En la región de Casamance, al sur de Senegal, la guipuzcoana Mariana Santos se quedó prendada por unos bordados “preciosos” que hacía una mujer llamada Albertina. Para cuando dieron con su dirección, Albertina les informó de que había tenido que dejar de bordar por fuerza mayor: había perdido visión y ya no podía seguir ejerciendo el oficio. Mariana y Beatriz, su socia y compañera de la asociación cultural Ekol Senegal, con sede en Donostia, decidieron ayudarla y la acompañaron a hacerse una revisión ocular. Le graduaron la vista y le pusieron unas gafas. La artesana pudo así retomar su trabajo.
“ Una parte de la gente fue porque realmente no veía bien y otros aprovecharon la oportunidad para hacerse una revisión ”
Pero la historia de Albertina no se quedó ahí y se abrió un nuevo capítulo en el proyecto de comercio justo de accesorios y complementos textiles Emanai, una de las patas sobre las que se asienta la labor de Ekol Senegal. Emanai empezó a elaborar una serie de coloridas fundas de gafas con el nombre de Albertina, bautizadas en honor a la bordadora senegalesa, que se venden a 10 euros la unidad. Al principio tenían que vender 10 fundas para cubrir el coste de graduar la vista y proporcionar gafas a una sola persona en una óptica de la ciudad de Ziguinchor.
Un joven realizándose un test.
La campaña despegó realmente cuando la asociación cultural logró aliarse con la ONG española Abre Sus Ojos. Las revisiones oftalmológicas gratuitas pasaron a realizarse en el hospital del departamento de Oussoye a euro y medio por persona, un precio “infinitamente más económico”. En cuatro días, unas 200 personas pasaron por este centro de salud y fueron atendidas por cuatro oftalmólogos profesionales. Alrededor de 100 necesitarán unas gafas correctoras, de las que ya han distribuido 60. Las otras 40 gafas están de camino.
Oftalmólogos locales, condición sine qua non.
De cara a futuras campañas, desde la asociación cultural Ekol están ya estudiando la mejor fórmula para poder contar con profesionales médicos de la zona e implicar al mayor número de personas posibles. Mariana Santos confía en el poder del boca a boca. “Cuanta más gente se apunte a las revisiones, mejor”, afirma. Eso sí, la implicación netamente local de la campaña será innegociable. “Nos parece importante trabajar con oftalmólogos locales. ¿Para qué va a venir alguien de fuera? ¿Para quitarles el trabajo? No digo que vengan con mala fe, ni mucho menos, pero ya hay oftalmólogos en Senegal”. Mariana asegura estar “orgullosa” de esta campaña, que se ha llevado a cabo con los recursos humanos y técnicos del propio país africano.
Nadie había ido antes a graduarse la vista. Era la primera vez para todos ellos. “Supongo que una parte de la gente fue porque realmente no veía bien y otros aprovecharon la oportunidad para hacerse una revisión. Ninguno de los que fue a la consulta había tenido gafas nunca”, cuenta Mariana.
Costura ecosocial
Todos los productos de Emanai (que significa “arroz”, en diola, la lengua local, y “querer dar” en euskera) salen de un pequeño taller de costura ubicado en una zona rural de Oussoye. Allí trabajan tres mujeres de la comunidad a las que se les ofrece un trabajo digno (“como debe ser”, recalca Mariana) que contribuye a la mejora de sus condiciones de vida. La mayoría de los materiales proceden de localidades cercanas, principalmente las telas con las que confeccionan sus productos. Las costureras elaboran bolsos, tote bags, mochilas, carteras, riñoneras, neceseres o monederos con un forro interior hecho con sacos de arroz.
El tesoro de Senegal: su gente
La primera vez que Mariana Santos pisó Senegal fue hace 16 años. Lo recuerda perfectamente porque aquel viaje le cambió la vida. Fue de vacaciones y conoció allí a su marido, Diop Thiaw, fallecido hace cinco años. Juntos montaron en Casamance un centro cultural autogestionado, equivalente a nuestros gaztetxes, que convive en paralelo con la actividad que desarrolla la asociación Kol Senegal. Si Mariana tuviera que quedarse con una sola cosa de Senegal, no lo duda: la gente. “Es maravillosa. Tienen un corazón que no les entra en el cuerpo”, subraya. Ella cree que desde este lado del mundo “tenemos muchísimo que aprender de ellos”. Pone un ejemplo: “Nosotros damos lo que nos sobra y nos ponemos una medalla. Ellos, en cambio, lo hacen a escondidas. Para que la gente no sepa ni quién pide ni quién da”.
A excepción de la campaña de salud visual, financiada con la venta de las fundas de gafas, la adquisición de cualquier producto de la marca (tanto vía online, en emanai.org, o a través de su tienda local) lleva asociada una cantidad determinada de kilos de arroz. Por ejemplo, con la compra de un bolso estampado de playa, se destinan “6 kilos de arroz a la comunidad de Oussouye o alrededores en Casamance”. Cada dos meses hacen un recuento de todas las ventas.