Hay periodistas que desconectan cuando se apaga el piloto rojo. Odei Esnaola no parece pertenecer a ese grupo. Y aunque durante un tiempo llegó a definirse como “adicto al trabajo”, ahora está revisando el diagnóstico: quizá, dice, simplemente esté demasiado enamorado de una profesión que sigue viviendo con los nervios del primer día.
Su trayectoria tampoco ha sido una línea recta. Hubo un momento en el que pensó que su sueño de presentar en televisión había terminado y decidió dejar su trabajo; apenas dos años después estaba dirigiendo y presentando el informativo matinal de EiTB. Ahora ha regresado a las tardes con un formato que mezcla actualidad, directos, historias humanas y entretenimiento, y que le ha regalado algunos de sus mejores datos de audiencia. Entre escaletas que siempre quiere llenar un poco más, “portadas democráticas”, fallos técnicos, espontáneos y algún cura que no terminaba de entender qué significaba el piloto rojo, Esnaola reivindica otra manera de contar Euskadi: cercana, positiva y sin renunciar al periodismo.
Ha pasado de presentar informativos a ponerse al frente de una tarde mucho más abierta, con actualidad, historias personales, directos y entretenimiento. Si aquel Odei de Gaur Egun entrara hoy en el plató de Euskadi Quédate, ¿qué cree que le sorprendería más: el ruido, las risas o descubrir que una buena historia puede ser tan importante como un titular?
De entrada, le sorprendería ver a un Odei tan feliz y contento cerrando la tarde en directo más vista de los últimos diez años. ¡Vamos, ni se lo creería! (ríe). Se quedaría sorprendido por la capacidad de trabajar con un equipo que encuentra titulares propios e historias que trascienden la actualidad de Euskadi. Se quedaría enamorado del ruido, enganchado a las risas y con muchísima curiosidad por escuchar todas las historias.
Dirige y presenta Euskadi Quédate, así que tiene la doble desgracia –o el doble privilegio– de poder echarle la bronca a usted mismo. ¿Qué Odei gana más discusiones: el presentador, el periodista o el director?
Sin ninguna duda, Odei el presentador. Todavía no he conseguido verme de forma relajada, sin autocorregirme o sacarme fallos. Como director me he dicho más de una vez que el programa de hoy ha sido bueno –nunca de diez–, pero como presentador no. De hecho, siempre me pregunto: “¿Me verán mejor como director o como presentador?”. No lo sé.
Completa la frase:
Cuando termino Euskadi Quédate, lo último que quiero escuchar es…, “no tenemos nada cerrado para mañana”.
Mi mayor vicio profesional es…, llenar todavía más la escaleta cuando estamos a punto de reventar.
Si pudiera prohibir una frase en televisión sería…, “como ya te he dicho antes…”.
La Euskadi que nunca sale en los titulares es…, la Euskadi que madruga y trabaja en la sombra.
Si mañana me obligaran a desconectar del trabajo durante 24 horas, me iría a…, “al sofá de mi casa”.
El programa apuesta por “la información más cercana de Euskadi” y por contar las historias “de forma amable y positiva”. En tiempos de titulares cada vez más acelerados y de redes que premian el conflicto, ¿es más difícil conseguir audiencia contando algo bonito que contando un escándalo?
En este programa somos muy fans de contar noticias positivas y hacerlo, además, con el tono de gran titular que se merecen. Y la verdad es que nos va muy bien. Los dos mejores datos de audiencia los hemos conseguido precisamente así. Uno fue con aquel eclipse que unió al país, cuando llegamos a registrar un 23% de share, una barbaridad; y el segundo, con la cabalgata de Reyes, con un 16%. Datos por encima incluso de otros muy buenos que hemos hecho con inundaciones, incendios u otros sucesos.
Ha vuelto a las tardes de ETB2, una franja que ya conocía de ¡Qué me estás contando!. Si pudiera darle ahora un consejo a aquel Odei que empezaba en aquella etapa, ¿qué le diría que se tomara menos en serio y qué le pediría que disfrutara mucho más?
Le diría que no tenga prisa y que disfrute del día a día sin pensar tanto en el mañana. En su momento, cuando me quitaron de un día para otro de presentar, sin grandes explicaciones, me propusieron volver como reportero y al final dejé el trabajo. Pensé: “Hasta aquí”. Que había acabado el sueño de aquel mini Odei que soñaba con presentar mientras veía a Ixiar Oreja en Barre Busa o a Isabel Gemio en Sorpresa, sorpresa. Y dos años después estaba dirigiendo y presentando el informativo matinal de EiTB. Le diría: “Relájate, Odeitxo, que lo mejor está por llegar. Y disfruta”. Con beso en la frente incluido (ríe). Y que sueñe, porque el día de mañana volverá a pasar ese tren al que de momento no quisiste subir.
Ha reconocido que uno de sus grandes retos personales es dejar de ser un “adicto al trabajo”. ¿Cuál es el síntoma inequívoco de que Odei está trabajando demasiado: que sigue pensando en un reportaje mientras cena, que convierte cualquier conversación en una escaleta o que empieza a ver la vida con música de cabecera?
Creo que ahora estoy recapacitando sobre mi diagnóstico… Creo que no soy tan adicto, que soy más bien un enamorado de mi trabajo. No sé si es una forma de autoengañarme, la verdad. Mi chico es periodista y juntos vemos reportajes en todas las esquinas, en cada persona que nos llama la atención… Incluso he llegado a soñar con temas noticiables que al día siguiente ha visto el espectador de Euskadi Quédate. Eso no es adicción: es como el amor que no te deja dormir. Cuando me junto con amigos de la tele, como tú mismo o mi Adela González, disfruto muchísimo escuchando las aventuras que tiene cada uno.
Odei Esnaola: “Todavía no he conseguido verme en televisión sin sacarme fallos”
En Euskadi Quédate pueden pasar de un asunto de actualidad a una historia humana, de ahí a un directo y terminar hablando de algo completamente inesperado. ¿Cuál ha sido el momento más surrealista que le ha regalado el programa y en el que pensó: “Esto no estaba precisamente en el guion”?
Llegamos a hacer el programa de la Tamborrada de Donostia sin ninguna conexión con el control central, que estaba en Miramon, mientras nosotros estábamos en la calle. Yo leía y leía y, milagrosamente, mi equipo me seguía la pista. No se notó tanto…, aunque luego salimos hasta en el zapping de APM? Llevamos una escaleta bastante controlada y, más allá de espontáneos buscando su momento de gloria o lapsus que nos dejan en blanco a cualquiera, poco más. Mi momento más surrealista sigue siendo cuando presenté el funeral del Papa con un cura que nunca llegó a entender lo que significaba el piloto rojo del directo. Te imaginarás…