Siete años fue lo que tardó Florentino Pérez en cumplir un fichaje que rozaba la obsesión. Del 2017 al 2024, el 'culebrón Mbappé' acaparaba todas las portadas de los diarios deportivos, que veían cómo uno de los mejores proyectos de jugador del mundo continuaba dando largas al Real Madrid.
El mayor chasco del dirigente blanco fue en 2022, cuando el francés acababa contrato con el PSG y tenía todo de cara para llegar a la capital española. Nada de eso: el galo, con una enorme presión de Francia y Qatar, renovó por el club de su ciudad por tres temporadas más y parecía dar carpetazo definitivo al caso. "Este no es mi Mbappé", comentaba Pérez tras el plantón del delantero.
Pero en el fútbol nada es definitivo, y menos con un jugador tan mediático. Dos años después, Florentino conseguía por fin a su estrella, y para más inri, a coste cero. El contexto al que llegaba el jugador no podía ser más favorable. Como flamantes campeones de Champions y Liga, fichar al mejor jugador del mundo suponía todo un golpe de efecto que hacía prever una hegemonía blanca europea y nacional. Dos años después, el discurso es bien distinto.
Kylian Mbappé camina hacia su tercera temporada colectiva consecutiva en blanco, y empieza a perder una de las cosas más sagradas de la parroquia blanca: la conexión emocional con el club y con la grada.
Recuperación vacacional
La pasada temporada, y con el Madrid en plena disputa por las principales competiciones, las imágenes de las vacaciones de Mbappé en Italia dieron la vuelta al mundo. El madridismo se indignaba y, mientras unos intentaban salvar lo que quedaba del proyecto de Arbeloa, la máxima figura continuaba su recuperación a unos cuantos kilómetros de Valdebebas. Un modus operandi parecido al actual, en el que, tras una lesión con Francia, ha vuelto a ser visto en su ciudad natal sin ejercitarse en la Ciudad Deportiva.
Nadie duda de que todo esto es con el beneplácito del club, pero gestos como este son aquellos que difícilmente perdona el público del Bernabéu. Comentaba Mourinho hace tan solo un par de semanas que los futbolistas profesionales no podían andar en bicicleta por el riesgo a una lesión que ello conlleva. ¿Cuál fue la respuesta del '9'? Una publicación en su perfil de Instagram paseando alegremente en una de ellas por Suiza.
Lo de Mbappé con su club, aquel que peleó tantos años por él, parece un pulso en el que busca sentirse definitivamente el líder en una plantilla plagada de estrellas, pero en la que parece incapaz de remar a la par. A seis puntos ya del FC Barcelona, el francés salió al paso para reclamar el Balón de Oro: "Creo que es un objetivo para cualquier jugador, pero no creo que sea una obsesión. He tenido un buen año, un gran año a nivel individual; sé que ese es el criterio más importante para el Balón de Oro. Fui el máximo goleador en las competiciones más importantes y creo que puede ser un buen año para mí; tengo buenas sensaciones", comentaba.
Kylian Mbappé se encara e insulta a Gonzalo Villar durante el Elche-Real Madrid.
Unas declaraciones entendibles por el marketing que rodea al premio, pero que parecen haber provocado el efecto contrario. La sensación entre los merengues es que su delantero juega por y para él, y que entre un gran título con su club y el máximo premio individual, como mínimo, dudaría.
El Real Madrid sufre actualmente una gran pérdida de identidad provocada por el éxodo de la cantera madridista, utilizada únicamente como fuente de negocio, y por la sequía de futbolistas nacionales.
Actuaciones deportivas
Es difícil pensar que un futbolista que puede meterte más de 40 goles en dos temporadas consecutivas pueda ser el artífice de los problemas, pero viendo el rumbo deportivo de estos años, quizás es la clave. El equipo disfrutaba de una presión alta y de la liberación de Vinicius cuando el galo estaba lesionado, algo que mágicamente desaparecía con su vuelta a los terrenos de juego.
Cuando se le preguntó en rueda de prensa por ese desempeño defensivo, Mbappé volvió a tirar de ego: "Claro que tenemos que mejorar, es completamente natural, como todos los jugadores. Yo puedo jugar al tonto y decirte que meto más goles que los dos que tú has dicho (Lamine y Raphinha) y que ellos tienen que meter más goles para ser como yo. Cada uno es diferente", apuntó.
El contraste más cruel para el galo llega desde París. Como ya vaticinó Luis Enrique al afirmar que "el año que viene seremos un equipo mucho mejor", el PSG post-Mbappé ha alcanzado la gloria absoluta. Sin su estrella acaparando los focos y condicionando el sistema, el técnico asturiano ha construido un bloque solidario y coral que lo ha ganado absolutamente todo, dejando en evidencia al '9'.
La incompatibilidad con el extremo brasileño, cada vez más alejado de lo que un día fue, es patente. Atrás quedaron aquellos días en los que, según confesaba el propio Kylian: "Vini me mandaba muchos mensajes y me decía: 'Ven al Madrid y vamos a jugar juntos arriba'".
La planificación deportiva de José Ángel Sánchez cuenta con tres perfiles (Diomandé, Vinicius y Mbappé) que encuentran en el extremo izquierdo su hábitat natural, a pesar de que el tercero esté convencido de jugar de ariete. Tres gallos para un mismo corral que no aceptarán una suplencia por respuesta, y que plantean el dilema de por quién debería apostar de verdad Mourinho.