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Mikel Landa: “Estar en el podio de París sería un sueño, más si cabe en un Tour de Francia que sale desde casa”

Dichoso, con una buena puesta a punto, Mikel Landa encara el Tour con el objetivo de rastrear el podio de París, un anhelo que se le resistió en dos ocasiones
Mikel Landa, durante el Critérium du Dauphiné.

Habla Mikel Landa (13 de diciembre de 1989, Murgia) con la voz alegre. El Tour de Francia sale desde casa, desde Euskadi. Es motivo de celebración y de festejo. “Va a ser la hostia”, expresa cuando imagina la avalancha de pasión y fervor que se espera en Euskadi durante los próximos días. El escalador de Murgia, dos veces cuarto en la Grande Boucle, observa la carrera con optimismo. Consciente de que Vingegaard y Pogacar aventajan al resto sin vacilaciones, Landa sueña con estar en el podio. Considera Landa que le conviene “una carrera loca”, descontrolada. Esperar el error de los fenómenos para asomar entre los mejores. Anhela Landa una etapa. Tiene claro el destinatario en caso de vencer. “Se la dedicaré a Gino Mäder”, subraya el escalador de Murgia, que busca el podio. “No creo que ésta sea la última oportunidad”.

Ya está aquí el Tour.

—Sí, parecía que no iba a llegar nunca y ya está aquí. Tenía muchas ganas de que llegara. Es una oportunidad única. Tengo ganas de disfrutar la carrera. Creo que va a ser una fiesta de la bici y tengo ganas de vivirla. Va a ser la hostia.

Siendo uno ciclista de casa, supongo que se trata de algo muy especial.

—Sí. Lo vives más y notas más esa presión o ese cariño de la gente. Percibo las ganas en la gente que dice que te va a ir a ver. Es bonito para mí. Está todo el mundo pendiente. Sabe que todo empieza el día 1 en Bilbao. Se nota que hay ambiente Tour. La gente está haciendo planes para ver pasar la carrera. De estar aquí o allá. La afición se va a volcar con nosotros, pero también con el resto de ciclistas. Va a ser algo bonito para todos.

La llegada del Tour también ha generado polémica en algunos sectores. ¿Cuál es su opinión?

—Es algo que pasa siempre que hay algo especial. Todo el que tiene algo por lo que luchar o algo para cambiar aprovecha para hacer ruido. Yo, desde el egoísmo del deportista, quiero que empiece la fiesta y aprovecharla al máximo.

También notará que la carrera sale de casa por el hecho de no tener que coger un avión, esa liturgia previa a las salidas del Tour.

—La verdad que en ese aspecto es como ir a la Itzulia o como a la Clásica de Getxo. Vas con el coche, al hotel y listo. Y ya estás en el Tour.

¿Le estimula que el Tour salga desde casa?

—Sí, claro. Lo encaras a tope. Es algo que recordaremos toda la vida. Tal vez en carrera no seas del todo consciente, pero eso se quedará para siempre en la memoria. Cuando veamos que el Tour empieza en no sé donde seguro que recordamos cuando el Tour salió desde Euskadi. Será una fiesta inolvidable. No tengo dudas.

El comienzo del Tour, con la etapa de Bilbao, no admite relajación. Es un chupinazo. Un comienzo sin respiro.

—Sí, no hay margen de error. Hay que estar metido en carrera desde el primer minuto. Es una etapa muy exigente. No se puede ir tranquilo porque puedes perder la carrera. Es una etapa con más de 3.000 metros de desnivel.

Siendo una jornada tan exigente, ¿considera que si alguien se despista puede dejarse tiempo?

—Es una etapa en la que puede haber alguna sorpresa. Parece que el Tour se lo van a jugar entre dos, Pogacar y Vingegaard, pero entre el resto de corredores que van a pelear por el top ten creo que puede haber alguna sorpresa. Además, es un Tour en cuya primera semana lo puedes perder. Creo que marcará mucho. Para lo bueno y para lo malo. En caso de que no te vaya bien esa primera semana te puedes centrar en tratar de ganar alguna etapa y si te va bien, a jugársela en los Alpes. Espero que todo vaya según lo previsto y salga reforzado de esa primera semana tan exigente.

¿Cómo llega usted al Tour?

—Yo me veo bien. Llego bien. He tenido una primera parte del año muy exigente y llego con esa base. He hecho un buen trabajo hasta ahora y creo que llego muy bien.

El inicio de temporada fue muy bueno, muy sólido. Sin embargo, en el Dauphiné no ofreció su mejor versión. 

—Bueno, yo ya sabía que en el Dauphiné iba a estar así. Después de Lieja terminé enfermo y tuve un pequeño parón. El Dauphiné estaba cerca de ese pequeño parón y llegué corto de forma. Sin embargo, fue una carrera que me puso las pilas, que necesitaba. He asimilado los esfuerzos que hice allí y estoy bien. Para estar a buen nivel en el Dauphiné tendría que haber descansado después de la Itzulia, pero me apetecía hacer las clásicas de las Ardenas. Ahora todo está bien.

¿Cómo plantea el Tour?

—Me gustaría hacer una buena general y estar entre los cinco primeros y pelear una etapa. Eso sería lo ideal. Luego la carrera pone a cada uno en su sitio. Estar en el podio de París sería muy grande, más si cabe en un Tour que sale desde casa. Sería un sueño. 

Usted siempre ha rendido bien en el Tour de cara a la general. Se ha mostrado muy regular.

—La verdad es que es una carrera que me ha ido bien. El tiempo que suele hacer me va bien en el sentido de que no es cambiante. Los Pirineos y Alpes son puertos que me gustan y van bien con mis características. En verano no hay problemas de alergias y eso también ayuda a rendir mejor.

Lo había comentado antes. El Tour, si no sucede nada extraordinario, caídas o otro tipo de incidentes, parece acotado al duelo entre Pogacar y Vingegaard.

—Son dos corredores que han demostrado que están un escalón por encima del resto y aunque Pogacar llega con alguna duda de cómo estará tras la lesión, creo que llegará muy bien, pienso que el Tour se lo jugarán entre ellos dos. Son los dos máximos favoritos.

Usted fue segundo en la Vuelta a Andalucía tras Pogacar y fue segundo en la Itzulia tras Vingegaard. Siempre ha mantenido que Pogacar es mejor. Sin embargo, da la impresión de que hemos visto a un Vingegaard más sólido aún.

—El hecho de que haya ganado el Tour creo que le ha dado más confianza, que tal vez no tenía. Ahora el equipo le apoya más y él tiene más responsabilidad, pero se le ve más sólido. Pero sigo pensando que Pogacar es el mejor en todo tipo de terrenos. Alguien que ha ganado el Tour de Flandes y es capaz de ganar dos Tours está a otro nivel.

Aparte de Vingegaard y Pogacar, que sobresalen, entre el resto todo está mucho más igualado. 

—Todo el mundo está muy parejo. Creo que estamos varios corredores en muy poco tiempo entre unos y otros. Además, el hecho de que haya poca contrarreloj creo que nos igualará más. Aunque todos tenemos características de escaladores, los hay que se defienden mejor unos que otros en la crono. Ben O’Connor o Adam Yates ruedan mejor en las cronos.

¿Qué le parece el recorrido del Tour?

—A mí es un recorrido que particularmente me gusta mucho porque soy un escalador. Es un Tour con mucha montaña y con muy poca crono. Eso me viene muy bien. Además, empieza con etapas exigentes que le quitan mucha tensión a la carrera en la primera semana. Creo que va a ser un Tour de correr al ataque en la montaña.

¿Ha repasado alguna etapa en especial?

—He estudiado las de Euskadi, evidentemente, y además estuve examinando el final del Puy de Dôme, que es duro y exigente. Por lo demás, los Pirineos y Alpes los conozco.

¿Cuáles considera que serán las jornadas decisivas?

—La etapa del Puy de Dôme es un final explosivo y exigente y puede dejar alguna diferencia en la primera semana. La crono, como siempre, también marcará diferencias, aunque sea corta. Tampoco hay que despistarse en la etapa de Bilbao. Pero creo que el Tour se decidirá en los Alpes, serán claves esas etapas.

¿Son batibles Pogacar y Vingegaard en el mano a mano? 

—Yo creo que la tónica del año ha sido correr detrás de ellos. Si intentas saltar detrás de ellos creo que te dejas todas las opciones. Si te centras en hacer segundo o tercero, descartas por completo el batirte contra ellos y eso te da vida. Además, ellos manejan muy bien esa situación. Atacan y saben que más que una persecución, por detrás, la gente se va a centrar en ser segundo. Lo aprovechan muy bien a su favor. El único modo que veo que se les pueda batir es que la carrera sea loca y que ellos se pongan nerviosos y puedan cometer errores. El año pasado le pasó a Pogacar cuando entró a saco a los ataques de Roglic.

Dando por hecho que la pelea por el trono parece inaccesible, ¿qué rivales observa de cara a ese último peldaño por el podio?

—Carapaz, que ya estuvo con ellos en el podio hace un par de años. Está Ben O’Connor, que estuvo muy bien en el Dauphiné. Está Hindley, que está bien. También Gaudu o Mas. En el Ineos no veo a un candidato claro como en otros años, pero estarán Daniel Martínez y Carlos Rodríguez. Luego, la carrera dirá.

Usted es un ciclista veterano. Tiene 33 años. ¿Considera que está ante la última gran oportunidad de brillar en el Tour?

—No lo sé, si te digo la verdad. Por muchas nuevas generaciones que vienen, el Giro lo ha ganado Roglic y segundo ha sido Thomas, dos veteranos. Quitando a Pogacar y Vingegaard no veo a nadie siendo un favorito claro. Creo que todavía puede haber más oportunidades de hacer un gran Tour. No creo que sea la última.

Existe un consenso respecto a la superioridad de Vingegaard y Pogacar. ¿Pero hay suficiente valentía para hacer frente al danés y al esloveno?

—No, no la hay. Hay corredores que se conforman con hacer un podio o bien porque están empezando a estar delante o bien porque estamos de vuelta, como otros. Se ha instalado la lógica de hacer un podio y estar contento. Falta esa valentía, esa ambición de ir a por la carrera. Pero es complicado porque hoy en día esos sobre esfuerzos se acaban pagando. Hasta cuando no lo tienes todo perdido normalmente no se suele dar ese paso.

Gino Mäder, compañero suyo en el Bahrain, falleció en la Vuelta a Suiza a consecuencia de una fatal caída. Cuando uno ve algo así, tan terrible, ¿se cuestiona si merece la pena seguir siendo ciclista?

—No pienso en eso. Cuando Gino falleció yo estaba aquí, en casa. Ese día, claro, lo pasas muy mal. Te sientas en el suelo y lloras y piensas si merece la pena todo esto. Pero al día siguiente sales a entrenar. Todos sabemos el riesgo que hay y los peligros que conlleva la carretera. No es que estemos dispuestos a morir por hacer nuestra profesión, pero es algo que puede pasar. Lo que pasa es que cuando compites no piensas en cosas así, porque si no, no bajarías a 90 kilómetros por hora. Además, ¿quién no te dice que puedes morirte en el sofá? La muerte está ahí y es parte de la vida. No es un pensamiento frívolo, que conste, es la naturaleza. Lloramos la muerte de Gino, pero la vida sigue. Lo recordaremos siempre. Si gano una etapa será para él.

Finaliza contrato este año. ¿Sabe dónde correrá en el futuro?

—Por suerte, tengo varias opciones, pero aún no lo tengo decidido. Me gustaría cerrar el tema lo antes posible. Si se puede concretar durante el Tour mejor que mejor. Hay varios equipos interesados y espero empezar agosto con el futuro resuelto en ese aspecto. Si puede ser con mi actual equipo, hacerlo cuanto antes, y si es con otro equipo quiero dejarlo bastante avanzado.

30/06/2023