Vida y estilo

La tradición vasca de las apuestas se juega ahora también online

Actualizado hace 1 hora

Pocas aficiones son tan de aquí como cruzar una apuesta en el frontón o en el muelle antes de una regata. La costumbre sigue viva, pero una parte creciente de ese dinero se mueve hoy en plataformas online con licencia. Así ha cambiado el escenario.

El verano deportivo vasco tiene su propia banda sonora: el pelotazo contra el frontis y, entre tanto, la voz del corredor que canta las traviesas grada arriba. Las apuestas forman parte del deporte vasco desde hace más de un siglo, del frontón a las regatas de traineras, y no como añadido: la figura del corredor de apuestas está reconocida como oficio tradicional por la Diputación de Gipuzkoa.

El mecanismo apenas ha cambiado. Un espectador arriesga su dinero por los azules o por los colorados, el corredor vocea la traviesa y, cuando otro la acepta, el contrato queda sellado con una papeleta. La reglamentación de todo ello (empresas, pelotaris, corredores y su fiscalidad) arrancó a finales del siglo XIX, cuando los frontones industriales llenaban las ciudades de público dispuesto a jugarse unas pesetas.

Una afición con reglamento desde el siglo XIX

La misma cultura acompaña al remo. Las apuestas entre aficiones son parte del folclore de las regatas desde los tiempos en que competían las tripulaciones de pesca, y cada verano vuelven a los puertos con el calendario de regatas de la ACT y el horizonte de la Bandera de La Concha, que se disputa desde 1879, como día grande de septiembre. En Euskadi, apostar nunca fue un vicio importado. Es una manera de vivir el deporte, con códigos propios y un punto de honor: lo perdido se paga antes de salir del recinto.

Las apuestas se mudan a la pantalla

Lo que sí ha cambiado es el escenario. Según el informe anual de la Dirección General de Ordenación del Juego (DGOJ), el juego online generó en España 1.700,5 millones de euros en 2025, un 17% más que el año anterior, con 2,16 millones de jugadores activos. Y dentro de ese mercado hay un vuelco que sorprendería al apostante clásico: las apuestas deportivas (698 millones) ya no son el primer segmento. El casino online supone el 52,5% del total, con la ruleta en vivo y las tragaperras como motores.

La lógica del apostante de frontón, sin embargo, viaja intacta a la pantalla: nadie cruza dinero sin una garantía por medio. En la cancha esa garantía es el corredor y su papeleta. En internet son la licencia de la DGOJ, el dominio .es y el sello de Juego Seguro que enlaza con el regulador. Por eso las clasificaciones de casinos españoles con buena reputación se construyen sobre esos criterios verificables, junto a las auditorías externas y las herramientas de juego responsable, y no sobre el volumen de opiniones de usuarios. Fuera de ese perímetro queda una oferta sin licencia que no responde ante nadie, el equivalente digital de apostar con un desconocido sin papeleta.

El sector, además, ha dejado de ser discreto. Con más de cuarenta operadores compitiendo por el mismo público, la inversión en marketing alcanzó los 664 millones de euros en 2025, un 26% más que el año anterior. De ahí que sus marcas resulten hoy tan visibles en el deporte y en los medios como lo fueron en su día los carteles de los frontones industriales.

Lo que no cambia

El Observatorio Vasco del Juego lleva años retratando la transición. Sus estudios indican que la juventud vasca gasta de media 13 euros semanales cuando juega en persona, mientras que quien juega online desembolsa más, lo hace en solitario y se inclina por las apuestas deportivas. La apuesta del frontón era pública y a la vista de toda la grada; la del móvil se hace a solas, y esa diferencia preocupa a los especialistas. Sus informes de prevalencia recuerdan la otra cara: unas 28.000 personas en Euskadi, el 1,3% de la población, presentan algún grado de trastorno relacionado con el juego. El Gobierno vasco mantiene por ello un plan de acción para el fomento del juego responsable y la prevención del juego problemático.

Entre el graderío de Atano III y una sesión de ruleta en el móvil median cien años y varias revoluciones tecnológicas. La costumbre de jugarse algo con cabeza, en cambio, se hereda. La papeleta ha cambiado de formato. La regla de no apostar sin garantías, no.

2026-08-04T15:22:45+02:00
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