Actualizado hace 2 minutos
Llegar cada mañana a un negocio y descubrir que parte de la mercancía ha desaparecido puede convertirse en un problema mucho mayor que el valor de los productos sustraídos. En hostelería, las pérdidas constantes de género afectan directamente a los márgenes de beneficio y obligan a los establecimientos a asumir costes que no estaban previstos. Eso es precisamente lo que aseguran estar viviendo los responsables del bar Dada, en Ermua, donde llevan varias semanas sufriendo el robo reiterado de la bollería y el pan destinados al servicio de desayunos.
La situación ha llevado a Ariane Labrador, responsable del establecimiento, a hacer pública su denuncia a través de un grupo local de Facebook. Según explica, los productos desaparecen de forma habitual después de que el proveedor los deposite a primera hora de la mañana en las inmediaciones del local.
"Nos están robando toda la bollería y todos los panes"
"Algún o alguna graciosa de turno nos está robando toda la bollería y todos los panes de tostadas que nos dejan a las mañanas para los desayunos", señala Labrador en su publicación, en la que asegura además que el problema no se habría producido únicamente en su establecimiento, sino que también habría afectado a otros negocios de la zona centro.
Un bar de Ermua se ha plantado con el ladrón que les roba los bollos todas las mañanas.
La responsable del Dada reconoce que, hasta el momento, han tratado de afrontar la situación sin adoptar medidas contundentes. "Poco podemos hacer", apunta, al tiempo que recuerda que una de las opciones sería presentar una denuncia ante la Ertzaintza para que puedan revisarse las imágenes de las cámaras de seguridad instaladas en el entorno.
La propietaria admite que preferiría no tener que llegar a ese extremo por el robo de productos destinados a los desayunos, aunque la reiteración de los hechos ha terminado por convertir un incidente aparentemente menor en un problema recurrente para el establecimiento.
"Solo digo, y ojalá lo leas, que te aprovechen todos y cada uno de los bollos y todas y cada una de las rebanadas de tostadas", escribe Labrador en su mensaje. La publicación termina con una respuesta cargada de indignación dirigida a quien, según denuncia, estaría llevándose el género de los establecimientos.
Ariane Labrador denunciaba esta situación a través de un grupo local de Facebook, harta de que se haya convertido en una “costumbre”.
El coste de los pequeños robos para la hostelería
Aunque se trate de productos de un valor individual reducido, los robos repetidos pueden terminar teniendo un impacto económico significativo en un negocio de hostelería. Pan, bollería, bebidas, productos frescos o pequeñas cantidades de efectivo representan costes que el establecimiento debe asumir sin poder trasladarlos al cliente.
A ello se suma el efecto sobre la operativa diaria. Cuando la mercancía necesaria para preparar los desayunos desaparece antes de abrir, el establecimiento puede verse obligado a comprar productos de sustitución, modificar su oferta o empezar la jornada con una parte del servicio comprometida.
Además, la repetición de este tipo de incidentes puede llevar a los propietarios a incrementar las medidas de seguridad, modificar la forma de entrega de los proveedores o buscar nuevos sistemas para evitar que la mercancía quede sin vigilancia durante los primeros minutos del día.
En este caso, una de las posibilidades que algunos vecinos han planteado es precisamente cambiar el sistema de entrega para impedir que el género quede accesible en el exterior del establecimiento.
Los vecinos se quejan de la inseguridad de la zona.
La denuncia del bar Dada ha generado numerosas reacciones entre vecinos de Ermua. Algunos usuarios muestran su sorpresa por el hecho de que alguien pueda llegar a sustraer incluso los productos destinados a los desayunos de un establecimiento.
"Hay que ser muy ruin para robar el desayuno de los buenos clientes que tienes", señala uno de los comentarios publicados. Otro usuario apunta: "Podía robar uno o dos para desayunar el personaje, pero no se conforma".
También hay quienes aconsejan al establecimiento revisar el sistema de entrega de los productos para evitar que la mercancía permanezca en la calle durante demasiado tiempo. La preocupación no se centra únicamente en el valor del género, sino en la sensación de vulnerabilidad que generan los robos reiterados entre comerciantes.
Uno de los comentarios, sin embargo, llegó a plantear una medida peligrosa al sugerir introducir algún tipo de sustancia para alterar la mercancía. Este tipo de recomendaciones no solo son inaceptables, sino que podrían poner en grave riesgo la salud de cualquier persona que consumiera accidentalmente esos alimentos, por lo que la respuesta a un robo debe canalizarse siempre por vías legales y mediante medidas de seguridad adecuadas.
Un problema que va más allá del género sustraído
Para un negocio de hostelería, cada producto que desaparece representa una pérdida directa, pero las consecuencias de los robos pueden extenderse a otros ámbitos. La reiteración de pequeños hurtos puede generar estrés, aumentar los gastos de vigilancia y obligar a modificar los procedimientos habituales de trabajo.
Lo más recomendable es recurrir a las autoridades.