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Vivimos en una sociedad permanentemente conectada a través de teléfonos móviles, redes sociales y aplicaciones de mensajería. Sin embargo, estar conectados digitalmente no significa necesariamente sentirnos acompañados. La soledad no deseada se ha convertido en un problema de salud y bienestar que afecta a personas de todas las edades, incluso a quienes mantienen una intensa vida social.
Sobre esta cuestión ha reflexionado Ana Asensio, psicóloga sanitaria y doctora en neurociencia, durante su conversación con Carlos Roca en su podcast. La especialista ha abordado la relación entre soledad, estrés, salud mental y vínculos sociales coincidiendo con la publicación de su nuevo libro, El Cerebro necesita abrazos, editado por Roca Editorial.
Asensio considera que la sociedad actual atraviesa una importante crisis de relaciones humanas. "Es la era de hiperconexión. El estrés, las prisas y ese 'yo, mi, me, conmigo' nos ha llevado a un estado que es antihumano; no reconocemos la vulnerabilidad de la necesidad del otro. Por eso, hay una crisis relacional importante", explica.
La especialista resume una de las grandes paradojas de nuestro tiempo: podemos estar rodeados de personas y, al mismo tiempo, sentirnos profundamente solos. "La gente se siente muy sola rodeada de gente. Yo creo que es porque estamos muy desconectados", sostiene.
El cerebro necesita conexión con los demás
Para Asensio, la necesidad de relacionarnos con otras personas no es simplemente una cuestión emocional. El ser humano necesita vínculos sociales desde las primeras etapas de la vida, tanto para desarrollarse como para sentirse seguro.
"Desde el nacimiento, el cuerpo necesita contacto físico y alimento, abrazos reales y simbólicos, además de una conexión emocional con los demás", explica la especialista.
La experta considera que el ritmo de vida actual ha dificultado esa conexión. La tecnología, las prisas, la productividad y la necesidad de estar permanentemente ocupados pueden terminar desplazando las relaciones personales más profundas.
"Hemos ido metiendo tecnología, prisas, nada de profundidad, carga, productividad, querer llegar a todo… Se nos ha olvidado algo muy importante: el cuerpo duele cuando no nos relacionamos", afirma. "Una ruptura, la pérdida de un amigo, el fallecimiento de un familiar. No queremos doler, por lo que nos alejamos de lo que duele y vamos a la 'dopamina rápida', a lo que controlamos"
Según Asensio, muchas personas que llegan a su consulta lo hacen porque "se encuentran mal". Pueden presentar tristeza, dolor, ansiedad o problemas para dormir, pero no siempre identifican la falta de conexión social como uno de los elementos que contribuyen a su malestar.
"A nadie se le ocurre que cuando estás sintiendo pánico en realidad se está sintiendo solo", asegura.
Asensio afirma sin dudar que la gran pandemia de este siglo es el estrés. “Nuestro cuerpo no está acostumbrado a esa desconexión”, sentencia.
La especialista considera que el ritmo acelerado de la vida cotidiana dificulta detenerse a identificar qué necesitamos realmente. "Vamos tan rápido que no nos paramos a mirarnos a nosotros. En lugar de a la conexión estamos yendo a la desconexión", afirma.
En este contexto, el estrés aparece como uno de los grandes problemas asociados al estilo de vida contemporáneo. Asensio lo define como "la gran pandemia de este siglo" y relaciona su impacto con la dificultad para mantener una relación equilibrada con nuestro entorno.
La soledad no deseada también tiene consecuencias físicas
La relación entre aislamiento social, soledad y salud ha sido estudiada por organismos científicos y sanitarios durante años. La propia Organización Mundial de la Salud ha señalado la soledad y el aislamiento social como importantes problemas de salud pública. La OMS estima que aproximadamente una de cada seis personas en todo el mundo experimenta soledad, aunque las cifras varían según los grupos de edad y los países.
En Estados Unidos, el entonces cirujano general Vivek Murthy publicó en 2023 un informe en el que advertía de las consecuencias de la desconexión social y comparaba el impacto de la soledad y el aislamiento social con determinados riesgos asociados al consumo de tabaco.
La comparación que recoge Asensio procede de esa advertencia sanitaria: la falta de conexión social se ha relacionado con un riesgo para la salud comparable, en determinados contextos, al asociado a fumar 15 cigarrillos al día.
La soledad no deseada afecta a todas las edades.
"Hay mucha gente que se siente sola y no lo sabe"
La especialista insiste en que las relaciones sociales cumplen una función esencial a lo largo de toda la vida. "El cuerpo está unido. No podemos separarlo. Los órganos hablan entre ellos", explica. Y añade una reflexión: "Lo que no sabe es que el 'yo mismo con mi mecanismo' no funciona. No sabemos actuar solos".
Para Asensio, tener al menos una persona de confianza a la que recurrir en los momentos difíciles puede marcar una diferencia importante. "Necesitamos a otro que nos mire. Necesitamos por lo menos a alguien que podamos llamar cuando nos rompemos", sostiene.
Frente a esta realidad, Asensio propone recuperar algo aparentemente sencillo: las pequeñas interacciones cotidianas.
"Es bonito el poder todos los días sonreír a alguien, saludar al panadero, saberte el nombre del conserje, preguntar a alguien cómo le fue el día o cómo le puedes ayudar; eso también es conexión", explica.
La especialista considera que no siempre es necesario realizar grandes cambios para recuperar el vínculo con los demás. Un saludo, una conversación, una pregunta sincera o un gesto de amabilidad pueden contribuir a generar relaciones sociales más cercanas.
Frente a la soledad, pequeños gestos de conexión.
"La mirada, el saludo, el existes", resume. Asensio pone el foco también en la manera en la que tratamos a quienes nos rodean durante nuestra rutina diaria. "Mira la calle. Parecemos espectros. Y alguien que te haga algo a la mínima, en vez de bien interpretarle, le vas a gritar. La amabilidad tenemos que ponerla de moda. La amabilidad con la gente", afirma. "Le puedes cambiar la energía a ese camarero con un poquito de paciencia y gratitud. Podemos cambiar la energía de muchas personas a lo largo del día".
La importancia de tener una red de apoyo
La evidencia científica diferencia entre estar solo físicamente y sentirse solo. Una persona puede vivir sola y mantener una red social satisfactoria, mientras que otra puede convivir con familiares o compartir espacio con muchas personas y experimentar una profunda sensación de aislamiento.
Por eso, combatir la soledad no consiste necesariamente en estar permanentemente acompañado. La clave está en disponer de relaciones significativas y de personas con las que podamos compartir emociones, preocupaciones y experiencias.
También resulta importante mantener actividades que favorezcan el contacto social: practicar deporte en grupo, participar en asociaciones, quedar con amigos, mantener el contacto con familiares o desarrollar actividades comunitarias son algunas de las vías que pueden ayudar a reducir el aislamiento.