Actualizado hace 58 minutos
La compañía de un animal puede aportar mucho más que momentos de cariño y entretenimiento. Para muchas personas mayores, convivir con una mascota supone tener una presencia cercana en casa, mantener ciertas rutinas y encontrar una motivación para mantenerse activas. Sin embargo, elegir un animal no debería depender únicamente de las preferencias o de su aspecto: también hay que tener en cuenta la movilidad, el estado de salud, el espacio disponible y el tiempo que se le puede dedicar.
Perros: compañía y una razón para salir de casa
Los perros pueden ser una buena opción para las personas mayores que disfrutan de los paseos y conservan cierta autonomía para atender sus necesidades. Sacarlos a la calle obliga a mantener una rutina diaria, favorece la actividad física y puede propiciar encuentros con otras personas. Además, el vínculo afectivo que se establece con ellos ofrece compañía y puede ayudar a combatir la sensación de soledad.
Un estudio publicado en 2025 en la revista 'Aging & Mental Health', realizado con 1.600 personas mayores dependientes de Barcelona, encontró una asociación entre tener un perro y un menor riesgo de soledad percibida, especialmente entre las mujeres. Los autores también observaron que la movilidad era un factor importante. No obstante, tener un perro implica asumir paseos, alimentación, higiene y visitas veterinarias, por lo que conviene valorar si la persona podrá atenderlo o contará con ayuda.
En lugar de fijarse exclusivamente en la raza o el tamaño, puede ser más adecuado buscar un perro adulto, tranquilo, sociable y acostumbrado a convivir en un hogar. Un animal con mucha energía o que tire con fuerza de la correa puede aumentar el riesgo de caídas.
Señor con su perro sentado en un banco en el parque.
Gatos: afecto sin necesidad de salir a pasear
Para quienes prefieren una mascota que no requiera salir varias veces al día, los gatos pueden ser una alternativa interesante. Son animales que suelen adaptarse bien a la vida en interiores y no necesitan paseos, aunque sí atención, juego, alimentación y cuidados diarios.
Su compañía puede resultar especialmente agradable para quienes pasan muchas horas en casa. Acariciarlos, jugar con ellos o simplemente compartir espacio contribuye a crear momentos de interacción y una rutina. Es recomendable elegir un gato adulto de carácter tranquilo, cuyo temperamento sea conocido, en lugar de decantarse únicamente por una raza determinada.
Eso sí, hay que tener presente que limpiar el arenero, agacharse para atenderlo y transportarlo al veterinario también exige cierta capacidad física.
Pájaros: compañía y estímulos en el hogar
Canarios y periquitos son otras posibilidades para quienes disponen de poco espacio y disfrutan observando y escuchando a los animales. Su canto y sus movimientos pueden aportar entretenimiento y romper el silencio de la casa. Necesitan agua y alimento diarios, limpieza frecuente de la jaula y atención a su salud. No son animales sin necesidades ni deben mantenerse permanentemente sin estímulos o interacción.
Periquito.
Peces y pequeños animales: otras alternativas
Un acuario puede resultar relajante para algunas personas, ya que observar el movimiento de los peces ofrece un estímulo visual tranquilo. Sin embargo, mantenerlo limpio y controlar la calidad del agua requiere constancia y ciertos conocimientos.
Los conejos, las cobayas o los hámsteres también pueden despertar interés, pero no son necesariamente mascotas sencillas: necesitan espacio adecuado, alimentación específica, limpieza y atención veterinaria. Además, algunos requieren una manipulación delicada y pueden no ser apropiados para personas con dificultades de movilidad o destreza.
Qué beneficios puede aportar tener una mascota
La convivencia con animales puede favorecer el bienestar emocional, aportar compañía y ayudar a estructurar el día mediante pequeñas responsabilidades. En el caso de los perros, los paseos también pueden contribuir a mantener la actividad física y facilitar el contacto social. Cruz Roja destaca, además, el papel de los animales como estímulo para la comunicación, la motivación y la interacción con otras personas.
Ahora bien, conviene evitar idealizar sus efectos: una mascota no sustituye las relaciones humanas ni garantiza que desaparezcan la soledad o la tristeza. La investigación sobre estos beneficios ofrece resultados diversos y depende de las circunstancias de cada persona.
Antes de elegir, hay que pensar también en el animal
La decisión debe partir de la voluntad de la persona mayor: no es conveniente regalarle una mascota sin saber si desea asumir esa responsabilidad. También hay que calcular los gastos de alimentación, vacunas, revisiones y posibles tratamientos, así como prever quién se ocupará del animal si su cuidador enferma, ingresa en el hospital o pierde autonomía.
La mejor mascota no es necesariamente la más pequeña ni la que requiere menos cuidados, sino aquella cuyas necesidades encajan con las posibilidades y el estilo de vida de quien va a convivir con ella. Si no es posible asumir esa responsabilidad, participar en actividades de contacto con animales o en programas de terapia asistida puede ser otra forma de disfrutar de sus beneficios sin hacerse cargo de una adopción.