Actualizado hace 34 minutos
Con la vista puesta en los meses que vienen, uno de los hábitos que más influye en la rutina de nuestra vida cotidiana es el horario de invierno. Esta costumbre, cuya misión es aprovechar de la forma más eficiente posible las horas de luz, siempre ha estado rodeada de polémica. De hecho, no son pocos quienes creen que podría tener los días contados: hay voces que señalan que poner fin a este mecanismo es la mejor opción. Por lo tanto, queda hacernos una pregunta: ¿podría este año ser el último?
A vueltas con el horario de invierno
El pasado 18 de marzo, la Comisión Europea publicó el calendario oficial de los cambios de hora que se harán desde el 2027 al 2031. Entre las modificaciones más destacadas, tenemos la del adelanto de las fechas de comienzo y final del horario de verano.
Asimismo, el debate lleva encima de la mesa desde 2018. En aquel año, la Comisión Europea recomendó poner punto y final a esta alternancia horaria. Y aunque en el Parlamento Europeo en un principio apoyó la propuesta, todavía sigue estancada.
Por su parte, en 2025, Pedro Sánchez reabrió el debate, explicando que mantener el actual cambio de horario no tenía ningún sentido. También añadió que no suponía ningún ahorro de energía, que podría desencadenar efectos negativos en la salud de la ciudadanía y que en muchos países europeos rechazan seguir cambiando el horario.
El cambio de horario de invierno lleva tiempo sujeto a polémicas
¿Qué día y a qué hora se hará?
Como todos los años, una de las dudas más extendidas es qué día y qué hora tendrá lugar el famoso cambio de horario de invierno. En lo que respecta al 2026, será en la madrugada del sábado 24 de octubre al domingo 25 de octubre de 2026, cuando toque atrasar una hora el reloj.
Así las cosas, a las 3:00 horas será de nuevo las 2:00. Y en el caso de las Islas Canarias, el reloj hará lo propio, de las 2.00 horas a la 1.00 hora. Dicho de otro modo, el día tendrá 25 horas y no 24.
¿Cómo afecta a la salud individual?
El cambio de hora de invierno, que se hará a finales de octubre, también puede tener consecuencias en personas con rutinas muy definidas. Por ejemplo, todas aquellas que realizan ciertos hábitos a la misma hora podrían sufrir un desajuste similar al jet lag.
Porque, al atrasar los relojes, se alteran al mismo tiempo los horarios de sueño, el apetito y las horas de luz natural, dando como resultado los siguientes síntomas: irritabilidad, cansancio, insomnio, bajo estado de ánimo y falta de concentración.
Este desajuste temporal suele alargarse durante el día del cambio horario y las jornadas posteriores. Aun así, los síntomas de cansancio e irritabilidad desaparecen por completo una vez que el organismo ha conseguido adaptarse al ritmo invernal.
El cambio de hora afecta directamente a los hábitos de sueño
Una costumbre que lo cambia todo
La historia del cambio de horario se remonta al siglo XVIII. Fue Benjamin Franklin quien planteó la idea de levantarse más temprano para sacarle más partido a la luz solar y, de este modo, ahorrar el gasto en velas.
Sin embargo, no fue hasta la Primera Guerra Mundial cuando se implementó oficialmente en varios países europeos como un plan de ahorro energético. Desde entonces, muchos estados han apostado por mantenerlo vigente hasta hoy.