El bombardeo atómico sobre Hiroshima es uno de los capítulos más negros de la Historia pero, en mitad de tal horror, el desempeño de algunos hombres marcó la diferencia para muchos de los heridos. Es el caso del jesuita Pedro Arrupe, un vasco universal que fue testigo excepcional de la explosión y uno de los primeros en poder llegar a la zona afectada. Plasmó todo lo vivido en un libro, "Pedro Arrupe. Yo viví la bomba atómica", que ha servido de guía para el documental del mismo título que se estrenará en esta próxima edición del Zinemaldia. En Las mañanas de Onda Vasca hemos hablado con su directora, Maite Ibáñez.
Ibáñez ha explicado que pocos conocen en profundidad la trayectoria de Arrupe en Japón, donde residió durante 27 años. Por ello, la directora confiesa: "Cuando se planteó poder hacer esta historia y poder dirigir este documental, me pareció que era una oportunidad única para sacar a la luz su extraordinario legado humanitario". Debido a la ausencia de material de archivo de los momentos inmediatamente posteriores a la explosión, el equipo ha empleado inteligencia artificial para recrear, con la voz del propio protagonista narrando sus textos literales, las dantescas escenas de la tragedia.
A pesar de la crudeza de algunas de las recreaciones e imágenes inéditas cedidas por archivos de Japón y Estados Unidos, Ibáñez defiende firmemente la decisión de mostrar la realidad sin edulcorantes en un contexto actual de carrera armamentística. El documental busca transmitir un potente mensaje de paz y de memoria histórica activa frente al silencio que rodeó el desastre durante décadas. Para la directora, la figura de Pedro Arrupe representa una postura inquebrantable de denuncia frente a la barbarie nuclear: "Arrupe tuvo el valor de que cuando todo el mundo callaba, él no lo hizo".