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Usamos el móvil, el ordenador o la tele durante horas todos los días y pensamos que los manejamos a la perfección. Sin embargo, la gran mayoría de la gente tiene hábitos malos a la hora de manejar sus aparatos. Son costumbres que damos por buenas pero que, en realidad, hacen que los dispositivos funcionen peor, se estropeen antes o gasten el doble de batería. Corregir estos malos hábitos no cuesta nada y hace que la tecnología funcione como debería.
Cerrar las aplicaciones del móvil todo el tiempo
El gesto más automático de muchas personas es deslizar el dedo hacia arriba para ir cerrando las aplicaciones en segundo plano pensando que así el móvil va a ir más rápido o va a gastar menos batería. La realidad es que se consigue justo el efecto contrario. Los sistemas operativos modernos están diseñados para congelar las apps en la memoria sin que consuman recursos ni batería mientras no las usas. Cuando cierras una aplicación del todo y la vuelves a abrir un rato después, obligas al procesador y a la memoria a hacer un esfuerzo muy grande para cargarlo todo desde cero.
El icono de la app de Netflix.
Este gesto consume mucha más energía que mantener la app parada en segundo plano. A menos que una aplicación se haya quedado colgada o funcione mal, lo más eficiente para la batería y el teléfono es no tocar nada y dejar que el propio sistema gestione la situación.
Cargar el móvil
Otro error muy típico viene heredado de la época de las baterías antiguas. Mucha gente sigue pensando que es bueno dejar que el móvil se descargue hasta apagarse o dejarlo cargando toda la noche hasta que llegue al máximo. Las baterías actuales de litio sufren muchísimo en los dos extremos y estar completamente vacías o totalmente llenas las degrada a un ritmo mucho mayor.
Para que una batería dure años como nueva lo mejor es mantenerla siempre entre el veinte y el ochenta por ciento de carga. Hacer cargas cortas durante el día cuando el teléfono baja del treinta por ciento es mil veces mejor para los componentes del aparato que poner el móvil a cargar desde cero.
No reiniciar nunca el ordenador
Tener el ordenador semanas enteras sin apagarlo o estar durante meses usando solo el 'modo de suspensión' hace que el sistema vaya acumulando fallos de memoria que se convierten en tirones y lentitud. Un reinicio una o dos veces por semana limpia del todo la memoria RAM, cierra procesos basura congelados y hace que el sistema instale actualizaciones de seguridad para funcionar como el primer día.