La migraña es mucho más que un dolor de cabeza. Es una enfermedad neurológica que puede condicionar la vida cotidiana de quienes la padecen y que, pese a su elevada frecuencia, continúa siendo incomprendida y en ocasiones banalizada. Un ataque puede obligar a cancelar un plan, faltar al trabajo o a clase, interrumpir las tareas domésticas o aislarse durante horas hasta que los síntomas remiten.
En el Estado español, más de seis millones de personas conviven con migraña; la enfermedad afecta especialmente a las mujeres y puede aparecer con frecuencias muy diferentes: desde episodios ocasionales hasta formas crónicas, en las que los días con dolor son muy numerosos. Pero la frecuencia de las crisis no es el único factor que determina su impacto. Incluso quienes sufren ataques relativamente espaciados pueden ver alteradas sus actividades, sus relaciones o su bienestar.
Uno de los principales problemas es precisamente que la migraña no siempre se percibe como una enfermedad. Una encuesta impulsada por la Asociación Española de Migraña y Cefalea (AEMICE), en la que participaron 864 personas adultas con diagnóstico de migraña, muestra una distancia importante entre cómo viven la enfermedad quienes la padecen y cómo sienten que la percibe su entorno. La mayoría de las personas encuestadas se identifica como paciente de una enfermedad neurológica, pero más de la mitad considera que quienes les rodean perciben poco o nada la migraña como una verdadera enfermedad.
La falta de comprensión también alcanza a sus consecuencias. Seis de cada diez participantes señalan que su entorno comprende poco o nada el impacto real que la migraña tiene en su vida. Y ese impacto no se limita al momento en el que aparece el dolor. La enfermedad puede afectar al ocio, las relaciones sociales, el trabajo, los estudios, las responsabilidades familiares y la capacidad para desarrollar actividades cotidianas.
Síntomas diversos
Aunque el dolor de cabeza es uno de sus síntomas más conocidos, la migraña puede manifestarse de muchas otras formas. Durante un ataque pueden aparecer náuseas, vómitos, una especial sensibilidad a la luz, los sonidos o los olores y un empeoramiento del dolor con la actividad física. Algunas personas presentan además aura, un conjunto de síntomas neurológicos transitorios que puede incluir alteraciones visuales, sensitivas o del lenguaje.
Los ataques tampoco son siempre iguales. Su duración y su intensidad pueden variar, y los síntomas pueden hacer que una persona necesite descansar en un ambiente oscuro y silencioso. Por eso, reducir la migraña a un dolor de cabeza contribuye a invisibilizar una parte importante de la enfermedad. Porque el impacto, no depende exclusivamente de que la migraña sea crónica o episódica.
Diagnóstico y tratamiento
La migraña no cuenta con una prueba única que permita diagnosticarla. El diagnóstico se realiza fundamentalmente a partir de los síntomas, la historia clínica y la evolución de los episodios. Por eso es importante consultar con profesionales sanitarios cuando los dolores son recurrentes, interfieren con la vida cotidiana o cambian de características.
El tratamiento depende de cada persona y puede incluir medidas para controlar los ataques cuando aparecen y tratamientos preventivos destinados a reducir su frecuencia y su intensidad. En los últimos años se han incorporado nuevas opciones terapéuticas dirigidas específicamente a mecanismos relacionados con la migraña, lo que ha ampliado las posibilidades para pacientes que necesitan prevención.
El estrés, los cambios en los horarios de sueño, determinadas circunstancias hormonales, el ayuno o algunos estímulos ambientales pueden actuar como desencadenantes en algunas personas. No existe, sin embargo, una lista universal de causas: cada paciente puede tener sus propios factores precipitantes.
Más información
- AEMICE: Asociación Española de Migraña y Cefalea.
- Campaña Las palabras importan: www.dolordecabeza.net/laspalabrasimportan
- Redes sociales de AEMICE: Instagram (@dolordecabeza_aemice), Facebook, X y YouTube.
Darle visibilidad
La incomprensión social es uno de los aspectos que AEMICE quiere combatir con su campaña Las palabras importan. La iniciativa llama la atención sobre el lenguaje que se utiliza habitualmente al hablar de esta enfermedad y recuerda que migraña no es sinónimo de cualquier dolor de cabeza.
Las palabras no curan una enfermedad, pero sí pueden influir en la manera en que se entiende. Para una persona que ha tenido que cancelar una actividad, ausentarse del trabajo o modificar sus planes por un ataque, que su entorno comprenda que no se trata simplemente de un dolor de cabeza puede marcar una diferencia.
La migraña sigue siendo una enfermedad frecuente y con un impacto considerable. Conocerla mejor, reconocer sus síntomas y facilitar el diagnóstico y el acceso a un tratamiento adecuado son pasos esenciales para que quienes conviven con ella puedan tener una mejor calidad de vida.