, fundado en el año 1963, se ubicaron los cientos y cientos de obras donadas por el artista a la ciudad: cerca de 1.100 pinturas, 15.500 dibujos, 4.700 esbozos y seis esculturas. La donación incluyó así mismo más de 2.000 libros, blocs de notas y documentos, así como fotografías e instrumentos de trabajo, sin olvidar muchas obras pictóricas de otros autores.
Pero ha sido más recientemente, en el año 2021, que se ha levantado otro gran Museo Munch, el más grande del mundo dedicado a un solo artista, a orillas del mar y en una zona urbana de rápido crecimiento, Bjorvika, donde se halla también la Ópera de Oslo, magnífico edificio que semeja un gran iceberg a la deriva, o la gran nueva Biblioteca Municipal, premiada como la mejor biblioteca del mundo y digna también de una tranquila visita.
Esculturas en el Parque Vigeland y la torre del Monolito.
Parque Vigeland, un museo al aire libre
Aunque, hay un lugar, algo más apartado del bullicio urbano, que es una visita imprescindible en Oslo; hay que reservar una mañana o una tarde para verlo, ya que se trata de un parque de grandes dimensiones, unas 30 hectáreas. Está dedicado a la obra del escultor noruego Gustav Vigeland, y es así como se llama el Parque, Parque Vigeland. Contiene una enorme exposición al aire libre que fue el legado que Vigeland dejó a la ciudad.
Es un discurrir de figuras, escenas y esculturas humanas que muestran diferentes momentos y etapas de la vida y a día de hoy es el parque al aire libre más grande de Noruega y el más interesante, sin duda.
No sólo el tamaño abruma, sino el trabajo del artista. Pasear y observar las figuras, sus gestos y expresiones, todo tan realista, nos lleva a revivir en esa representación, las historias de los personajes, los momentos vitales, la esencia en definitiva, de lo que es la vida humana, desde la más tierna infancia hasta la vejez... Hay también, escondidas entre tanta imagen, algunas representaciones del propio artista relacionadas con algunos momentos de su vida...
La figura más llamativa, el Monolito, en el centro, de unos 14 metros de altura y sobre una pequeña colina, formado por la acumulación de diversas figuras humanas sosteniéndose unas a otras. A su alrededor, en círculo, otras esculturas parecen querer contarnos cuentos e historias, en las que, a pesar del paso del tiempo y de las diferencias culturales, todos y todas nos vemos representados.
Los barcos en la historia de Noruega
Como ya sabemos, la historia de Noruega está ligada a los vikingos, que como ya sabemos (o ahora lo cuento yo) no se llamaban a sí mismos vikingos, sino que más bien salían a vikinguear, como decía nuestro guía David. Es decir, los llamados vikingos eran gentes de tierra y mar, sociedades nórdicas que de vez en cuando, salían a saquear y conquistar, a vikinguear, a golpe de hacha, y mucha mala leche, eso sí.
Florecieron entre los siglos VIII y XI, y mucha de su historia se ha manipulado a lo largo del tiempo, ofreciéndonos una imagen bastante distorsionada de la realidad.
Pero esa es una larga historia que me encantaría contar, pero que será en otro capítulo, pues aquí de momento, me voy a centrar en la bonita Oslo.
Y quiero mencionar los museos que han construido para cuidar y mostrar alguno de estos barcos que las culturas nórdicas utilizaron para sus travesías y conquistas.
Principalmente tres: El Museo del Barco Vikingo en Bygdoy, un gran e impactante proyecto que actualmente está en renovación y cuyas salas no estarán de nuevo abiertas hasta el año 2027. En él se encuentra el barco vikingo mejor conservado que existe, de gran belleza estética y restos de tesoros, piezas de ropa y cerámica etc...
Luego está el Museo de la embarcación Kon- Tiki, del explorador noruego y naturalista Thor Heyerdahl, quien, siendo del s. XX y no de la época vikinga, navegó por el Pacífico en una balsa construida con troncos, plantas y materiales naturales de Sudamérica para probar que antiguas culturas podían haber atravesado el océano a bordo de embarcaciones similares.
Entrando al Museo del Fram.
Y finalmente pero no menos importante, el impresionante Museo del Fram, el legendario barco construido por el noruego Fridtjof Nansen (deportista, investigador, humanista, explorador y una gran leyenda en Noruega) y utilizado en varias expediciones polares. Resulta una divertida aventura introducirse a bordo del barco, entrar en las habitaciones, salas de máquinas, la cocina, ver la representación de los expedicionarios en alta mar... Y poder sentir así la valentía de estos navegantes.
El mismo barco fue comandado también después por otro grande de la aventura al Polo Sur, Roald Amudsen.
Dedicar un tiempo a este museo, bien merece la pena.
Y navegar es lo que viene después de visitar Oslo... Navegar por sus preciosos fiordos y sus valles infinitos. Recorrer su impresionante naturaleza para volver a casa tiempo después, cargada de imágenes, leyendas, frío en la piel y un montón de recuerdos bonitos.