Política

"Las policías están molestas con la investigación sobre las torturas. La Ertzaintza está colaborando"

No hay fosa de la Guerra Civil en la que no hayan intervenido en la exhumación de los restos. Lourdes y Paco son la referencia de la arqueología forense y el compromiso con la memoria histórica
Lourdes Herrasti y Francisco Etxeberria hojean ejemplares del diario DEIA de los años 80, durante la entrevista en la sede de la Sociedad Aranzadi, en Donostia.
Lourdes Herrasti y Francisco Etxeberria hojean ejemplares del diario DEIA de los años 80, durante la entrevista en la sede de la Sociedad Aranzadi, en Donostia. / Ruben Plaza

Actualizado hace 2 minutos

Durante décadas, Herrasti y Etxeberria han liderado desde el rigor científico y la arqueología forense la localización, recuperación e identificación de personas desaparecidas bajo la represión franquista. Gracias a ellos, y a sus equipos, se ha avanzado en el conocimiento de la verdad, y a la hora de hacer justicia y ofrecer una reparación moral largamente esperada por las familias de los represaliados. Herrasti ha trabajado en incontables excavaciones y desenterramientos junto a Etxeberria que, además, ha participado en otros ámbitos y casos como el de los miembros de ETA Lasa y Zabala asesinados por los GAL, la investigación de las torturas en Euskadi en las últimas décadas o casos de gran resonancia como el caso Bretón, la autopsia del cantautor Víctor Jara y el análisis del cadáver de Salvador Allende.

De alguna manera ustedes hablan con los muertos. ¿Qué es lo que les cuentan?

LOURDES HERRASTI: Cuando encontramos los restos humanos podemos obtener información sobre su género, su sexo, su edad, sus características morfológicas, su estatura... datos sobre si padecía algún tipo de patología en vida y con los restos de la Guerra Civil podemos conocer incluso la causa de muerte, es decir, si fue asesinado mediante un disparo o de otra forma o incluso una explosión o uno o más disparos. 

FRANCISCO ETXEBARRIA: Lo que hacemos es identificar antropológicamente el perfil de la persona. De ahí solemos tomar unas muestras de restos de molares, de dientes o de hueso para llevarlos al laboratorio de genética donde se hace el cotejo entre las muestras óseas y las muestras donadas por los familiares. Y si en ese cotejo hay una coincidencia, eso significa que puede ser identificado y que los restos recuperados se pueden identificar con un nombre y apellido

Llevan buena parte de sus vidas exhumando fosas, sacando cadáveres de fosas y cunetas e identificando a personas muertas para darlas a sus familias. ¿Todavía quedan fosas por abrir?

F. E.: Sorprende que ahora te llame por teléfono alguien que no llamó hace 11 o 17 años y que te diga: “oye nunca lo he dicho antes, pero quiero que sepáis que en tal sitio hay una fosa”. No se lo reprochas porque esa gente también ha necesitado su tiempo para quitar el miedo, para saber que no se mete en ningún lío...

El Valle de Cuelgamuros es el principal escenario de su trabajo. 

F. E.: Ahora estamos interviniendo mucho en Cuelgamuros con un equipo amplio de gente de la Sociedad Aranzadi, pero también de Granada y Barcelona. Nosotros estamos en ese equipo también y hemos encontrado algunas víctimas del País Vasco.

L. H.: Nos quedarían por exhumar alrededor de 45 solicitudes por atender del País Vasco, y del conjunto del Estado unas 190. 

Cuelgamuros se creó para enterrar a los que lucharon en el bando nacional pero también hay defensores de la II República.

F. E.: Franco extendió la cuestión y aprovechó para vaciar fosas y liberar espacios a veces en cementerios de víctimas que eran republicanas, y sin pedir permiso.

Sabíamos que lo de Lasa y Zabala no era leyenda urbana. Era obvio que les hicieron desaparecer

Francisco Etxeberria

¿Sin pedir permiso?

F. E.: Claro. El ayuntamiento tramitaba las solicitudes si conocía a los familiares de las víctimas y sabía perfectamente a quién tenía que llamar. Sabía que le tenía que llamar, por ejemplo, a la tía del muerto, que además era allegada al régimen. Sabía que quizá no tenía que llamar al otro primo que podía no ser afecto al régimen.

L. H.: El caso es que hay familias que alguna parte de la familia sí dio el permiso y otras que no lo dieron para nada, nunca se enteraron. Y Franco se llevó a Cuelgamuros sobre todo a los que murieron por Dios y por España, pero también a otras víctimas. Pero esto se entiende muy bien por qué ahora todos están solicitando exhumarlos, de un lado y del otro.

Y el tratamiento en las exhumaciones ¿es el mismo para uno del bando nacional que para un republicano o un gudari. ¿Hacen diferencias?

L.H.: No se hacen diferencias. Ni siquiera se pregunta. Buscamos a una persona y procedemos como corresponde. 

F. E.: Se trata con el mismo respeto. Algunos nos han dicho “por qué no tirais los restos a la basura”. No, en absoluto. El patrón es metodología, equipamiento humano, equipamiento de laboratorio.

¿Se ha mirado mucho para otro lado?

L. H.: A mucha gente le daría vergüenza reclamar ahora los restos de su abuelo porque les resulta incómodo reclamarlo de Cuelgamuros, porque no estaba donde a ellos hubieran querido que estuviera. A eso hay que añadir el hecho que el nieto quizás no tiene la ideología de su abuelo.

¿Qué es lo que más agradecen las familias cuando les devuelven los restos con su identidad?

L. H.: Agradecen las dos cosas, pero a falta de los huesos el documento oficial con el nombre y los apellidos es muy importante para la familia porque es un reconocimiento de los hechos y de lo que ocurrió y un reconocimiento para la propia familia de la existencia de esa persona.

F. E.: Lo más importante es el documento que se ha obtenido con unas formalidades administrativas. Es la primera vez que ven escrito el nombre del aitona en un papel, o a veces incluso la firma de su abuelo. Ese documento es lo que no tenían. De ahí la importancia de que el reconocimiento no se haga solo por técnicos, sino porque las administraciones están detrás. En el País Vasco, el Instituto Gogora; en Navarra, lo mismo.

A falta de los huesos, lo que más agradecen las familias es el documento con el nombre y apellidos

Lourdes Herrasti

¿Están las administraciones haciendo su trabajo?

L. H.: En el País Vasco y Navarra sí, y en alguna otra autonomía como Asturias se están moviendo también. Baleares lo ha hecho, pero ya no lo hace. Ha cambiado, ha suspendido la Ley de Memoria histórica y ahora se rige por la Ley de Concordia.

¿Se están implicando los jueces?

F. E.: Han tenido años de adaptación, con una mentalidad de que esto no les tocaba a ellos, considerando que es un tema de valor histórico y por lo tanto que lo hicieran las administraciones. De hecho, la sentencia del Tribunal Supremo venía a decir que se les atienda en vía administrativa, no bajo el paraguas de la jurisdicción penal, porque esos hechos no se puedan juzgar. Ahí entramos en discusión porque no se podrán juzgar los hechos del año 1939, pero ¿qué pasa con los hechos de 1972 en los que algunos sindicalistas fueron apaleados y torturados en la Comisaría de Policía de Indautxu?

Pero ahora los fiscales se involucran por iniciativa propia.

F. E.: La ley de Memoria Democrática, de 2022, por fin establece cuál es la tipología de las víctimas del franquismo. Además desde entonces se crean unas fiscalías especiales de derechos humanos y memoria democrática en cada provincia del Estado. 

L.E.: Eso ha supuesto una gran ventaja porque el fiscal está por la labor, entre otras cosas porque tienen sensibilidad hacia esta cuestión y nos ayuda en nuestra labor.

¿Cuál ha sido el caso más gratificante que han tenido?

F. E.: Yo tengo uno, claramente. Y tú, Lourdes, creo que también...

L. H.: ... el de la familia Sagardia-Goñi que fue arrojada a la sima de Legarrea, en Gaztelu, Navarra.

F. E.: Fue muy impactante.

L.H.: Es claramente un asesinato masivo en el contexto de la Guerra Civil. Con una mujer de por medio, Tiene todas las connotaciones de un asesinato de género.

F. E.: Mataron hasta niños de un año y los escondieron en la sima, a la madre embarazada y seis hijos. 

L. H.: Además encontraron otro adulto muerto que lo tiraron a la sima posteriormente. El de Legarrea fue un hallazgo cruel pero al mismo tiempo muy emocionante. 

F. E.: Pensábamos que era una leyenda, que semejante barbaridad no podía ser cierta, pero en cualquier caso teníamos que comprobarlo, mirarlo, buscar. Recuerdo que entramos a la sima tres personas a unos 50 metros de profundidad y de pronto nos salen huesos de un niño. Arriba, fuera de la cavidad, había mucha gente, también familiares, expectantes y por radio les avisamos de este primer hallazgo. Y luego vinieron el resto de los cuerpos. Arriba, la conmoción fue total. Parecía algo novelesco, pero en realidad en cada fosa hay una pequeña novela.

La derecha dice que abrir las fosas es reabrir las heridas para para las exhumaciones

F. Etxeberria

¿Y cuál ha sido el caso más complicado y problemático?

F. E.: En mi caso, profesionalmente el caso más difícil y relevante ha sido la investigación de las torturas y malos tratos en Euskadi derivado del Plan de Paz del Gobierno Vasco. No se podía acometer ese plan sin acometer esa parte del asunto. Me tocó a mí desarrollarlo y no voy a ocultar que fue muy difícil.

También tuvo entre manos el caso Lasa y Zabala, los dos miembros de ETA asesinados por los GAL.

F. E.: Sabíamos que no era una leyenda urbana. Era obvio que les habían hecho desaparecer hasta que llegó un momento en que se descubrió todo gracias a que hubo un policía con el que yo trabajé, Jesús García, un inspector de la Policía Nacional al que nadie le ha reconocido el mérito. Se murió de un infarto en el juicio oral. Era una persona honrada que defendía que no se podía hablar de una democracia plena si no se esclarecían estos asuntos. Fue muy impactante, sobre todo por la sentencia condenatoria al gobernador civil de Gipuzkoa, al jefe del cuartel de Intxaurrondo y a otros guardias civiles.

L. H.: Al igual que en ese caso, en estos supuestos a veces se necesita una pista, un detalle que sirva para reconducir toda la investigación.

O sea que, a veces, un testimonio oral puede ser determinante.

L. H.: Baste con un pequeño detalle, algo que conoce esa persona y nadie más, puede ser una pista crucial para redirigir la investigación.

F. E.: Esto tiene mucho que ver con algo que estos días está pasando, el 50 aniversario de la desaparición de Pertur. Hay que esclarecerlo de una manera u otra, lo mismo que el caso de Naparra, Popo Larre, o los tres gallegos desaparecidos en San Juan de Luz. Sobre esos asuntos alguien tiene que saber algo, aunque no sea todo. Hemos ido a buscarlos pero hemos fracasado. Algún día, alguien dará un detalle, una pista… y ahí estará.

¿Y qué se puede hacer en esos casos? 

F. E.: Que alguien revele algo. Como suelen hacerse estas cosas, que os soplen al periódico una pista, un dato… de forma anónima, que diga que, por ejemplo, aunque él o ella no participó, sí sabe cómo fue o qué pasó.

Pero sin el cuerpo o sus restos poco se puede hacer: 

F. E.: Claro, el resultado final igual no tiene solución pero que alguien termine diciendo que escuchó o vio tal o cual cosa, puede aclarar arrojar luz.

¿En qué ha quedado la investigación sobre las torturas en Euskadi?

F. E.: Con esa información y datos de miles de casos, en torno a 6.000 testimonios, historias clínicas, papeles y otras cosas que están escondidas hicimos esa tarea y los compilamos en unos informes que están en el Parlamento y eso está alimentando en la actualidad la Comisión de Abusos Policiales de la ley vasca del año 2016. En Navarra tienen la suya. 

Al principio había mucha desconfianza y gente que nos decía: ¿Dónde os estáis metiendo?

L. Herrasti

¿Y cómo marcha la Comisión?

F. E.: Todas las semanas nos reunimos en esa Comisión y para septiembre se presentará en el Parlamento Vasco el informe de este año, que reconoce nuevos casos. Los casos no solo son de torturados, también de otros abusos (pérdida de ojo en una manifestación, ametrallamiento en un control de carretera…). Pero esa ley de abusos policiales puede avanzar porque se dieron los pasos anteriores. Y en unos de los pasos anteriores se creó una confianza en la gente torturada de modo que la gente se dio cuenta que la cosa iba en serio y se nos facilitaron cosas que a lo mejor en otro contexto se las podían haber guardado.

¿Qué importancia tienen esos testimonios?

F. E.: Sigo teniendo escondidas grabaciones en cintas magnetofónicas realizadas por médicos de gente que había sido torturada y que nunca habían trascendido. Esa confianza tiene por detrás una ley que está reconociendo oficialmente los hechos y que además está dando indemnizaciones a las personas que se quedaron con secuelas. Eso se ha hecho en la CAV y en Navarra y no se ha hecho en ninguna otra parte de España. En algunos otros sitios se lo están pensando, pero aquí tenemos unas leyes sobre la verdad que son oficiales. Todo eso se ha hecho y todavía no hemos acabado porque hay personas en listas de espera para ser recibidas por la Comisión, para preguntarles algo…

Algunos piensan que va lento.

F. E.: Va lento porque el trabajo es a fondo.

¿Hay medios suficientes para hacer esa investigación?

F. E.: Hay medios pero no se puede agilizar mucho más porque hay que llevar un orden y es muy delicado.

¿Las policías están colaborando?

F. E .: No, están muy molestas.

¿Todos los cuerpos policiales?

F. E.: La Ertzaintza está colaborando con la Comisión de abusos policiales. Cuando se les ha preguntado o requerido información, está colaborando, pero los sindicatos policiales de los otros cuerpos están muy molestos.

¿Alguna vez les han amenazado por su quehacer? Hace cuarenta años le dieron fuego a su coche.

F. E.: Sí, lo quemaron estando estacionado al lado de la calle Urbieta. A los tres meses le pusieron una bomba al médico forense del juzgado de instrucción número 3, lo que provocó el primer paro, de una hora, en protesta por ese tipo de amenazas.

L. H.: No somos conscientes de que nos hayan amenazado si han intentado amenazarnos. Pero sí es cierto que al principio, cuando empezamos con todo el proceso de recuperación de memoria histórica, había mucha desconfianza y gente que nos conocía nos decía: “Dónde os estáis metiendo”.

F. E.: Tuvimos pintadas en casa y a uno del equipo le enviaron balas a su casa.

Los jueces han tenido una mentalidad de que esto no les tocaba a ellos, sino a la administración

F. Etxeberria

¿Abrir las fosas es reabrir las heridas? 

L.H.: Es rotundamente falso. Al contrario, se cierran heridas.

F. E.: De todas formas no se pueden cerrar siempre las heridas.

L.H.: Pero sí se cierra un duelo de la ausencia y eso es muy importante. Eso ha sido reparador para todos. Restituir los restos y restituir la memoria es siempre reparador.

F. E.: Pero no se cierran del todo las heridas cuando hay un muerto de por medio.

Otra frase muy extendida es que las exhumaciones sirven para dividir

F. E.: La derecha dice “se reabren las heridas y se divide a la ciudadanía”. Es mentira. Nosotros hemos estado exhumando en pueblos diminutos, donde la gente vota libremente a quien le da la gana, y no se ha dividido. 

L.H.: Es un estribillo que en su día lo propagó el PP y no hay nada detrás, ni pensamiento ni contenido. Es un estribillo creado por la derecha para intentar parar todo el proceso de exhumaciones y memoria democrática.

El de la sima de Legarrea fue un hallazgo cruel, pero al mismo tiempo fue emocionante

L. Herrasti

¿Con PP y Vox en la mayoría de las comunidades autónomas ve riesgos de involución en este campo?

L.H.: De facto está ocurriendo, en todas las comunidades donde rigen se han derogado las leyes de memoria y eliminado las oficinas que trataban este tema. En su lugar han establecido leyes de concordia. En Euskadi hay una sociología diferente que hace que sea más complicado que eso se traslade aquí.

¿De dónde viene eso?

L.H.: Posiblemente de nuestra propia historia.

Pero también aquí, en Euskadi, se oye a jóvenes que dicen que en el franquismo se vivía mejor.

L.H.: Esa gente no sabe de qué está hablando. l

2026-08-09T06:26:34+02:00
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